Verdadero gigante de la política sudamericana, el presidente Lula da Silva ya tiene un lugar asegurado en la historia de Brasil. Solo vale un dato para hablar de sus casi 12 años en el poder: oficializó este domingo que irá por un cuarto mandato, como favorito en las encuestas para la elección de octubre próximo. Se descontaba que el presidente brasileño sería otra vez el candidato del PT, pero faltaba el anuncio oficial, y la proclamación fue en un acto en el Expo Center de San Pablo, junto a su vice Geraldo Alckmin, que también lo secundará en esta nueva elección.
Rodeado por unos 3 mil militantes, numerosos funcionarios y dirigentes del bloque oficialista Juntos por Brasil, Lula hasta se dio el lujo de bromear con su edad, señalando “tengo 80 años pero me siento con la misma energía que cuando tenía 30”, y al hablar sobre el futuro bromeó anticipando que “no iré luego por el ‘Penta’, después de entregar Brasil perfectamente al pueblo brasileño, nos iremos de vacaciones con Janja para noviar unos veinte años más”.

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A su lado su esposa Janja, de 59 años, sonreía con una camiseta con una foto de su marido cuando era bebé. Lo concreto es que Lula afrontará en las próximas semanas su séptima campaña presidencial, habló en su discurso de la necesidad de “defender la soberanía brasileña”, en lo que resultó una obvia alusión a la influencia de Estados Unidos y del presidente Donald Trump en el continente. Como se sabe, el líder republicano tiene a Lula como uno de sus habituales adversarios, y en julio impuso dos rondas de aranceles a productos brasileños, tras acusar que Brasil “incurre en prácticas comerciales desleales”.

Sobre la nueva presión arancelaria desde la Casa Blanca, Lula la adjudica a la tarea que hace con Trump Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro que aspira a concentrar el voto derechista. “Es un traidor a la patria que alienta a Estados Unidos a golpear la economía brasileña”, señala Lula, aunque Bolsonaro hijo niega ser quien le pide a Trump que condicione la gestión de Lula para tener más chances electorales en octubre.
Arriba en las encuestas
en cuanto a la carrera hacia octubre, Lula lidera las encuestas. Su intención de voto para la segunda vuelta es de 48% contra 43% de Flávio Bolsonaro, según el instituto Datafolha.

Incluso castigado por una serie de crisis políticas, incluso enfrentamientos familiares, Bolsonaro hijo mantiene posibilidades en otra elección que se adelanta polarizada. Claro que es difícil vencer a un candidato que puede mostrar un crecimiento sólido y empleo récord, aunque el costo de vida preocupa a los brasileños y hay algo de déficit fiscal.

Lula también lidia con la discusión sobre inseguridad, una de las mayores preocupaciones de los votantes, en un país donde el crimen organizado controla barrios populares donde viven millones de personas.

La corrupción, otro tema prioritario para la opinión pública, concita dos investigaciones judiciales inconvenientes para cada uno de los candidatos. La primera se refiere al financiamiento de una película sobre Jair Bolsonaro, para la que Flávio Bolsonaro habría pedido dinero a un banquero acusado de una megaestafa. La otra, abierta esta semana, apunta a un hijo de Lula, “Lulinha”, sospechoso de corrupción y tráfico de influencias en presuntas gestiones ante el Ministerio de Salud.

Se verá en octubre qué pesa más en el ánimo, y el bolsillo, de los votantes brasileños.

AFP/NA/HB