Nicolás Scheverin: “Tratar a cada paciente como me gustaría que traten a alguien que amo”

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Nicolás Scheverin: “Tratar a cada paciente como me gustaría que traten a alguien que amo”

La cirugía de columna es una especialidad que combina precisión, conocimiento y una profunda responsabilidad humana. Para el doctor Nicolás Scheverin, traumatólogo y cirujano especializado en patologías de la columna, el verdadero desafío no consiste únicamente en aliviar el dolor, sino en ayudar a cada paciente a recuperar su movilidad, su autonomía y su calidad de vida.

Con una mirada basada en la evidencia científica, la actualización permanente y el acompañamiento cercano, el especialista comparte su experiencia dentro y fuera del quirófano. En diálogo con Perfil, habla sobre los avances de la cirugía mínimamente invasiva, el impacto de la inteligencia artificial en la medicina, los principales temores de los pacientes y la importancia de construir una relación médico-paciente basada en la confianza, la empatía y la honestidad.

Nicolás Scheverin

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¿Qué lo motivó a elegir la especialidad de columna y traumatología?

Mi vocación por la traumatología nació en la universidad, cuando descubrí que es una especialidad que busca aportar soluciones y mejorar la calidad de vida de la gente con problemas osteoarticulares que limitan su movilidad y posibilidad de hacer una vida normal. Mi particular amor por la columna, nació de una combinación de vocación, curiosidad y búsqueda de aliviar el sufrimiento de los pacientes. Durante mi formación en traumatología, quedé profundamente impactado por cómo una patología de la columna puede transformar la vida de una persona: limitar su movilidad, afectar su trabajo, su sueño, su estado emocional e incluso su vínculo con los demás.

Eso despertó un impulso por comprender a fondo estas afecciones y buscar soluciones que realmente devolvieran calidad de vida. La columna, por su complejidad anatómica y su enorme relevancia funcional, representaba un desafío, no solo de capacidad técnica sino también intelectual y humano que fue imposible ignorar.

Desde mi primera experiencia viendo una cirugía de escoliosis siendo residente sentí una fuerte conexión con la combinación de precisión técnica, responsabilidad y compromiso emocional que exige la cirugía de columna, no se trata solo de operar: es acompañar, contener y guiar a personas que llegan muchas veces con miedo, dolor o frustración.

Me motivó a elegir esta especialidad la posibilidad de “marcar un antes y un después” en la vida de un paciente. Esa idea —la de devolver movimiento, alivio y autonomía— terminó de definir mi camino profesional.

¿Cómo es un día típico en su vida entre consultorios, quirófano y compromisos académicos?

Normalmente los días son intensos y dinámicos durante el día se suelen combinar cuatro dimensiones esenciales: la atención médica, la actividad quirúrgica, la formación continua y la familia que es el andamiaje y sostén de todos los días.

Se comienza temprano con la actividad quirúrgica, normalmente operamos las cirugías planificadas muy temprano a la mañana, ahí entramos en un ambiente donde la concentración y el trabajo en equipo son esenciales, cada cirugía representa un compromiso enorme para lograr los mejores resultados para los pacientes.

Luego en el consultorio, damos a cada persona el tiempo que necesita, más allá del diagnóstico, es fundamental escuchar, interpretar los síntomas y sus asociaciones, mitigar los miedos y acompañar las expectativas. En esta especialidad la empatía es tan importante como la precisión técnica, porque cada paciente llega con una historia distinta, cada patología es diferente y cada dolencia necesita ser comprendida y no solo tratado.

El día no termina ahí. Parte del tiempo tenemos actividad académica ya sea preparación de una clase, lectura de nuevas publicaciones, la participación en la comisión directiva de la sociedad de patología de la columna (SAPCV) de la cual tengo el honor enorme de formar parte o la coordinación de trabajos de investigación. Tengo la certeza que la actualización constante y la investigación no son opcionales, sino un deber ético para los pacientes.

Aun con la agenda completa, intentamos mantener un equilibrio saludable.es también importante cuidarse: descansar, compartir tiempo con la familia y mantener espacios personales que permitan llegar al día siguiente con la claridad y energía.

Si tuviera que definir su filosofía de trabajo en una frase, ¿cómo lo haría?

Es una idea clara y sencilla y se deriva de nuestro juramento Hipocrático el cual rige nuestro desempeño profesional, como norma básica y número 1 “primum non nocere” (primero no hacer daño) por eso la frase seria:

“Tratar a cada paciente como me gustaría que traten a alguien que amo.”

Esa frase guía todas mis decisiones, desde la primera consulta hasta el seguimiento postoperatorio. Implica escuchar sin apuros, ser honesto incluso cuando las respuestas no son fáciles, ofrecer tratamientos basados en evidencia y, sobre todo, acompañar con humanidad.

