El sismo de magnitud 7,4 que sacudió este lunes a gran parte de Colombia, cuyo epicentro se situó en el municipio de San José del Palmar, provocó más de 240 muertos, por lo menos 1300 heridos y otros miles de desaparecidos. Este desastre natural volvió a poner el foco en el funcionamiento del Anillo de Fuego del Pacífico, la granja geológica responsable de las actividades telúricas.
La alta vulnerabilidad sísmica de la región sudamericana responde a una arquitectura geológica compleja. La enorme herradura del Anillo de Fuego del Pacífico se extiende a lo largo de 40.000 kilómetros y concentra cerca del 90% de los terremotos del mundo, además del 75% de los volcanes activos.
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Este trazado abarca desde el extremo sur de América del Sur, asciende por las costas de América del Norte y cruza por el estrecho de Bering hacia el continente asiático y Oceanía.
El mecanismo de acción de energía se origina en las profundidades de la corteza terrestre. La litosfera se presenta como un rompecabezas de enormes plazas que se desplazan de manera ininterrumpida. Cuando estas estructuras chocas o se deslizan entre sí, una de ellas puede hundirse debajo de la otra en un proceso de subducción.
Ese rozamiento continuo genera un nivel de fricción tan inmenso que acumula energía tectónica durante años o siglos, hasta que las rocas ceden y provocan temblores que impactan en la superficie.

En el caso de Colombia, la fragilidad del terreno responde a la interacción de tres grandes actores. El margen occidental sudamericano se encuentra expuesto a la subsunción de la placa de Nazca por debajo de la placa Sudamericana, proceso al que se le suma la dinámica de la placa del Caribe. Esta triple confluencia convierte al territorio colombiano en una de las zonas de mayor deformación de la corteza en el continente.
A la par del violento fenómeno detectado, la región andina colombiana registró manifestaciones de reactivación en el volcán Puracé, situado en el departamento de Cauca.
Los terremotos más importantes registrados en esta zona
El historial de desastres naturales dentro de esta franja de 40.000 kilómetros incluye los eventos tectónicos más importantes de la historia registrados. Entre ellos se destaca el gran terremoto de Valdivia en Chile durante 1960, que alcanzó una magnitud de 9,5.
A su vez tiene en su historial, el movimiento sísmico de Alaska de 1964 y el devastador sismo de Japón en 2011. La gigantesca energía liberada en estas rupturas suele originar tsunamis destructivos que atraviesan la totalidad del Océano Pacífico.
El Anillo de Fuego domina casi la totalidad del mapa de riesgo del planeta. Países como Japón, Filipinas, Indonesia, Ecuador, Perú, Chile y la propia Colombia conviven con un monitoreo de alerta sísmica permanente. Sus ciudades principales descansan sobre intersecciones estructurales extremadamente volátiles.
BGD / EM