La renovación del swap con China no fue una sorpresa. Pero, representa mucho más que un respiro financiero para el Gobierno: consolida una maniobra geopolítica de largo plazo. Mientras la administración libertaria hace gala de su alineamiento irrestricto con Estados Unidos, la necesidad de sostener la estabilidad cambiaria obliga a un pragmatismo de gestión que el gigante asiático sabe capitalizar en su silenciosa disputa global contra el dólar.
Con un nivel de reservas brutas que ya supera los USD 50.000 millones, el peso del acuerdo de monedas es estructural, ya que representa casi el 40% del total de las tenencias argentinas. A diferencia del swap con el Tesoro estadounidense, que el ministro de Economía, Luis Caputo, reserva para situaciones de emergencia cambiaria, el pacto con Beijing le garantiza a la conducción económica mantener un nivel de reservas robusto para que el mercado no perciba señales de debilidad. Incluso, llegado el caso, el tramo activado por USD 5.000 millones también le otorga el poder de fuego necesario para intervenir directamente en el mercado y contener al dólar.
La extensión a un lustro, entonces, tiene como objetivo blindar el acuerdo de los recurrentes vaivenes políticos argentino, señalaron fuentes que estuvieron en gestión y tienen conocimiento del funcionamiento del intercambio monetario. Pero a la vez, para el gobierno chino, renovar y alargar el swap incluso frente a una administración abiertamente pro estadounidense es una jugada estratégica. El objetivo de fondo es la internacionalización del renminbi. “No es algo que ocurra de un día para el otro. es una mirada confuciana: ‘El hombre que mueve una montaña comienza llevando pequeñas piedras'”, analizó para PERFIL una fuente con vínculos estrechos con el país oriental.
La disputa global de las monedas
La pelea de monedas está a la vista. Durante el 2025, impulsado por la presión abierta de Donald Trump para forzar una baja en la tasa de interés de la Reserva Federal (Fed), el dólar estadounidense sufrió un marcado debilitamiento. El Índice Dólar (DXY) —el termómetro que mide a la divisa norteamericana frente a una canasta de seis monedas clave— anotó una contracción de entre el 8% y el 10%, lo que significó su peor desempeño semestral y anual desde 1973. Ya en este 2026, la cotización logró estabilizarse, pero sin recuperar sus niveles previos.
En la vereda opuesta, el yuan traccionó al alza. Luego de cotizar en niveles de debilidad por encima de las 7,30 unidades por dólar durante los picos de tensión comercial del año pasado, la tendencia se revirtió con fuerza. El yuan rompió la barrera psicológica clave de los 7 por dólar y, en los últimos doce meses, acumula una apreciación superior al 6% frente a la divisa estadounidense, ubicándose de forma consistente en la zona de las 6,75 unidades.
Apalancado en su economía marcadamente superavitaria en exportaciones, China logró expandir el uso de su signo monetario a niveles récord. Más del 30% de su comercio de bienes y el 53% de sus pagos transfronterizos totales se liquidan directamente en yuanes. Por primera vez en la historia económica moderna, la utilización de su propia moneda superó al dólar en las operaciones internacionales del gigante asiático.
El cerco normativo de Estados Unidos
En Argentina, la apuesta de la administración de Donald Trump es establecer un cerco normativo sobre las inversiones estratégicas locales para frenar la expansión china. La letra chica del acuerdo comercial firmado durante el verano tiene un foco específico puesto en los recursos del Triángulo del Litio y en el desarrollo de infraestructura crítica.
El documento selló un compromiso de la gestión de Javier Milei para aplicar un mecanismo de “fast track” a los proyectos de capitales estadounidenses a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Además, otorga a Estados Unidos una prioridad explícita como socio comercial frente a aquellas “economías que manipulan el mercado”. A cambio de este acceso preferencial y del potencial financiamiento de entidades como el EXIM Bank y la Corporación Financiera de Desarrollo (DFC), el país aceptó condicionamientos severos. El Gobierno argentino accedió a imponer restricciones en las áreas tecnológica y nuclear, alineando sus controles de exportación y estándares a la seguridad nacional de los Estados Unidos. Particularmente sensible es la sección 10 del acuerdo, que establece la obligación de fortalecer la seguridad energética mediante la reducción de la dependencia de “actores no de mercado”. Se trata de un claro eufemismo diplomático dirigido a obturar los negocios con China.
El Banco Central renovó el swap de monedas con China por cinco años
Además, quedó expuesto con la llegada secretario del Tesoro Estadounidense Scott Bessent a la Argentina en abril de 2025, cuando dijo que el presidente Milei tiene el firme compromiso de sacar a China de la matriz económica nacional.
“Tienen un swap de crédito de 18.000 millones de dólares en yuanes. Argentina, bajo el anterior gobierno peronista, obtuvo 5.000 millones de dólares, y esa cantidad seguirá pendiente”, detalló Bessent. Y planteó: “Creo que, a medida que esta administración mantenga su política económica inflexible, deberían eventualmente tener suficientes entradas de divisas para poder pagarlo”.
El pragmatismo y las misiones a Beijing
Aún así, a lo largo de la gestión, las misiones silenciosas encabezadas por el titular del BCRA, Santiago Bausili, y su equipo económico fueron determinantes para viajar a China y destrabar las tensas negociaciones por el swap. Ahora, la expectativa está puesta en la confirmación de los detalles del viaje a Beijing que el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, anticipó que podría realizar el propio presidente. Un gesto que pide el sector privado chino en Argentina y también el propio gobierno de Xi Jinping.
AM/DCQ