Nicolás Scheverin

¿Cómo se prepara mental y emocionalmente antes de una cirugía de alta complejidad?

La realidad es que la preparación para una cirugía compleja comienza mucho antes de entrar al quirófano, hay que tratar de combinar la técnica con estabilidad emocional.

En primer lugar, se dedica mucho tiempo a repasar minuciosamente cada detalle del caso: estudios, imágenes, alternativas quirúrgicas y posibles escenarios intraoperatorios. Esa revisión profunda no solo afianza la estrategia técnica, sino que otorga claridad y foco. Conocer cada paso del procedimiento reduce la incertidumbre y favorece un estado mental más sereno, se planifica los puntos clave sabemos que complicaciones pueden aparecer y cuando así como también como resolver las mismas.

De todos modos, es una rutina que hacemos con cada cirugía, cada paciente es importante y se planea una cirugía compleja igualmente que una cirugía de menor dificultad bajo la premisa que nunca hay que subestimar ningún procedimiento. No se vive como presión, sino como un compromiso ético y humano.

Minutos antes de la cirugía, se revisa con las imágenes y el equipo, que en esas situaciones es importantísimo, las etapas clave, y se comprueba que todo el equipamiento esté en condiciones y alineado, la seguridad no es solo técnica: también es comunicación, cohesión y respeto entre todos los profesionales que participan.

¿Cuál fue el mayor desafío que enfrentó en su carrera como especialista y cómo lo superó?

En realidad uno de los mayores desafíos de mi carrera no fue una cirugía en particular, sino aprender a manejar el peso emocional y la responsabilidad que implica tratar patologías tan sensibles como las de la columna. En mis primeros años, comprendí que no solo debía dominar la técnica, sino también desarrollar la fortaleza emocional para acompañar decisiones complejas, comunicar riesgos y enfrentar situaciones en las que las expectativas del paciente y las posibilidades reales no siempre coincidían, por suerte tuve grandes maestros que me enseñaron como enfrentar estos desafíos, trabajar en equipo y reconocer que el conocimiento se construye todos los días,.

También descubrí que escuchar al paciente —de verdad escucharlo— era una herramienta tan poderosa como cualquier destreza quirúrgica. Esa capacidad de conexión humana no solo fortaleció la relación con quienes atendía, sino que me dio la claridad necesaria para tomar decisiones difíciles de manera ética y segura.

Otro desafío significativo es enfrentarse a casos extremadamente complejos, donde la cirugía implicaba riesgos elevados o escenarios poco convencionales. En esas situaciones la clave es la preparación meticulosa, la planificación multidisciplinaria y la convicción de que la prudencia es parte fundamental del buen cirujano, a veces, el mayor acto de coraje es saber cuándo avanzar y cuándo esperar.

La cirugía mínimamente invasiva ha transformado la traumatología. ¿Qué impacto tiene en los pacientes a largo plazo?

La cirugía mínimamente invasiva representa uno de los avances más significativos en la traumatología moderna, especialmente en el campo de la columna. Su impacto a largo plazo en los pacientes va mucho más allá de una recuperación más rápida: cambia la relación de la persona con su cuerpo, su movilidad y su confianza para retomar su vida cotidiana.

Desde el punto de vista funcional, estas técnicas permiten preservar mayor cantidad de músculo y tejido sano, lo que reduce el dolor postoperatorio, facilita la rehabilitación y favorece una recuperación más natural. Esto se traduce, a largo plazo, en una mejor estabilidad, menos rigidez y un retorno más temprano a las actividades habituales, ya sean laborales, deportivas o recreativas.

Otro aspecto es el impacto emocional. Muchos pacientes llegan a la consulta con miedo a la cirugía, asociándola a recuperaciones prolongadas o a secuelas físicas. La experiencia con cirugías menos invasivas suele transformar esas expectativas: al experimentar menos dolor, menos cicatrices y un regreso más rápido a la rutina, recuperan también seguridad y autonomía, ese cambio emocional es tan importante como el resultado técnico.

A nivel de salud global estas técnicas suelen implicar menos complicaciones, menor necesidad de internación prolongada y un menor uso de analgésicos fuertes, lo cual también repercute positivamente en el bienestar a largo plazo.

En resumen, la cirugía mínimamente invasiva no solo ha revolucionado la traumatología desde el punto de vista técnico, sino que ha humanizado la experiencia quirúrgica.

¿Cómo imagina la cirugía de columna en los próximos 10 años?

