Milei, de los agravios a Lula a regular el odio por decreto

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Milei, de los agravios a Lula a regular el odio por decreto

En estas horas, nadie, con tan poco, parece haber hecho más por la imagen de los argentinos que Lula. “¿Vieron la payasada que armó el presidente de Argentina aquí? No dije nada porque mi relación es la de un jefe de Estado con el Estado. Me gusta el pueblo argentino y no voy a pelearme con ese tipo”, dijo ayer el presidente de Brasil en la convención del Partido Socialista Brasileño.

Lula, además, autorizó el regreso a Buenos Aires del embajador Julio Bitelli, quien había sido llamado a consultas a raíz de los agravios que lanzó el presidente Javier Milei contra Lula y el juez del Supremo Tribunal Federal brasileño, Alexandre de Moraes.

Como se sabe, Milei participó la semana pasada en Brasil de la convención del Partido Liberal, que oficializó la candidatura a presidente de Flavio Bolsonaro para las elecciones de octubre próximo. En ese escenario, el Presidente llamó a Lula “basura socialista”, “ladrón”, “presidiario” y “basura calva” al integrante del máximo tribunal de justicia de ese país.

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Sin dejar de advertir que Lula calificó como “payasada” la actuación de Milei durante ese foro en San Pablo, el movimiento del Planalto está destinado a desescalar la crisis con la Argentina. Veremos si así lo entiende la Casa Rosada.

Lo relevante es la decisión de Lula de hacer retornar a Bitelli a la representación en la Argentina, en fecha aún a determinar. El llamado a consulta de un embajador representa una señal de que las relaciones entre los dos países se han deteriorado. Brasil podría haber dispuesto el retiro permanente de Bitelli, un paso previo a la ruptura de relaciones. Decidió no hacerlo.

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Es igual de significativo que Lula dijera que su relación con la Argentina es “de jefe de Estado a Estado”, y sobre todo esta declaración, en este momento: “Me gusta el pueblo argentino”. Lula está en campaña y las encuestas le otorgan ventaja sobre Bolsonaro en la primera vuelta y en el hipotético -y más que probable- escenario de balotaje.

Nada de esto es ajeno a su reacción ante los agravios de Milei. Lula no necesita alterar el estado de cosas interior en Brasil con un conflicto artificial como el que le propone el Presidente. Sin embargo, Lula tuvo un comportamiento similar -la desescalada- después de otras agresiones verbales de Milei, no pasó de llamarlas “bobadas” y de reclamar disculpas formales para él y el pueblo brasileño, que nunca fueron otorgadas.

La gravitación que tiene Brasil para la Argentina en materia política, económica, comercial y financiera es conocida.

Brasil es la segunda economía de América después de la de EE.UU., por delante de México y Canadá; está entre las diez principales economías del mundo y es el principal socio comercial de la Argentina, además del mayor comprador de productos industriales argentinos. La industria automotriz es el ejemplo más claro de esto último.

Llamadas a ser extremadamente competitivas, ambas economías han alcanzado un alto grado de complementariedad e integración no espontáneamente, sino por una decisión de sus élites políticas desde el regreso de la democracia a la región.

Fue una política de Estado, con la que ambos países renunciaron también a considerar al otro su principal hipótesis de conflicto, con iniciativas como la de transparentar el uso de la energía nuclear y destinarlo a fines exclusivamente pacíficos (la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares es única en su tipo en el mundo).

Los diarios de Brasil dieron este jueves despliegue al decreto aparecido en el Boletín Oficial firmado por Milei que establece la prohibición de ingreso al país y la expulsión de extranjeros que “propaguen mensajes de odio” contra la Argentina. No son pocos los que lo asocian al episodio que protagonizó Milei en San Pablo.

En busca de un enemigo externo, Milei apuesta a una pelea con Lula y a la expulsión de los extranjeros en la Argentina”, tituló O Estado do Sao Paulo. “En el ámbito interno, el presidente argentino se enfrenta a la presión de superar el estancamiento económico, experimenta una caída en sus índices de aprobación y trata de sobrellevar tres escándalos de corrupción consecutivos”, dice el artículo.

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La iniciativa de reforma de la Ley de Inmigración se inscribe en la extraña respuesta con la que desde el oficialismo se busca hacer frente a la proliferación de mensajes en las redes sociales de contenido crítico hacia la Argentina y los argentinos. Alcanzaron su pico después de la final del Mundial de fútbol, por la opaca actuación de la Selección y el comportamiento, ese día, de algunos de sus jugadores.

El decreto de Milei es curioso en varios sentidos. Constitucionalistas como Félix Nigro y Andrés Gil Domínguez coincidieron en que esa norma es inconstitucional dado que es el Congreso de la Nación el encargado de legislar, salvo situaciones de excepcionalidad que no se cumplen. Y cuestionaron la subjetividad de figuras tan difusas como “actos de hostilidad”, “mensajes de odio” o “menosprecio a la cultura nacional” a las que hace mención el decreto, que podrían dar lugar a un uso discrecional por parte de las autoridades de migraciones.

¿Cómo regular qué es el odio?

Lo más singular del decreto es, precisamente, que está redactado según los parámetros de lo que, para Milei, representa o no un acto de hostilidad, odio o menosprecio. Uno de los artículos de la norma excluiría de todas esas figuras los agravios que él mismo lanzó contra Lula en el reciente acto político en San Pablo y otros a los que tristemente parece habernos acostumbrados: “En ningún caso podrán encuadrarse dentro del supuesto previsto aquellas expresiones de disenso ideológico o de crítica política, académica o ciudadana”, dice la norma.

Como cuando le preguntaron a Donald Trump cuál era su límite, Milei cree que el suyo es el que le indica su propia (y controvertida) moral.

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