Un libro para leer con los chicos: hoy recomienda Sylvia Iparraguirre

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Un libro para leer con los chicos: hoy recomienda Sylvia Iparraguirre

Hay escritores que no pueden elegir un solo libro. Sylvia Iparraguirre pertenece a esa estirpe de lectores para quienes la infancia y la literatura forman un territorio demasiado vasto como para reducirlo a un único título. Sin embargo, si tuviera que acercarle hoy un libro a un chico de diez años –o a la niña que alguna vez fue–, no dudaría en poner en sus manos la Saga de los Confines, de Liliana Bodoc.

La escritora Sylvia Iparraguirre en su estudio. Foto: Alejandra López, gentileza editorial.

“A un chico o chica de unos diez años le regalaría una autora argentina maravillosa, Liliana Bodoc, y su Saga de los Confines, llena de imaginación, leyendas originarias y paisajes argentinos y americanos“, explica a Clarín.

Pero, ya fue dicho, hay más. Mucho más para leer. Por eso, Iparraguirre vuelve también sobre dos clásicos que marcaron su formación como lectora. “De otras literaturas, libros que me enseñaron el placer de la aventura, del humor y del miedo: Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, y El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde“, agrega.

No sorprende esa elección en una autora cuya obra dialoga constantemente con la historia, la aventura, los viajes y los grandes paisajes.

Sylvia Iparraguirre es una de las narradoras más importantes de la literatura argentina contemporánea. Nacida en Junín, estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y desarrolló una extensa carrera como investigadora en el área de Lingüística, además de desempeñarse como docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Junto con Abelardo Castillo integró las históricas revistas El Escarabajo de Oro y El Ornitorrinco, una de las publicaciones emblemáticas de la resistencia cultural durante la última dictadura militar.

La escritora Sylvia Iparraguirre. Foto: German Garcia Adrasti.

Publicó libros de cuentos y novelas, traducidas a once idiomas. Entre ellas sobresale La tierra del fuego, distinguida con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, el Premio de la Crítica de la Fundación El Libro y el Premio Club de los XIII, además de Encuentro con Munch, La orfandad y Antes que desaparezca. También escribió la autobiografía lectora La vida invisible y Clases de literatura rusa, donde vuelca décadas de enseñanza y reflexión sobre los grandes autores de esa tradición literaria.

Toda esa trayectoria parece nacer de una misma convicción: que los libros no solo forman lectores, sino también una manera de mirar el mundo. Esa idea atraviesa tanto su obra como la respuesta que ofrece cuando se le pregunta por qué un chico debería seguir acercándose a la lectura en pleno siglo XXI.

Leer para imaginar y ser libres

Para Iparraguirre, la mayor riqueza del libro sigue siendo la que ninguna tecnología ha logrado reemplazar. “Porque el libro tiene la capacidad única de incentivar su propia imaginación y porque la lectura es un ejercicio irreemplazable para que nuestra inteligencia se ejercite, se profundice y acepte otros mundos; me refiero a mundos, conflictos y esperanzas humanos”, sostiene.

La escritora Sylvia Iparraguirre en su estudio. Foto: Alejandra López, gentileza editorial.

La lectura, dice, también enseña algo esencial: la libertad. “En la lectura el chico o chica ejercita la libertad de dar a lo que lee su propio sentido”.

Esa convicción atraviesa toda su vida como escritora. En una entrevista resumió hace tiempo una idea que considera fundamental para cualquiera que quiera escribir: “Hay que leer mucho para escribir. Escribir sin leer es inconcebible. La lectura es lo que te va dando madurez”. Para ella, cada relectura transforma al lector tanto como los grandes libros permanecen inalterables.

Quizá por eso insiste en recomendar historias capaces de abrir mundos nuevos. Porque la literatura no solo alimenta la imaginación: también amplía la inteligencia y la sensibilidad.

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