Extraña para los criterios dominantes cuando empezó a publicar sus cuentos y novelas, Elvira Orphée (San Miguel de Tucumán, 1922 – Buenos Aires, 2018) comenzó a ser valorada en los últimos años de su vida a partir de la reedición de sus libros y del interés de nuevos lectores. El redescubrimiento de esta gran escritora cobra un nuevo impulso con la publicación simultánea de dos novelas inéditas: Amada Lesbia, sobre la pasión del poeta latino Catulo por su amante Clodia, y Basura y luna, un regreso a los escenarios provincianos de la infancia.

Amada Lesbia fue finalista de La sonrisa vertical, un premio de literatura erótica que convocaba la editorial Tusquets, y es el primer título de la editorial Sur y después. Basura y luna aparece publicada por la Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán (Edunt), a partir de una edición realizada por la doctora en Letras e investigadora del Conicet Soledad Martínez Zuccardi y la escritora Flaminia Ocampo (hija y albacea de Orphée) sobre las versiones que dejó la autora.
El tema de Amada Lesbia puede resultar extraño en la propia obra de Orphée. Sin embargo, es el resultado de su interés por la historia del Imperio romano y su admiración no solo hacia Catulo, sino también por Julio César, otro personaje central de la novela. “Me gustan todos los libros sobre César que tengo”, dice mientras recorre su biblioteca en una entrevista de la Audiovideoteca de Escritores de Buenos Aires.
El otro título representa una vuelta de tuerca en la conflictiva relación de Orphée con Tucumán, según anunció en 1977 en una entrevista con Alicia Dujovne Ortiz: “La provincia sí que es ambigua: por un lado, los jazmines; por otra, el mal de Chagas. Mi próxima novela estará basada en ese juego de aparentes opuestos y se llamará Basura y luna”. Por un error repetido una y otra vez, en la web se la cita como publicada, pero se trata de una novela inédita.
La crudeza y el lirismo
Cayo Valerio Catulo nació en Verona y vivió entre los años 84 y 54 o 55 antes de Cristo. Sus datos biográficos son escasos, en su mayoría provienen de la propia obra y giran en torno a la relación con Clodia (95 a. de C. – fecha desconocida de muerte), a la que llamó Lesbia para resguardar su identidad y como signo de complicidad por alusión a la poeta griega Safo de Lesbos.
A diferencia de otros poetas de su tiempo, “los amores con Lesbia constituyen un relato, una historia con principio, medio y fin que puede armarse a través de los poemas”, afirma Lía Galán en su edición de la Poesía completa de Catulo (2008).
Elvira Orphée convierte a Catulo en narrador de la novela y, en otra decisión notable, incorpora los poemas de la saga de Lesbia, de los que ofrece sus propias traducciones. También introduce discursos de Cicerón, al que tenía a mano en su biblioteca. Según anota Silvina Friera en el prólogo, “quiso que todos los nombres de los personajes estuvieran en latín, empezando por Catullus”, convencida de que “el latín era la lengua que definía y evocaba la Antigua Roma”.
La elección de los nombres latinos se corresponde además con cuestiones de verosimilitud y con una minuciosa reconstrucción de época: Orphée reelabora la voz del personaje histórico, por lo que las palabras y la sintaxis deben inscribir la distancia en el tiempo sin rechazar a los lectores contemporáneos, una dificultad que realza la novela.
Otro rasgo característico de la obra de Orphée consiste en la problematización de las relaciones amorosas y en el cuestionamiento de los valores de la masculinidad. Esa es la mirada de Clodia, una mujer que lleva la iniciativa con su amante y provoca un significativo reconocimiento de Catulo cuando ella se burla de Cicerón: “No debe ser solo para hombres decir cuanto se les antoje. Ella no pierde refinamiento por esas palabras. Comprendí que, si su lenguaje poético se mezcla a veces con la lengua desnuda, es porque hace compendio de la vida. Mezcla crudeza y lirismo”.
Catulo pertenece a una familia de buena posición económica, pero sin linaje. Clodia proviene, en cambio, de la nobleza y está ligada al poder como hermana del tribuno Publio Clodio Pulcro y esposa del pretor, gobernador de la Galia Cisalpina y cónsul Quinto Metelo Céler; en su casa se reúnen “quienes manejan la urbe”, entre ellos Caesar (Julio César, 100-44 a. C.).
Amada Lesbia transcurre en la época en que César dominó la política de la República y concluye con la guerra de las Galias. “Soy apasionada de Julio César. No por la guerra, sino por todo lo demás que él era. No se pronunciaba César, sino Caesar, porque en griego le decían Caisas, de donde viene la palabra Kaiser”, dice al respecto Orphée en otro pasaje de la entrevista con la Audiovideoteca.
Mientras Catulo rechaza la vida política y militar para dedicarse a la poesía y el amor, Clodia es una observadora cáustica de la ideología patriarcal: los consejos a una esclava a la que libera incluyen así reflexiones sobre “esos hombres de negocios, que invierten en mujeres para multiplicar en diez su dinero, educándolas como cortesanas de lujo” y críticas a los griegos, que “aman más a sus compañeros de armas que a sus compañeras de procreación” y hacen de sus esposas “tontas mujercillas guardadas por esclavos”.
Catulo comparte la crítica de la sociedad romana, en la que “ya no se respira sin oro, lujo y materiales preciosos,” y su dedicación a la poesía surge de ese rechazo y de su pasión por Clodia. Desde un principio, el amor se sostiene en la intensa atracción sexual. Orphée elabora con gracia y maestría escenas de alto voltaje, donde el erotismo es un efecto de las sugerencias, el juego de expresiones tan indirectas como elocuentes y una estilización del modo de decir.
Exaltar la memoria de la amada
El poeta promete consagrar todos sus versos a Clodia y exaltar la memoria de la amada. No obstante, las alternativas de la relación, la presencia de otros amantes y los celos de Caesar interfieren en el programa, y el amor no excluye el odio. Orphée incorpora además el proceso judicial contra Caelio Rufus, otro personaje histórico: Clodia fue la denunciante, pero se convierte en acusada en la defensa ejercida por Cicerón, un ajuste de cuentas con la mujer liberal que desafió las convenciones de su época.

