El Gobierno está trabajando en un tratado bilateral con Chile para la integración regional energética, que permita ampliar la demanda de gas de Vaca Muerta, así como conectar al exceso de generación de energía renovable trasandina con el consumo de la minería de cobre y litio en Argentina.
La búsqueda de un acuerdo es posible por la buena sintonía de los presidentes Javier Milei y José Antonio Kast. Chile envió a Buenos Aires una delegación encabezada por la ministra de Energía, Ximena Rincón González, que fue recibida este jueves por el canciller argentino, Pablo Quirno, y el secretario de Coordinación de Energía y Minería, Daniel González.
La idea, aún incipiente, es expandir las exportaciones de gas de Vaca Muerta mediante la infraestructura chilena, que necesita revertir las plantas de regasificación de Quinteros y Mejillones -por donde Chile importa gas licuado- para convertirlas en unidades de licuefacción.
Cruzamos la cordillera con un objetivo claro: seguir abriendo nuevas oportunidades para Chile.
Hoy comenzamos nuestra primera jornada de trabajo en Argentina, donde sostendremos encuentros de alto nivel para fortalecer la coordinación y avanzar en una interconexión más sólida… pic.twitter.com/hrTe0syYuJ
— Ximena Rincón (@ximerincon) May 14, 2026
Así, el gas argentino viajaría a la China, India, Japón, Corea del Sur y el sudeste asiático directamente por el Océano Pacífico. Es una opción que busca complementar y no competir contra la exportación de GNL mediante el Atlántico, con los dos barcos de licuefacción que instalará Southern Energy -con PAE a la cabeza- desde 2027 y el proyecto de YPF para más adelante.
De hecho, la Compañía General de Combustibles (CGC), de Eduardo Eurnekian, tiene un proyecto de inversión por 2.600 millones de dólares para enviar gas a Asia a través de Chile.
Actualmente, la Argentina le vende a Chile unos 9 millones de m3 diarios de gas natural, que los utiliza en la industria y la generación térmica de respaldo.
Aproximadamente el 60% de la demanda eléctrica chilena se abastece con energía renovable. A su vez, la mitad de las renovables corresponden a parques solares, principalmente de la zona de Antofagasta y Atacama -en el norte-, que a la tarde saturan la red y llevan a 0 el costo de la energía, por una sobreoferta.
El principal problema de las energías renovables fue siempre su intermitencia: están en el momento que hay recursos naturales (sol o viento), pero no necesariamente cuando el sistema eléctrico los necesita. Por eso Chile ya tiene en operación 2.500 megavatios (MW) de capacidad de almacenamiento en baterías y otros 6.300 MW en construcción. Pero, a la vez, necesita abastecimiento no intermitente, como el que puede garantizar el gas argentino.
En el otro lado de la ecuación, la capacidad en exceso de las energías renovables en Chile pueden servir para el suministro eléctrico de la minería de cobre y litio en el norte argentino.
La minería es un sector altamente demandante de energía; solo la primera parte del proyecto Vicuña, por US$ 7.100 millones, prevé consumir 260 MW de potencia, más del 1% del total nacional.
Con el desarrollo de demanda al otro lado de la cordillera de los Andes, inversiones en infraestructura de transmisión e interconexión eléctrica, las generadoras de energía como la italiana Enel y la estadounidense AES encontrarían mejores condiciones para