Después de las exportaciones de gas licuado (GNL), que empezarán en 2027 y se potenciarán a finales de esta década, ya asoma en la Argentina el próximo negocio para la construcción de infraestructura energética, con los empresarios Paolo Rocca y Eduardo Eurnekian como ejes.
Se trata del tendido de gasoductos orientados a la sustitución de importaciones de combustibles líquidos -gasoil y fuel oil- para las centrales termoeléctricas, el abastecimiento a la minería de litio, las exportaciones de gas natural a Brasil y el refuerzo de la seguridad energética mediante integración regional con los países limítrofes.
Un estudio técnico impulsado por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) identificó una serie de obras que podrían convertir a la Argentina en un proveedor regional de energía y que mejorarían la competitividad local y de las industrias en Brasil.
La obra indispensable para seguir valorizando el gas de Vaca Muerta es un gasoducto entre Tratayén, Neuquén y La Carlota, Córdoba, un proyecto de Transportadora de Gas del Norte (TGN). La transportista es propiedad de Gasinvest, una sociedad conjunta entre Tecpetrol -de Techint- y la Compañía General de Combustibles (CGC) -de la Corporación América-.
Nuevo gasoducto para Vaca Muerta
Si bien los técnicos de OLACDE calcularon que esa obra podría costar 2.000 millones de dólares en una primera etapa y otros US$ 1.400 millones más adelante, otras fuentes del mercado confían en que podrían destinar US$ 1.600 millones para el tendido del ducto.
“El gasoducto Tratayén – La Carlota hay que hacerlo sí o sí. Existe necesidad de las productoras de gas y demanda local en el Noroeste Argentino (NOA) de las centrales eléctricas y también de empresas brasileras. Se pueden llevar unos 13 millones de m3 por día desde Neuquén hasta Córdoba, donde está el Gasoducto de Integración Federal hasta Tío Pujio y el Gasoducto Norte, en el que falta terminar la reversión de plantas compresoras”, especificaron ante Clarín fuentes del sector.
La obra, a cargo de TGN, podría tener una decisión final de inversión a fines de este año y estaría lista en los últimos meses de 2028. Son unos 750 kilómetros en línea recta, con el mismo destino al que va el Gasoducto Centro Oeste (que sube desde Neuquén a Mendoza y luego gira derecho hacia Córdoba).
Todavía falta estructurar contratos de demanda y conseguir el financiamiento necesario, que en parte podría aportar la CAF. Además, está pendiente que el Gobierno otorgue la extensión por 20 años de la licencia de TGN para operar las redes de transporte de gas natural al norte de Buenos Aires.
Precisamente, la demanda firme de Brasil es la más difícil de conseguir, ya que el vecino país depende principalmente de la energía hidroeléctrica. Para consumir gas argentino a largo plazo -más caro que el agua de las represas-, la industria debería buscar cubrirse ante eventuales sequías, así como garantizarse que el gas sea más barato que el GNL.
En ese sentido, los técnicos de OLACDE calcularon que el combustible argentino debe llegar a 7 dólares por millón de BTU hasta la frontera de Bolivia con Brasil y a unos US$ 10 al cinturón industrial de San Pablo para ser competitivo. Allí resultará clave negociar una tarifa de peaje barata y estable con Bolivia, que pondrá a disposición su infraestructura.
Tras la doble pérdida de Techint en la licitación por el gasoducto dedicado al GNL -no se quedó ni con la fabricación de los caños ni con la obra civil-, la exportación de gas regional es un negocio al que vuelve a aspirar Paolo Rocca, ya que le interesa a las productoras Tecpetrol, Pluspetrol y la francesa TotalEnergies.
Para el tendido de las redes, a su vez, pican en punta las constructoras Techint y Sacde -de Marcelo y Damián Mindlin- y la operación quedará a cargo de TGN.