En muchos hogares de la región las familias recurren con frecuencia a un té de burrito o de boldo antes que a una pastilla frente a una mala digestión. Sin embargo, los investigadores de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) advierten que esta práctica convive con una paradoja: todavía no se sabe con precisión hasta qué punto estas plantas resultan seguras para la salud.
La becaria y licenciada en Criminalística Sofía Dell Orto lidera un proyecto que busca echar luz sobre esta cuestión. El estudio se enfoca, según detalló la investigadora, en la toxicidad “en plantas utilizadas como digestivas por la etnomedicina regional”, bajo la dirección del doctor Gonzalo Ojeda y la codirección de la doctora Ana María Torres en el Laboratorio de Productos Naturales del IQUIBA-NEA.
El equipo trabaja con 16 especies vegetales de amplio conocimiento popular como la marcela, el burrito, el llantén, la menta, el paico, el ajenjo, la yerba lucera, el diente de león y el boldo brasilero. Los científicos explicaron que muchas plantas contienen sustancias que, en determinadas cantidades, pueden resultar nocivas. Además, advirtieron que estos compuestos químicos varían según la época del año en que se recolecta la planta, el tipo de suelo y las condiciones del clima.
Riesgos asociados
El trabajo científico se planteó objetivos concretos para evaluar los riesgos reales. En primer lugar, los investigadores preparan las muestras del mismo modo en que las personas las consumen habitualmente, es decir, “en infusión o decocción, para que los resultados reflejen condiciones reales de uso”. Luego, miden la toxicidad mediante pruebas con larvas de un pequeño crustáceo marino llamado Artemia salina.
Para las plantas que muestran algún nivel de peligro en esa primera etapa, los profesionales aplican un segundo ensayo con bulbos de cebolla. Este paso es fundamental, ya que permite determinar si las sustancias vegetales alteran el material genético y “si podrían causar daño en el ADN” de las células.
La urgencia del estudio radica en que varias de las especies analizadas ya cargan con antecedentes complejos. Por ejemplo, los expertos señalaron que el paico figura como “causa frecuente de intoxicaciones en niños” en efectores de salud.
Asimismo, el ajenjo y algunas variedades de burrito contienen tuyona, una sustancia que “en dosis altas puede provocar convulsiones”, mientras que el boldo brasilero, consumido de forma prolongada, “puede dañar el hígado y los riñones”.
Validación del conocimiento tradicional
La investigación parte de la hipótesis de que la mayoría de las plantas no representa un peligro en su uso cotidiano, pero busca precisar los límites de seguridad. Los profesionales explicaron que, al confirmar las variaciones estacionales y geográficas, será posible determinar “en qué zonas y en qué momentos la recolección produce plantas más seguras” para el consumo de los vecinos.
Los resultados del proyecto no pretenden anular las costumbres locales, sino regularlas con base en evidencia científica para proteger a la población. Con los datos obtenidos, los investigadores apuntan a “establecer concentraciones de uso seguro para las plantas que resulten tóxicas”, lo que facilitará su incorporación segura en los sistemas públicos de salud de la región.
Fuente: Radio Sudamericana.