“No me conocen los jóvenes, no sé cuantas chances tengo de salir a competir en las elecciones presidenciales”, reveló a Clarín un posible candidato rumbo a las elecciones presidenciales de 2027. No es un dato menor. El rango etario de 16-35 años representa un poco más del 40% del electorado del país. Y son ellos los que podrían definir la elección.
Los candidatos, en general, hablan del “voto joven” en singular. Pero los adolescentes que harán su primera participación electoral, los veinteañeros que tuvieron sus primeras experiencias electorales durante la pandemia y los que ya pasaron los 30 años, no necesariamente votan igual, no consumen la misma información ni tienen las mismas preocupaciones.

“Lo que más me aleja de la política es la división que genera en la sociedad, como ciudadano prefiero optar por una mirada más pasiva y guardarme mi opinión para mí mismo. No lo sé con certeza pero espero que algún representante político entienda como vive alguien de mi edad y lo que necesita para su futuro”, expresa Máximo (19), estudiante de Comunicación Global en la UADE que vive en Lanús.
El 1 de noviembre de 2012, un día después de que el Senado sancionara la Ley N°26.774, Cristina Kirchner firmó un decreto y promulgó lo que se llamó la ley de “voto joven”, que establecía el derecho al voto optativo para jóvenes de 16 y 17 años. De esa manera la entonces presidenta habilitó a más de 600.000 jóvenes a participar de la elección legislativa de 2013. Originalmente eran 1,4 millones pero para entrar al padrón electoral debían actualizar su DNI.
El kirchnerismo como fuerza política intentó persuadir a los jóvenes al cambio de paradigma político. Junto con la modificación de leyes, el recurso de la igualdad, de la ciencia y el uso de la tecnología supo cautivar a una parte de ese electorado.
Si bien esa jugada no le permitió a su espacio político ganar ni en aquella elección ni en la siguiente cuando en 2015 Mauricio Macri le ganó a Daniel Scioli el balotaje presidencial, sí le dio a muchos de esos jóvenes la razón para comenzar a participar activamente en la política y de militar a favor de algunas causas que abrazaron al kirchnerismo.
“Después de 2013 el kirchnerismo pasó a ser parte del establishment, se volvió conservador y agotó la etapa de ampliación de derechos. Las campañas del peronismo se vuelven vinculadas al pasado y justamente los jóvenes no quieren volver al pasado”, explica Hernán Reyes, consultor especializado en estudios de opinión pública, estrategia y comunicación política
Casi 10 años después, Javier Milei, un economista outsider de la política hizo todo lo contrario: cautivó a los jóvenes con un discurso antipolítica que junto con la ayuda de las redes sociales, en especial de TikTok, se instaló rápidamente en el electorado con sus recitales, su slogan “La casta tiene miedo”, el uso de la motosierra para recortar gastos inútiles de la política y el concepto de libertad abarcado a todo el espectro social. Ya en 2021, cuando asumió su banca en la Cámara baja, el economista había llegado a la política pocos meses después de la extensa cuarentena del Covid, donde muchos jóvenes se sintieron privados de su libertad. Milei supo capitalizar ese mensaje y dos años más tarde ganó las elecciones presidenciales.
Ausentismo y partidos políticos
De acuerdo a la Cámara Nacional Electoral el porcentaje de ausentismo en las elecciones generales entre jóvenes de 18 a 30 años fue fluctuando los últimos años. Durante la pandemia, por ejemplo, el ausentismo en ese grupo llegó al 28%. En 2023, cuando Javier Milei ganó la presidencia, bajó a 22%. En esos comicios votó el 68,6% de los jóvenes de 16 y 17 años, el porcentaje más alto desde la sanción de la ley en 2012.
El año pasado durante las elecciones legislativas el padrón electoral incorporó a 1.139.000 jóvenes de 16 y 17 años. En paralelo, entre los jóvenes de 18 a 30 años el ausentismo trepó al 34,5%. Más de un tercio de ese padrón decidió no ir a votar. Es decir, la política en su conjunto ya podía olfatear el descontento general de esa porción de la sociedad no solo con la oferta que había de candidatos, sino también la falta de identificación partidaria y como una manera de rebelarse al sistema político.

“Hoy ningún partido me representa; veo a la política toda dividida y a cada uno en la suya en vez de juntarse para sacar el país adelante. Te prometen de todo para que los votes y, cuando llegan al poder se olvidan de la gente. Prefiero mirar a la persona y sus propuestas antes que a un espacio político. Si hay una causa que está buena la apoyo, pero sin meterme en ningún partido”, reflexiona Lucas (24) de Formosa, que vive actualmente en la Ciudad y está por emigrar a Francia con una visa de trabajo.
Según un relevamiento de la Cámara Nacional Electoral apenas el 7,2% del total de los afiliados a partidos políticos tiene entre 18 y 30 años. Entre los adolescentes de 16 y 17 años, en cambio, sólo el 0,01% está afiliado a un partido. Sin embargo, a diferencia de otras generaciones, los jóvenes se involucran en la política de otras formas y no necesariamente a través de sus partidos. Una encuesta realizada en 2023 por Cippec y Unicef a más de 1.100 jóvenes de 12 a 24 años reveló que el 52% declaró haber realizado alguna actividad política o comunitaria el último año a través de la militancia, centros de estudiantes o en las redes sociales.
