“¿Los argentinos están dispuestos a perseverar?”, le preguntó Kristalina Georgieva a Liliana Franco en medio de la conferencia de prensa conjunta con Luis Caputo el lunes en el Ministerio de Economía. Es la pregunta que tendrá una respuesta contundente el año que viene, el día que se elija un nuevo presidente. El interrogante planteado por la directora gerente del Fondo Monetario Internacional refleja la noción clara que existe en el organismo de las consecuencias que el ajuste de la economía está teniendo sobre la población. Para abundar en esta línea, Georgieva dejó asentada en su blog su conversación con Marina, la maquilladora que la asistió durante su breve estancia en la Argentina, quien le dijo que tiene tres trabajos y de lo difícil que está la vida aquí, a pesar de lo cual “ expresó su esperanza de que el país mantenga el rumbo”.
La Directora Gerente agregó que en cada uno de los distintos sitios que visitó tuvo la ocasión de hablar con personas que tenían una mirada de más largo plazo. Sobre esto hay que señalar que los lugares que visitó fueron muy pocos y que, uno de ellos, es Vaca Muerta en donde el boom de la explotación petrolera se expande día a día. En su pasaje relámpago a Vaca Muerta, Georgieva “olvidó” pasar por Añelo, la ciudad que alberga a quienes trabajan en los distintos yacimientos. Hubiera visto los significativos déficits de infraestructura y servicios que tiene el lugar, fruto de la falta de una adecuada política poblacional responsable por parte de las autoridades provinciales y nacionales y –hay que señalarlo– de muchas de las empresas allí radicadas. Y, en ese tren de acercamiento a la heterogénea realidad de nuestro país, hubiese sido igualmente útil que pudiera haber visitado alguna de las zonas del conurbano bonaerense para darse cuenta que la realidad allí es totalmente distinta. El futuro para muchos de ellos es una entelequia porque el desafío es cómo sobrevivir. Y cuando lo único que cuenta es sobrevivir, hablar de largo plazo es una quimera.
El proyecto de ley de reforma de la carta orgánica del Banco Central que Javier Milei presentó por medio de la Cadena Nacional de Radio y Televisión es parte de la campaña electoral a la que el Gobierno está lanzado. El proyecto –inentendible para la mayoría de la población– no ameritaba semejante despliegue. El tema es de un tecnicismo tal que hubiera bastado una presentación en una conferencia de prensa abierta a preguntas. La susodicha cadena amerita algunas reflexiones a la luz de algunos aspectos curiosos y contradictorios que exhibe el oficialismo. El primero es el uso de los medios públicos a los que La Libertad Avanza denostó intensamente durante la campaña electoral de 2023. El Adornigate dejó expuesta una conducta reprochable de contratación de personas amigas para ocupar espacios en la Televisión Pública. El segundo dato a recordar es que, el Presidente, había anunciado en su campaña electoral que iba a dinamitar el Banco Central. La realidad siempre se encargó de mostrar que esa era una promesa vana de campaña y nada más. Y el tercer hecho absolutamente contradictorio fue hablar de la independencia de la entidad teniéndolo sentado a la derecha de la escenografía a Santiago Bausili, actual presidente del organismo, una imagen que no hablaba precisamente de independencia. También fue una contradicción tenerlos sentados ahí a Luis Caputo y Federico Struzenegger. Todos los periodistas recordamos aquella conferencia de prensa de diciembre de 2017 en el que el entonces presidente del BCRA, Federico Sturzenegger fue eyectado de su poltrona y reemplazado por el entonces ministro de Finanzas, Luis Caputo (sic).
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A este anuncio de campaña lo acompañó en la semana el anuncio –cuántos anuncios– de que los extranjeros que realicen o promuevan expresiones de odio contra los argentinos serán deportados inmediatamente del país. Esto –que es humo– pretende subirse a los coletazos que dejó el Mundial. Es un aporte del Gobierno a la demagogia y el populismo del que tanto dice aborrecer. Todo es tan impulsivo en el Presidente que no advirtió que, si esas mismas medidas se le aplicaran a él, tendría vedado el acceso tanto Brasil como a España, lugares a los que viajó últimamente. Las conductas de Javier Milei son de una imprudencia mayúscula. No termina de comprender que el rol de su investidura –es un jefe de Estado– hace que sus exabruptos tengan el potencial de generar consecuencias negativas que afecten las relaciones entre las naciones y perjudiquen a mucha gente. Desde este punto de vista, Milei es un irresponsable.
En vista al año electoral, a LLA la ayuda enormemente el desquicio que se vive dentro del peronismo. La renovada embestida judicial de Cristina Fernández de Kirchner en pos de revertir su condena, muestra su afán desesperado por retener el poder dentro del peronismo, en donde se asiste a un verdadero desaguisado. Este desquicio es producto de la ambición irrefrenable de “la condenada” –como ella misma se definió–, que no se resigna a aceptar que su tiempo ya pasó, de su enojo cada vez más visceral con Axel Kicillof y a la carencia de nuevos dirigentes con liderazgo dentro partido justicialista. Su objetivo, pues, es neutralizar o anular cualquier posibilidad del gobernador bonaerense de ser ungido como candidato a la presidencia. Como se ve, la capacidad de hacer daño de CFK sigue intacta. Es, al fin y al cabo, una de sus especialidades.