La evolución que hemos vivido en las últimas décadas ha sido extraordinaria, desde el auge de la resonancia magnética que ha hecho más precisas las cirugías y nos ha dado un conocimiento más cercano de la patología a tratar, mejores materiales mejores técnicas y equipamiento, con las nuevas tecnologías actuales de inteligencia artificial, realidad virtual, realidad aumentada considero que el futuro en el que la cirugía de columna será aún más precisa, menos invasiva y profundamente personalizada la combinación de avances tecnológicos, análisis de datos y nuevas herramientas quirúrgicas transformará no solo cómo se opera, sino cómo se diagnostica, se planifica y se acompaña a cada paciente.

En primer lugar, la cirugía guiada por imagen y la navegación digital seguirán evolucionando hasta permitir una precisión casi milimétrica. Esto reducirá riesgos, acortará tiempos operatorios y mejorará la seguridad, especialmente en procedimientos complejos. La robótica, dejará de ser una novedad para convertirse en una herramienta cotidiana, complementando la pericia del cirujano con una exactitud que hoy apenas empieza a explorarse.

También hay un el rol creciente de la medicina personalizada. Creo fervientemente que dentro de una década será habitual diseñar implantes específicos para cada paciente, hoy día ya planificamos cirugías sobre modelos 3D de su columna, en corto tiempo podremos incluso incluso anticipar cómo responderá cada organismo al tratamiento gracias a algoritmos predictivos basados en inteligencia artificial.

Lo que tendremos como desafío es humanizar más el proceso quirúrgico. con todo este avance de la tecnología de forma exponencial, el desafío será mantener el foco en el paciente como persona: acompañar sus miedos, sus dudas y su proceso emocional.

Finalmente, creo que habrá también un progreso significativo en técnicas regenerativas y biológicas: terapias celulares, factores de crecimiento y materiales inteligentes que permitan reparar o fortalecer estructuras sin necesidad de grandes intervenciones.

¿Cuál es la recomendación de cuidado postural que más repite a sus pacientes?

Entre todas las indicaciones de cuidado postural, hay una que repito diariamente, incluso múltiples veces por día.

“La espalda se cuida en movimiento.”

Muchas personas asocian el dolor de columna con la necesidad de inmovilizarse o “cuidarse demasiado”, cuando en realidad la clave está en mantenerse activos, con movimientos suaves, progresivos y adecuados a cada etapa del tratamiento. Una columna rígida y poco usada es más vulnerable al dolor que una que se mantiene en movimiento y fortalecida.

Además de esta idea central, hay que resaltar tres pautas simples pero efectivas:

  • Mantener una higiene postural consciente, especialmente en actividades cotidianas como sentarse frente a una computadora, levantar objetos o estar muchas horas de pie.
  • Evitar posiciones mantenidas durante demasiado tiempo, incluso cuando se trata de posturas “correctas”, porque ninguna postura es saludable si se sostiene sin pausas.
  • Fortalecer la musculatura, especialmente la zona central del cuerpo (abdominales, paravertebrales dorsales), como una forma de proteger naturalmente la columna y prevenir recaídas.

También es importante escuchar el cuerpo: diferenciar entre el “dolor que avisa” y el “dolor que bloquea”, y buscar ayuda profesional cuando algo no evoluciona como debería.

¿Tiene alguna rutina personal o hobby que lo ayude a desconectar?

“la medicina es una ciencia que embrutece” dijo una vez unos de mis mentores, lo cual es verdad, por la enorme carga científica que conlleva la medicina, y especialmente la cirugía de columna, exige una enorme concentración y una carga emocional considerable. Por eso, desconectar y equilibrar la vida personal es fundamental no solo para mi bienestar, sino también para poder brindar la mejor versión de uno mismo a sus pacientes.

Lo que me desconecta y recarga la energía son los momentos con mi familia. Compartir una comida sin apuros, conversar, o simplemente estar presente, cocinar para los seres queridos, disfrutar un momento sin interrupciones, es una de las mejores formas de recargar la energía emocional. esos vínculos me sostienen y recuerdan por qué es tan importante cuidar el equilibrio entre la vida profesional y la personal.

Además hay algunos hobbies que permiten cambiar completamente de foco, como escuchar música, dedicarse a alguna actividad manual o recreativa que nada tiene que ver con la medicina ayudan a recuperar claridad mental y a volver al trabajo con una mirada renovada.

¿Qué rol cree que tendrán la inteligencia artificial y la tecnología en la medicina del futuro?

La inteligencia artificial y la tecnología serán pilares fundamentales en la medicina del futuro, especialmente en áreas como el diagnóstico, la planificación quirúrgica. La IA permitirá analizar grandes volúmenes de información —imágenes, antecedentes, patrones clínicos— para ofrecer evaluaciones más precisas y anticipar riesgos con mayor exactitud.

