Una ayuda de Cristina a Kicillof

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Una ayuda de Cristina a Kicillof

Es improbable que Cristina Kirchner logre una medida cautelar de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que le permita participar en las próximas elecciones. Pero es seguro que igual competirá.

No lo hará como candidata del peronismo, sino como el fantasma contra el cual querrá confrontar Javier Milei y con el que tendrá que lidiar cualquier candidato opositor que aspire a sucederlo.

Ella. La movida judicial fue interpretada como una forma de condicionar la candidatura presidencial del opositor hasta ahora mejor posicionado, Axel Kicillof.

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Sea como fuere, creo que la expresidenta le hace un gran favor a quien alguna vez fue su hijo político y hoy devino en su principal competidor. Porque el mayor problema que afrontará el gobernador bonaerense, si llegara a una definición por balotaje contra Milei, es que no solo deberá enfrentarse con la actual gestión, sino contra el antikirchnerismo que sintetiza en esa mujer todos sus miedos.

Si ella quisiera y eventualmente consiguiera intervenir en los próximos comicios, debería asumir antes una puja interna contra Kicillof. No habría mejor forma que esa para que el gobernador consiga que los sectores más anticristinistas lo consideren como un verdadero adversario de quien alguna vez fue su jefa.

Y si no es eso lo que ella busca, sino que los propios kicillofistas lo hayan creído para así mejorar su posición negociadora, al menos le sirve al gobernador para recordar que su ruptura con la exmandataria es real.

El otro escenario que lo ayudaría (más probable y también beneficioso en pos de despegarse de Cristina) es la competencia interna contra un candidato abiertamente vinculado a la expresidenta, como Máximo Kirchner. Siempre y cuando consiga ganarle, claro.

¿Entenderá Cristina que lo mejor que le pude pasar a ella y quizás al país es perder? Quienes la visitan entienden que no está dispuesta a ceder centralidad, aunque eso lleve a una nueva derrota del peronismo.

En cualquier caso, el desafío de Kicillof o de quien encarne a esa oposición es sumar en un balotaje no solo al antimileísmo, sino a una parte de los votantes que no elegirían a nadie que parezca cercano a ella.

Pero como los líderes políticos son apenas expresiones de mayorías y minorías circunstanciales, la pregunta de fondo es qué estarán necesitando representar dentro de un año los distintos sectores sociales. Y si habrá una nueva mayoría que requiera una representación política distinta a la actual.

Entre las elecciones legislativas de octubre y hoy, las encuestas marcan una notoria tendencia a la baja de la imagen presidencial y del Gobierno, de unos 15 puntos.

Milei. El último sondeo de la consultora Proyección muestra que mientras el 40% asegura que votaría a cualquier candidato para impedir que continúe Milei, el 38% haría lo mismo para evitar el regreso del peronismo. Esta semana, en Modo Fontevecchia, Facundo Nejamkis (Opina Argentina) sostuvo que en sus estudios Milei aparece con un rechazo que ya alcanza al 62%, el punto más alto desde que asumió. Jorge Giacobbe (cercano al oficialismo) marca un pico del 57% de imagen negativa de Milei, el mayor desde que llegó al poder, mientras que el 55% de los encuestados dice que la economía está empeorando. Zuban Córdoba reporta que la desaprobación de la gestión supera el 64%. Un relevamiento de Reale Dalla Torre, ciento por ciento en redes sociales, indica que el 55% cree que la situación económica del país estará igual o peor el próximo año y que, si el balotaje fuera hoy, Milei superaría a Kicillof por una diferencia menor a tres puntos (Proyección da empate y Opina ve ganador al bonaerense). La consultora QSocial registra en su último informe que el 83% de las personas definió su situación actual entre regular y mala. Trespuntocero señala un piso estable de rechazo al Gobierno del 60%. Que es el mismo porcentaje que detecta Hugo Haime, quien ayer en PERFIL escribió que solo el 20% opina que las cosas han mejorado con Milei.

Finalmente, esta semana se conoció el dato de julio del tradicional índice de Confianza de la Universidad Di Tella. La medición marcó un retroceso del 6,5% sobre junio, ubicándose en 1,9 puntos sobre una escala de 0 a 5. A su vez, Poliarquía reveló una caída del 9% en su índice de Optimismo Ciudadano, ingresando en lo que la consultora llama la zona de “pesimismo fuerte”, alcanzando el peor registro de la era Milei.

En pocas de estas mediciones se hace mención a otros presidenciables del peronismo, como Sergio Uñac y Sergio Massa.

El primero anticipó en público sus deseos de ser candidato y se muestra como una alternativa moderada y equidistante de los dos líderes centrales, pero ya visitó San José 1111 en busca de una venia electoral que Cristina no le niega a nadie que la respete como jefa.

Massa, en cambio, no habla en público, pero en privado no deja de hacer política ni de analizar encuestas, propias y ajenas, en las que cree interpretar un incipiente reposicionamiento de su imagen junto con una debacle del Gobierno que estima se profundizará para las elecciones. No dejará pasar la oportunidad de competir él mismo, si ve la posibilidad de ganar, o de ser parte de una futura construcción de poder detrás de quien tenga más chances de vencer al mileísmo. Pero nada de eso definirá este año.

El futuro. Es lógico que los políticos se vistan y perfumen como si de ellos dependiera el futuro, con la convicción de que si se alistan bien serán capaces de seducir a una mayoría que sucumba a sus encantos.

Es lógico y es lo que deben hacer, porque si bien creo que en política la oferta no construye la demanda, sí resulta un facilitador para cuando la demanda social necesite elegir entre las distintas ofertas electorales.

Lo que resta saber es qué demandará de aquí a un año una nueva mayoría social.

Si será una ratificación de la confianza en este gobierno, en la forma en que los hermanos Milei condujeron la política y la economía del país, y en el particular estilo de relacionamiento democrático que caracteriza a este presidente.

O si habrá una necesidad de cambio que sume a quienes no lo eligieron en 2023 y no se arrepienten de ello, más aquellos que sí lo votaron y ya no lo volverían a hacer.

Según las encuestas, Milei conserva un núcleo duro en torno al 30% (como el que lo votó en las PASO y en las generales), una base significativa en medio del “mayor ajuste de la historia de la humanidad” del que él se jacta.

Si en la última parte de este mandato la economía subiera “como pedo de buzo”, es posible que vuelva a recrearse una mayoría que decida seguir haciendo de cuenta de que quien nos conduce –con su ajuste, su hiperbolismo, su agresividad y su psicología– es necesario y absolutamente normal.

En cambio, si la crisis económica siguiera afectando a importantes sectores de la población, todo lo que hoy se finge normal mañana se traducirá como una inadmisible degradación democrática que nunca debió haber ocurrido. (Algo de lo que luego habrá que culpar, como siempre, a los correspondientes chivos expiatorios que salven nuestras propias responsabilidades.)

Si eso sucediera, entonces sí deberán estar vestidos y perfumados los candidatos que quieran competir.

A la espera de que la historia los vaya a elegir para corporizar en alguno de ellos las nuevas angustias y esperanzas colectivas.

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