Mori, Neymar y la levedad de la amistad

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Mori, Neymar y la levedad de la amistad

Shigeaki Mori había nacido en 1937, o sea, tenía 8 años cuando el 6 de agosto de 1945 la bomba atómica destruyó la ciudad en que había nacido, Hiroshima y él que atravesaba un puente en ese momento, fue arrojado al río por la misma explosión.

Se transmutó desde entonces en un hibakusha, o sea, un superviviente a la explosión nuclear. Vivió los horrores humanos y biológicos después de la bomba y en su vida fue desde vendedor de pianos a economista, pero se destacó como historiador.

Dedicó más de 30 años de su vida a investigar sobre la muerte de prisioneros aliados que estaban a 400 metros del epicentro, en el momento de la explosión. Logró llegar a identificar a 12 aviadores norteamericanos y a sus familiares en Estados Unidos y sus investigaciones fueron publicadas en Papers Lanterns o sea Papeles Linternas que fueran presentados en Naciones Unidas con el propósito de iluminar que las guerras no reconocen fronteras ni nacionalidades.

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Todos somos humanos” y merecemos el mismo respeto y las mismas honras (Shigeaki Mori)”

Incontables fueron las víctimas japonesas, pero este trabajo de Mori fue para enfatizar en sus propias palabras que “Todos somos humanos” y merecemos el mismo respeto y las mismas honras.

Por ello fue abrazado Shigeaki Mori, en la propia Hiroshima, ya reconstruida, en 2016, por el Presidente Barack Obama, en la única visita de un presidente norteamericano a la ciudad pulverizada en 1945, aunque sobrevivieran algunos árboles.

Y este historiador japonés acaba de morir en su propia ciudad, a los 88 años, luego de recibir el Premio Kiyoshi Tanimoto por la Paz en 2024 y poder dar voz a víctimas invisibles de las armas nucleares.

Quizás porque sin saberlo Mori hacía suyas las palabras de ese gran Maestro indio que fuera Krishnamurti que advertía sobre las falsas dicotomías y las conciencias humanas fragmentadas, en países, religiones, todo tipo de fronteras e ideologías diversas, olvidando que como dijera el Presidente Kennedy, luego de la crisis de los misiles cubanos: “finalmente todos respiramos el mismo aire”, del planeta Tierra.

Por ello a estas horas que se siguen escuchando clarines de guerra en diversas partes del globo, conviene seguir oyendo las voces que como Mori y anteriormente Gandhi y Mandela nos advierten que además de la destrucción posible hay una construcción que lleva años pero que es imprescindible sobre el amor y la amistad.

Y fue un momento apenas, un pequeño oasis en la áspera y siempre controvertida competencia del fútbol profesional.

Ocurrió hace algunos días, en el estadio de San Lorenzo de Almagro, llamado el Nuevo Gasómetro, en el Bajo Flores porteño.

Por la Copa Sudamericana, los Santos de Boedo, recibían al histórico Santos de Brazil, el equipo que hizo famoso el mítico Pelé, que jugara casi toda su carrera en el club sito en la ciudad del más grande puerto del país, que da su nombre al club.

Y lo curioso, que venía como capitán de ese equipo, uno de los jugadores más famosos del mundo, con sus 34 años y casi al final de su carrera, el que fuera también capitán de Brazil y jugara con Leo Messi y Luis Suárez en un inolvidable Barcelona y compartiera también con Messi y con Mbappé el PSG francés.

Neymar que ha sufrido múltiples lesiones en su ajetreada carrera y que no se ha distinguido por una conducta que desechara la noche de los boliches, ha mostrado una ética invencible en lo que se refiere a la amistad y a su bonhomía tradicional.

Cuando Argentina le ganó a Brazil en el Maracaná, con el gol inolvidable de De María la Copa América, el corrió a abrazar a su amigo Lionel Messi, capitán albiceleste.

Y la hinchada de San Lorenzo privilegió eso, lo recibió a Neymar como un amigo y lo despidió con una ovación, que tanto emocionó al tan célebre jugador brasileño, que agradecido y amable, terminó regalando a los jugadores argentinos, su camiseta y sus botines de fútbol.

Es una falla grosera no reconocer como humanos a los perdedores del sistema; esa fue la profecía de Thatcher: ‘sólo individuos, la sociedad no existe’”

Por un momento, este deporte dejó de ser el de los insultos y las provocaciones raciales, se convirtió en una competencia entre amigos y el resultado de 1 a 1, un justo empate, mostró también que el más popular de los deportes puede también ejemplificarse con la frase de “Ni vencedores ni vencidos”.

Porque como dijera el también ya célebre entrenador de nuestra selección Lionel Scaloni, finalmente el fútbol “no es más que un juego”, pero como sostiene nuestro novelista e historiador Eduardo Saccheri: “Tiene mucho que ver con la vida”.

Y creo que no es casual que en ese estadio flotara el espíritu del hincha más famoso de los cuervos sanlorencistas, el inolvidable Papa Francisco, que hizo de su pontificado un canto a la paz, a la tolerancia y a la amistad y que publicara una encíclica cuyo título es nada menos que Fratelli Tutti: Todos Hermanos.

Sin embargo, en un muy interesante reportaje que en el Diario Perfil Jorge Fontevecchia le realiza al Doctor en Ciencias Políticas Carlo Invernizzi Acetti, el panorama no se presenta del modo más optimista.

El investigador italiano señala la falta de representación en el sistema político. La falla grosera de no reconocer como humanos a los perdedores del sistema, dado que pareciera que se está cumpliendo a raja tabla, la profecía de Thatcher: “sólo individuos, la sociedad no existe”.

La división sería entonces entre perdedores e incluidos del Sistema. Sin embargo, el pensador reivindica la democracia, como dijeran Spinoza y Churchill, como el mejor de los sistemas para avanzar en este mundo diferente, con partidos políticos y sindicatos debilitados por igual, luego de ser los sostenes del sistema anterior.

El reemplazo lo ha sido por la tecnocracia, sostiene Invernizzi Accetti, o sea, por la abstracción de los números, las personas han pasado a ser daños colaterales del experimento político, a nivel local y a nivel global.

Y ello provoca la ira del resentimiento, del no reconocimiento; el cientista italiano recuerda que la Ilíada comienza con la palabra Ira, Homero dice que Aquiles está enojado porque Agamenón, el Rey, le ha despojado de una esclava, Briseida, que ha ganado en batalla, lo ha tratado como si no fuera griego, o sea, que la rabia, la ira, el resentimiento estalla al no ser reconocido, al no ser respetado.

Al pensar en movimientos como Me Too, o sea, Yo También, contra el acoso y la violencia sexual y Black Lives Matter, o sea, Las vidas negras importan, contra la discriminación; se trata también de reconocimiento, de dignidad, de honor.Lo mismo pasó con Stop ICE, o sea, Paren a la policía migratoria norteamericana, luego de las muertes en Minessota y el no respeto humano a los migrantes en USA.

Spinoza escribió en el siglo XVII que la amistad aumenta la potencia en acto de los seres humanos y si Fratelli Tutti o sea Todos Hermanos, pareciera una utopía de las mentes como Gandhi y Mandela en el siglo XX, que reproducen en el siglo XXI seres lúcidos como Mori y Neymar, dentro de sus limitadas posibilidades humanas.

Pero al recordar la simple, pero profunda frase de Mori explicando que “Todos somos humanos”, en esta hermandad de especie, hay que visibilizar la reflexión del inolvidable Eduardo Galeano; que la Utopía es como el horizonte, que al acercarnos se aleja, pero es imprescindible seguir caminando hacia él.

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