En cirugía de columna, imagino que la combinación de modelos 3D, navegación avanzada, robótica y algoritmos predictivos permitirá intervenciones más seguras, menos invasivas y completamente adaptadas a la anatomía de cada paciente. Sin embargo, la tecnología nunca reemplazará el juicio clínico, la experiencia ni la empatía. Las herramientas digitales deben potenciar al médico, no reemplazar la conexión humana que es esencial.

¿Cuál cree que es el mayor miedo de los pacientes con problemas de columna, y cómo los acompaña?

Lamentablemente aún venimos arrastrando los antecedentes de la vieja cirugía de columna de cuando aún no existían las tecnologías diagnosticas modernas (tomógrafos de alta resolución, resonadores más claros y precisos) que han cambiado la historia del diagnostico en esta especialidad y permitieron comenzar a realizar procedimientos sumamente dirigidos a la patología del paciente,.

El mayor miedo de sus pacientes suele ser perder movilidad o no volver a vivir sin dolor. La columna, al ser el eje del movimiento, está ligada a la autonomía, al trabajo y a la calidad de vida; por eso, el temor a una cirugía o a un diagnóstico suele venir acompañado de inseguridad y angustia.

Para acompañar ese miedo, lo más importante es escuchar sin apuro. Antes de hablar de tratamientos, hay que comprender qué siente esa persona, cómo afecta el dolor su vida diaria y cuáles son sus preocupaciones reales, también que grado de limitación tiene o no y si realmente un tratamiento quirúrgico o no va a beneficiar su calidad de vida. Luego trato de explicar de forma clara, honesta y accesible cada problema y los posibles síntomas que estos generan. Creo profundamente que cuando el paciente entiende su situación y el porqué de cada decisión, el miedo se transforma en confianza y el paciente entiende que es lo que le pasa y porque tenemos que realizar algún procedimiento y las razones científicas que lo avalan.

También es importante el seguimiento cercano: estar presente antes, durante y después del tratamiento. El acompañamiento emocional es tan decisivo como la técnica, porque el paciente que se siente contenido enfrenta los procesos médicos con mayor tranquilidad y fortaleza.

¿Qué valora más en la relación médico–paciente?

Lo que más valoro de la relación médico–paciente es la confianza mutua. La medicina solo puede funcionar verdaderamente cuando ambas partes se sienten escuchadas, comprendidas y respetadas, Sin confianza no hay relación médico paciente ni tratamiento posible.

Para construir esa confianza se necesitan tres elementos esenciales:

  • Honestidad, para comunicar posibilidades y límites con claridad.
  • Empatía, para entender a la persona más allá del diagnóstico.
  • Compromiso, para acompañar el proceso de principio a fin.

Cada paciente llega con su historia, su dolor y sus expectativas, y el trabajo del médico es integrarlo todo en un plan de cuidado que no solo sea eficaz, sino también humano. La mejor medicina nace del equilibrio entre ciencia, experiencia y sensibilidad.

¿Qué le sigue emocionando de su trabajo después de tantos años?

La realidad es que a pesar del paso de los años y de la exigencia diaria de esta especialidad, todavía hay algo que me conmueve profundamente: ser testigo del cambio real en la vida de un paciente. nada se compara con ver a alguien que llegó con dolor, miedo o limitaciones e incluso severas dificultades motoras, recuperar movimiento, confianza y bienestar. Ese proceso —a veces lento, otras sorprendentemente rápido— me recuerda por qué elegí esta especialidad.

Cada caso tiene su propia historia, su propio desafío y su propia recompensa. Me emociona sentir que mi trabajo no es solo técnico, sino transformador. Incluso después de cientos de cirugías y miles de consultas, sigo experimentando la misma mezcla de responsabilidad y gratitud cada vez que un paciente le dice: “Volví a hacer lo que pensé que no iba a poder hacer más.” Eso es un verdadero empuje para continuar y mantiene la vocación intacta.

¿Qué enseñanzas le dejó la medicina que no esperaba cuando empezó?

A los inicios de mi carrera imaginaba la medicina como un camino dominado por el conocimiento y la técnica. Sin embargo, con los años descubrí algo que no esperaba: que la dimensión humana es tan importante como la científica.

Aprendí que la empatía, la paciencia y la comunicación clara pueden impactar tanto como una cirugía bien realizada. Los pacientes no solo buscan alivio físico, sino también comprensión, contención y un espacio donde sentirse seguros. La medicina es un aprendizaje constante, no solo en términos académicos, sino emocionales.

La vulnerabilidad del paciente exige la mayor fortaleza del médico, pero no cualquier fortaleza sino una fortaleza serena, humilde, saber escuchar y reconocer límites. Y que en cada proceso, el médico también crece: como profesional, pero sobre todo como persona.

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