“Podría votar y he votado candidatos de distintos espacios políticos. Pero no me afiliaría a ningún partido porque no es de mi interés ese tipo de militancia”, agrega Máximo (19).
Legisladores sub 30
Pese al peso electoral de los menores de 35, la representación generacional en el Congreso es mínima. Apenas tres legisladores tienen menos de treinta años. De los 329 que hay entre diputados y senadores, sólo tres son jóvenes. Y, curiosamente, pertenecen al partido político de Milei: Agustín Pellegrini es el más joven del Palacio Legislativo. Tiene 25 años e ingresó como diputado tras encabezar la lista oficialista en la provincia de Santa Fe. Es, además, vicepresidente del partido libertario en su provincia. La diputada Valentina Ravera, también de 25 años, se dedica a cuestiones vinculadas a la reforma del sector público. Rocío Bonacci tiene 28 años y también viene de Santa Fe.
Juan Godoy, también de La Libertad Avanza, es el miembro más joven de la Cámara alta, donde asumió como senador representando a la provincia de Chaco con 30 años, el límite institucional que permite la Constitución.
“El de los jóvenes en general es un segmento más desinteresado por la política. En el caso de Milei fue el segmento que le dio el triunfo electoral. Tuvo una diferencia muy importante respecto a los otros espacios políticos y sigue siendo el espacio donde está mejor evaluado Milei de la misma manera que está mejor evaluado en hombres que en mujeres y en niveles económicos medios y altos respecto a los bajos”, subrayó Federico Aurelio, Presidente de Aresco.
Un estudio de agosto 2026 de la Universidad de San Andrés -sobre una base de 1000 casos- reveló que los Gen Z (menores de 30 años) son los que menos desaprueban al Gobierno de Javier Milei (37%) pero no varía con otras generaciones en cuanto a su aprobación (11% para apruebo mucho y 25% para apruebo algo) con números similares a los Gen X (46-61) y los Boomers (mayores de 62) son los que más aprueban la gestión.
Asimismo, el estudio muestra algo que a ciencia cierta no ha cambiado desde 2023 hasta hoy: los hombres (39%) son los que siempre han aprobado más a Milei que las mujeres (31%). La encuesta también consultó en prospectiva y pensando hacia el futuro cómo creían que iba a estar la situación del país dentro de un año. Los Gen Z son los más esperanzados en comparación a las otras generaciones. Un 29% cree que va a estar mejor, un 25% igual y un 33% peor. El resto creía que iban a estar más mal que bien. Además, los jóvenes son los que más piensan que están mejor o igual que el año pasado. Con lo cual, si el Gobierno observa estos números puede plantear su estrategia electoral en la esperanza que los jóvenes tienen sobre su mandato.
Respecto a si las elecciones fueran hoy, el grupo conformado por Gen Z votaría más a La Libertad Avanza (27%) que al peronismo (21%) mientras que los millennials volcarían más su voto al peronismo (27%) que a la Libertad Avanza (24%). Es decir, lo que este estudio confirma es que dentro del rango etario de 16 a 30 años sus comportamientos varían. No piensan lo mismo de la situación política, económica y social. Sus consumos no son similares. Tienen distintos lenguajes, utilizan otras palabras e incluso se comunican a través de distintas redes sociales. Los streaming, por citar un ejemplo.
“Ningún político habla de las cosas que nos pasan a la gente común en el día a día. Lo único que hacen es pelearse entre ellos por el poder, mientras los demás tratamos de llegar a fin de mes. No creo que entiendan cómo vive alguien de mi edad porque son los mismos de siempre, gente con plata que no conoce esa realidad”, confiesa Lucas (24)
Por otro lado, el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora mensualmente la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) registró en julio una disminución del 6,5% respecto al mes anterior, ubicándose en 1,94 puntos sobre una escala de 0 a 5. El informe elaborado por Poliarquía Consultores detalló que el mayor descenso se ubicó en la franja de 18 a 29 años, precisamente hombres habitantes del GBA, quienes poseen instrucción primaria y quienes fueron víctimas de delito en los últimos 12 meses. ¿Serán la economía y la inseguridad las principales razones por las que esa franja se alejó del Gobierno?
Los políticos deberán estudiar de qué manera llegar a ellos, teniendo en cuenta estas brechas comunicacionales que hay entre un adolescente de 16 y un joven de 35 años. Milei conserva una ventaja relativa en parte de ese universo, pero la caída de la participación muestra que tampoco puede darlo por propio.
“En términos de participación los espacios políticos aún no activaron a los votantes para que se sientan atraídos para ir a votar. Es muy interesante lo que está pasando con la juventud, el segmento joven tiene comportamientos distintos. Una cosa son los adolescentes de 16 a 20 años, que tienen un comportamiento, una mirada y un idioma y otra cosa los mayores de 30 años”, analiza Juan Germano, Director de Isonomía.
Quizás el dilema de los candidatos no sea solamente que los jóvenes no los conocen, sino que ellos no conocen a quienes pretenden representar.