La vida de Orphée estuvo marcada por la temprana muerte de la madre y la ruptura con el padre, que había decidido formar otra pareja. Tenía entonces 16 años y decidió mudarse a Buenos Aires “con una familia de Salta que se dedicaba a la política”, según declaró en varias entrevistas, sin más datos. Como estudiante de la carrera de Letras, se relacionó con Héctor Murena y Alberto Girri y escribió poesía.
Orphée solía contar que Murena le recomendó escribir prosa después de leer sus poemas. Siguió el consejo, sin renunciar a la poesía: “La tengo en mi escritura como quien tiene los ojos azules”, dijo. Su narrativa se distancia del relato lineal por la riqueza léxica, una sintaxis compleja y el trabajo con las imágenes y la musicalidad del lenguaje.
Amada Lesbia es quizá su apuesta radical: la novela, destaca la periodista y editora Silvina Friera, “podría leerse como un extenso poema en el que explora los sentimientos de Catulo hacia Lesbia, atravesados por la pasión, los celos, el rencor, la traición, la angustia en carne viva del poeta”.
En 1956 publicó su primera novela, Dos veranos, y en 1966 Aire tan dulce, varias veces reeditada. Casada con el pintor y diplomático Miguel Ocampo, primo de Victoria y de Silvina Ocampo, tuvo una relación esporádica con los escritores de la revista Sur. Orphée contaba que en una cena pronunció “unas palabrotas” que provocaron el rechazo de Borges, y la escena pudo condensar su distancia con el grupo.
En los años 60, vivió en Roma y en París, trabajó como lectora en la editorial Gallimard y frecuentó a Italo Calvino y Octavio Paz, entre otros intelectuales. Su mirada estuvo atenta a las escritoras que pasaban desapercibidas detrás de sus esposos, en particular Silvina Ocampo y Elsa Morante. De regreso al país, fue amiga de Alejandra Pizarnik.
El interés reciente por la obra se concretó en estudios críticos y en las reediciones de las novelas La muerte y los desencuentros, Aire tan dulce, Dos veranos y La última conquista de El Ángel, “una impactante exploración de la mente del torturador y de la tortura durante el primer peronismo”, según Soledad Martínez Zuccardi. Todavía son inhallables, en cambio, los volúmenes de cuentos Su demonio preferido (1973), Las viejas fantasiosas (1981) y Ciego del cielo (1991).
Somos basura y luna
Orphée escribió Basura y luna durante treinta años, con interrupciones. Su primera referencia a la novela proviene de una entrevista de 1970, mientras recorría el Cementerio del Oeste, en la capital tucumana: “Por qué tapar que somos basura y luna. Quizá todos los seres sean esa mezcla, pero en dosis más diluidas. Y si la concentración alcanza su más alta dosis en una zona geográfica, esto es lo que hace a su diversidad, su característica, su gloria y su drama”.

“En Basura y luna, Elvira Orphée construye un escenario provinciano donde la infancia está lejos de ser un refugio de inocencia: es el territorio donde se aprenden y padecen las jerarquías más implacables. A través de los cuadernos cruzados de Diana y Teté, la novela teje una trama de contrastes brutales, marcada por la clase, la lengua, el territorio y el descubrimiento del cuerpo”, anota Lucía de Leone en la contratapa del libro de Edunt.
Fue una “figura exótica y legendaria de la vida literaria argentina”, como la definió Leopoldo Brizuela. Las ediciones de Amada Lesbia y Basura y luna rescatan a Orphée de ese lugar distante y la sitúan en el presente de la literatura nacional.
Amada lesbia (Sur y después) y Basura y luna (Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán – Edunt), de Elvira Orphéea.