La rabia es una enfermedad viral que afecta el sistema nervioso central de todos los mamíferos, incluidos perros, gatos, murciélagos y seres humanos. Se trata de una zoonosis, es decir, puede transmitirse de los animales a las personas. Una vez que aparecen los síntomas clínicos, su evolución es prácticamente siempre mortal.
El virus se encuentra principalmente en la saliva de los animales infectados. La transmisión ocurre, en la mayoría de los casos, mediante mordeduras, arañazos o el contacto de saliva con heridas abiertas o mucosas, como los ojos y la boca.
Cómo puede circular en las zonas urbanas
En las ciudades, los murciélagos pueden actuar como reservorios del virus y transmitirlo a perros o gatos que intenten atraparlos, jueguen con ellos o entren en contacto con un ejemplar caído.
Esto no significa que todos los murciélagos tengan rabia. Su presencia habitual no representa por sí sola una amenaza, pero un ejemplar que vuela durante el día, permanece en el suelo o tiene dificultades para desplazarse debe considerarse sospechoso y no debe ser manipulado.
Los animales domésticos que no tienen vigente la vacuna antirrábica presentan un mayor riesgo si entran en contacto con fauna silvestre infectada. Por ese motivo, la principal medida preventiva consiste en vacunar anualmente a perros y gatos desde los tres meses de edad y durante toda su vida.
En los animales, la rabia puede provocar cambios repentinos de comportamiento, agresividad o temor inusual, salivación excesiva, dificultades para tragar, convulsiones y parálisis progresiva.
¿La rabia afecta a las personas?
Sí. Una persona puede infectarse si es mordida o arañada por un animal con rabia o si su saliva entra en contacto con una herida, los ojos, la nariz o la boca.
El contacto con la piel intacta, como tocar o alimentar a un animal, no suele considerarse una exposición. Sin embargo, el contacto directo con un murciélago debe ser evaluado por personal sanitario, incluso cuando no se observe una mordedura evidente.
Los primeros síntomas pueden incluir fiebre, dolor de cabeza, malestar general y sensaciones de dolor, ardor u hormigueo en el lugar de la herida. Cuando el virus alcanza el sistema nervioso pueden aparecer agitación, alucinaciones, dificultad para tragar, miedo al agua, parálisis y coma.
Qué hacer ante una mordedura o contacto sospechoso
Ante una mordedura, arañazo o posible contacto con saliva de un animal sospechoso, la herida debe lavarse inmediatamente con abundante agua y jabón durante al menos 15 minutos. Luego, la persona debe concurrir cuanto antes a un centro de salud para que un profesional determine si corresponde aplicar la vacuna antirrábica y, según el caso, inmunoglobulina.
La atención temprana permite impedir que el virus llegue al sistema nervioso. Por esa razón, no se debe esperar la aparición de síntomas ni intentar capturar o tocar al animal con las manos.
Ante el hallazgo de un murciélago caído, vivo o muerto, se recomienda aislar el sector, mantener alejados a niños y mascotas y comunicarse con el área municipal de zoonosis o vigilancia sanitaria para su retiro y análisis.