Esperando el crecimiento

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Esperando el crecimiento

La actividad económica tuvo un repunte importante durante el segundo semestre de 2024 y comienzos de 2025, pero luego se estancó, junto con el Índice de Confianza del Consumidor. Durante la fase de expansión, la recuperación del crédito jugó un rol central, pasando del 4% del PIB al 12%. Pero el fuerte aumento de las tasas de interés, por la corrida cambiaria de las elecciones legislativas, hizo que 7 millones de personas cayeran en mora. La restricción crediticia golpeó al PIB desde fines del año pasado y a esto se suma la retracción de los ingresos reales (la inflación sube más que las paritarias).

Hay sectores que traccionan y otros que no. Energía, minería y agro siguen liderando el crecimiento, representan un 15% del PIB, pero apenas un 9% del empleo. En cambio, industria, comercio y construcción –en retracción– son los que más puestos de trabajo generan.

La inflación está en tasas del 2% mensual o menos. Pero la convergencia a un dígito anual va a tomar más tiempo del planteando por el gobierno. Un factor que sigue empujando es la recomposición de precios relativos. Del lado fiscal, corazón del programa económico, se mantiene el superávit primario. Pero complica el panorama la baja sostenida de la recaudación por la menor actividad.

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El gobierno está más sólido en el terreno financiero que en reactivar la economía. En el programa de pagos de deuda e intereses generó confianza la difusión del cronograma para lo que resta de 2026 y para 2027. Pero no se explicitó el cronograma de deuda en pesos, aunque se sabe que se está encarando un desplazamiento de estos compromisos hacia 2028 en adelante: ya hay un 40% de deuda en pesos que se afrontaría a partir de ese año, cuando estaba prevista para 2027.

Si el nivel de actividad genera preocupación, el empleo provoca más. El sector privado muestra un claro descenso y la caída es aún mayor en el sector público nacional. Como contracara, crece el empleo informal, de calidad inferior. El salario real muestra una caída importante respecto del año de máximos, 2017 (del 20% para los trabajadores registrados y del 30% para el sector público). Con costos fijos que subieron –los servicios públicos, sobre todo– y un ingreso disponible cada vez más ajustado, a las familias les cuesta más llegar a fin de mes. Esta combinación de menos empleo y menos ingresos reales termina traduciéndose en una demanda agregada estancada. La inversión, por su parte, sigue en niveles bajos: 14% del PIB. El RIGI, hasta ahora, no está moviendo demasiado la aguja, a pesar de tener aprobados USD 30.000 millones y otros USD 110.000 millones en estudio.

Las exportaciones vienen creciendo al 14% este año y la balanza comercial –con agro y energía como protagonistas– es muy superavitaria. Las manufacturas de origen industrial también acompañan con crecimiento, mientras que las importaciones van a la baja por el estancamiento de la actividad. En cuanto al tipo de cambio, hay una visión extendida de que habría que levantar el cepo a las empresas, algo que el gobierno todavía no se anima a hacer por el fuerte atesoramiento de dólares en 2025. Ahora bien, el actual nivel del tipo de cambio real tiene un costo: perjudica la rentabilidad de ciertos sectores. La cuenta corriente, mientras tanto, se mantiene en equilibrio.

En definitiva, la economía redujo el riesgo de crisis. Así lo reconocieron las calificadoras, que nos subieron la nota, aunque todavía estamos lejos de la meta de grado de inversión para 2031 planteada por el gobierno. Si el riesgo país llegara a 300 puntos, podría abrirse la puerta a tantear el financiamiento externo; por ahora, sigue en la zona de 400 puntos básicos porque las reservas netas del BCRA siguen en un nivel bajo pese a las compras de dólares en 2026, existe la amenaza de retorno del peronismo en 2027 y sigue latente nuestro historial de incumplimientos.

La clave para que Milei concrete su reelección va a pasar, en gran medida, por resolver el crecimiento del PIB y del empleo.

*Profesor de Economía en IAE Business School.

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