Hace casi un siglo y medio, la apreciación musical se constituyó en una disciplina que buscaba ofrecer al oyente los elementos básicos que le permitieran conocer en detalle las obras musicales. Desde entonces, circularon –y circulan– numerosos libros, más o menos actualizados y adaptados a la realidad de hoy. Surgido desde las aulas del Colegio Nacional de Buenos Aires pero también destinado a todo aquel que desee acercarse a su contenido o a todo docente que busque una base para la enseñanza, Una introducción a la apreciación musical, de Silvana D’Onofrio (Eudeba, 2026), viene a llenar un vacío importante: lo demuestra la demanda de la primera edición, que ya cuenta con dos reimpresiones.

Disponible en las librerías de Eudeba y a través de su página web (eudeba.com.ar), el trabajo abarca –de una manera clara, concisa y accesible– conceptos básicos y universales de acústica, morfología, géneros musicales, tipologías vocales u organología, pero también aborda expresiones locales.
Su autora (que transita los pasillos del Colegio desde 2011, cuando ganó su cargo por concurso, pero que ya contaba con una larga experiencia como docente e intérprete), detalla las razones de esta elección: “En el aula tenemos mayoritariamente chicos que van a ser médicos, abogados, ingenieros, sociólogos, y siempre pensamos que la música es una herramienta más para el análisis de los contextos sociales”.
La autora explica: “Como es un libro que parte de Buenos Aires, de la Argentina, hace mucho hincapié en el tango, en el folklore, en el rock nacional, que son expresiones de un tiempo histórico y que son herramientas de análisis de lo que sucede aquí, se pueden conectar con Historia, con Geografía, con otras materias. Nosotros conectamos mucho con el latín también, y para el público en general. Es una mirada de la música desde nosotros”.
Saber para comprender
Cuando se trata de música académica (o clásica), suele haber polémicas entre aquellos que aseguran que se trata de un producto accesible a todos y que no es necesario tener información previa para disfrutarlo, y los que sostienen que –por el contrario– los conocimientos técnicos e históricos son un requisito casi indispensable para apreciarlo en toda su belleza.
Como intérprete y docente, D’Onofrio acepta la validez de ambas posturas: “Uno puede escuchar música y disfrutar simplemente de la sensación de belleza que da, por ejemplo, escuchar la sexta sinfonía de Beethoven, y no se necesita saber nada para sentirse bien escuchando. Ahora, si uno sabe, disfruta mucho más. Pasa lo mismo en un museo”.
La docente agrega: “Creo que cada persona tiene la libertad de acercarse a una expresión del arte como lo desee. Si quiere simplemente disfrutar y nada más, está muy bien que lo haga desde el nulo conocimiento. Y si su interés es mayor o tiene necesidad de comprender algunas cosas, es válido también. A veces ocurre que uno empieza a escuchar algo que le gusta y quiere investigar sobre eso, y entonces eso hace que disfrute mucho más”.
Para la autora del libro (que, en su rol de directora de orquesta, estará al frente de una producción de Lucia di Lammermoor en el Teatro Avenida a fines de agosto), la clave está en la comprensión de procesos históricos.
“Aquí en el Colegio centramos mucho la actividad musical en eso. Por ejemplo, cómo Beethoven es reflejo de los procesos de la Revolución Francesa, o cómo Shostakovich es una imagen del proceso estalinista luego de la Revolución Rusa. Hacemos mucho foco en que los chicos puedan establecer esas relaciones. Pero para el melómano eso también puede ser interesante. Por ejemplo, la Novena de Beethoven tiene una construcción extraordinaria desde lo que implica lo colectivo. Cómo, en ese camino del héroe, finalmente toda la humanidad es el héroe”, explica.
Y continúa: “Beethoven, en el primer movimiento, sobre todo, hace un recorrido desde la música medieval, pasando por todas las texturas, hasta llegar al punto en el que está parado. Ese recorrido que él hace de partes monofónicas, polifonía contrapuntística, la Edad Media, Palestrina, Bach… Y él nos dice que esto que estamos escuchando es la conclusión de todo el proceso de la humanidad. Uno puede escuchar la Novena sin saber todo eso. Cuando empecé a escucharla sabiendo eso, empecé a disfrutar mucho más de eso que Beethoven me estaba ofreciendo, y lo mismo sucede en todas las estéticas”.
Clásica para la Generación Alfa
–¿Son receptivos los adolescentes de hoy a la música clásica?
–Mientras uno les ofrezca algo que sea honesto y los interpele, a los chicos no les importa si es rock, si es tango, si es jazz, si es música académica. El prejuicio de que los jóvenes no se vinculan con la música académica es más de los adultos. Todo lo que los invite desde la emocionalidad y ellos perciban que es honesto de parte de uno, que no es un artificio, lo reciben muy bien.

–¿Cómo se aborda el tema de la concentración para un grupo etario tan sobreestimulado?
–Hay una cuestión a trabajar sobre cuánto dura la concentración. Después de la pandemia, es un tema que los chicos también perciben como una dificultad para estudiar, y creo que los adultos también. Es difícil de controlar. A veces, nosotros les pedimos a los chicos cosas que son difíciles de hacer para nosotros. Tenemos ciertos códigos en el aula sobre el no uso del celular si no es necesario, tenemos un acuerdo que hay que cumplir. Si yo comparara a los estudiantes del año 2011, cuando yo ingresé, con los de ahora, diría que aquellos tenían un nivel de concentración extraordinario en relación con la actualidad. Pero hoy la gente no ve videos de más de 30 segundos. Conservar ese nivel de concentración que había hace 15 años es difícil. Hay que trabajar en recuperar eso, porque los aparatos nos robaron parte de nuestra capacidad de decidir. Son chicos absolutamente diferentes de aquellos. En algunos puntos son más comprometidos, por ejemplo en el tema de las disidencias. En el coro del Colegio hay muchos chicos que han cambiado de cuerda por una cuestión de identidad vocal, y acá no es un tema, es algo que se acepta sin muchos cuestionamientos. Y no es que hubo que trabajar en “hay que aceptar esto”: no, naturalmente se dio de esa manera.
Una introducción a la apreciación musical, de Silvana D’Onofrio (Eudeba).