A veces, la esperanza aparece donde menos se la espera. Eso pasa en Run Run, la nueva novela de Laura Devetach (89), maestra de la literatura infantil y juvenil, que publica Siglo Veintiuno.
Run Run es una nena que recorre Once con su hermano el Grande, juntando cartones. Ocurre un accidente. Aparece Efraín, inventor, mago, con su casa a cuestas.
“El mundo –le dice Efraín a Run Run – se arma y se desarma como tu pila de cartón”.
No te rindas.
Observar e imaginar
Hay autores, como Devetach, que no se limitan a escribir: construyen una manera de mirar el mundo, con poesía y sin edulcorar.

Devetach, autora de clásicos como La torre de cubos -uno de sus relatos prohibidos durante la última dictadura por “exceso de fantasía”-, confía en la imaginación como herramienta para entender el mundo. Y dar espacio para mejorarlo.
La obra de Devetach muestra que la literatura no tiene reloj biológico y que siempre es capaz de acercarnos a las situaciones más difíciles. No es que la edad de los lectores no importe: lo esencial es que eso no debería achatarla.
Entonces, Devetach mira y nos hace abrir los ojos a esa realidad que se “vive un poco de costado”, como ella definió.
Devetach misma vive en Once y hace décadas observa a los cartoneros y anota fragmentos de sus días en papelitos.
El resultado es que donde había indiferencia reaparecen personas y se borronean centro y márgenes.
Además, la ciudad, con su vértigo y sus contrastes, deja de ser escenario para convertirse en una especie de personaje que pone a prueba nuestra humanidad.
El brillo de lo “pequeño”
Run Run condensa las grandes líneas de la obra de Devetach, que tiene ya más de seis décadas.
La autora es una de las figuras que -como María Elena Walsh, como Elsa Bornemann, cada una con sus maravillosas diferencias– buscó emancipar a la literatura infantil de funciones exclusivamente pedagógicas y tomó un envión extraordinario desde fines de la década de 1960.
Lo de Devetach es contar y encandilar a lectores exigentes, aún sin formatear. Y en vez de subestimar, jugar. Jugar con las palabras, con la aspereza, con la velocidad de los sucesos, frenar para pensar, sobre todo, en la era digital. Y, al final, siempre cobijar.

Run Run es un libro despabilador y hermoso, también como objeto. Cartón cuidado. Tiene los tonos de los cartones y, entre otras bellezas de diseño, oraciones en zig zag, como las ruedas de un carrito chuecas.
La edición es de Laura Leibiker, directora de Siglo para Chicos, sello de Siglo Veintiuno. Devetach contó que le pidió que los personajes se vieran chiquitos, como de lejos.
¿Quién se anima a afirmar que eso es una metáfora nomás?
Las ilustraciones de Rocío Alejandro, quien trabaja con sellos, cumplen con ese requerimiento de Devetach. Se trata de curvas y rectas que si las dejan saben bailar y que recuerdan el valor de lo aparentemente simple y artesanal. Sin estridencias. Un tributo precioso al trabajo de Devetach.