Las dos únicas visitas de un Papa a la Argentina: 1982 y 1987

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Las dos únicas visitas de un Papa a la Argentina: 1982 y 1987

La dictadura decía: “¡Vamos ganando!”, pero la derrota era inminente. Una multitud estimada en dos millones de personas apiñada en derredor del Monumento a los Españoles, en los bosques de Palermo, clamaba el 12 de junio de 1982 por el fin de la guerra de Malvinas“¡Queremos la paz! ¡Queremos la paz!”, coreaba. En un imponente altar, Juan Pablo II estaba terminando una visita relámpago al país de 36 horas para acompañar a los argentinos en el doloroso trance. No faltaron, sin embargo, quienes consideraron que el pontífice había venido para presionar una rendición de la Argentina y de crear en la población un clima favorable a la claudicación. Fue la primera vez que un Papa visitó la Argentina.

La historia de ese viaje comienza en 1980 con la decisión de Juan Pablo II de visitar Gran Bretaña, viaje que la Santa Sede fijaría entre el 28 de mayo y el 2 de junio de 1982. Pero dos meses antes se produjo un hecho inesperado: el desembarco argentino en las islas. La circunstancia puso en aprietos al Vaticano. ¿Debía el Papa ir igual a Gran Bretaña y correr el riesgo de que ello se interpretara como un favoritismo hacia los ingleses? ¿Y en desmedro del la décima nación en cantidad de católicos y, por entonces, parte en una crucial mediación papal por un conflicto limítrofe con Chile?

Juan Pablo II, en 1987 en la Argentina. Foto: Archivo Clarín.

La suspensión del viaje a Gran Bretaña conllevaba dos problemas: uno político otro ecuménico: por un lado, un incidente con el gobierno británico y, por el otro, con la Iglesia anglicana -separada de Roma hace casi 500 años- y con la cual Juan Pablo II estaba intentando un acercamiento. De hecho, las autoridades eclesiásticas católicas y anglicanas del Reino Unido le pidieron al Vaticano que no se suspendiera la visita, alertados de que había sectores antibelicistas que estaban presionando para que no fuera. Paralelamente, los obispos argentinos habían comenzado a enviar mensajes a Roma en el sentido de que si iba a Gran Bretaña debía también visitar la Argentina.

En vísperas de su partida a Londres, el Papa tuvo un gesto hacia la Argentina que reveló el cuidado que estaba poniendo en el vínculo la diplomacia vaticana. Con motivo de la celebración del 25 de Mayo le envió una carta a “los fieles argentinos”. Allí les explicaba que “la cancelación del viaje (a Gran Bretaña) sería una desilusión no solo para los católicos, sino también para muchísimos no católicos que lo consideran importante también por su significado ecuménico, en alusión a los anglicanos. Tras destacar que la visita era “estrictamente pastoral y en ningún modo política”, se manifestaba “hondamente preocupado por la causa de la paz”.

Al día siguiente se anunció su visita a la Argentina, que incluiría una misa en el santuario de la Virgen de Luján, más la otra junto al Monumento de los Españoles. También tendría una breve reunión con el presidente de facto, Leopoldo Galtieri.Galtieri también afirmó que el viaje papal perjudicó a la Argentina en su conflagración con el Reino Unido. “Es evidente que su presencia, en los momentos trascendentales nos perjudicó”, señaló. Pero no explicó ni cómo ni por qué. Y consideró que el pontífice debió suspender su viaje a Londres. En cambio, reconoció que el cardenal Raúl Primatesta -a quien Juan Pablo II escuchaba mucho-, llevó a Roma la inquietud de la Iglesia argentina en el sentido de que el Papa no podía aparecer avalando con su presencia en Gran Bretaña la posición británica y que entonces decidió venir.

En aquellos días el diario vaticano L’Osservatore Romano, tratando de despejar cualquier especulación política, escribió: “La visita relámpago del Papa a Buenos Aires es un viaje de paz”. Mientras que Juan Pablo II dijo a poco de dejar el país: “No se dude en buscar soluciones que salven la honorabilidad de ambas partes y restablezcan la paz”. Más allá de su anhelo, si el Papa no hubiera ido a Gran Bretaña quince días antes, no habría venido al país en ese momento. Hubiera cumplido con la tradicional “visita pastoral” a todos los países, que finalmente realizó en la Argentina en 1987.

La segunda visita, en 1987

Ese año, Juan Pablo llegó a la Argentina con un fuerte resfrío, decidido a cerrar la Jornada Mundial de la Juventud en la Ciudad de Buenos Aires.Aquella visita de Juan Pablo II en 1987 fue programada y duró seis días, luego de haber pasado también por Uruguay y Chile.

El Papa aterrizó en el aeroparque Jorge Newbery y en la pista fue recibido por el presidente Raúl Alfonsín, acompañado por su esposa María Lorenza Barrenechea.

El papa polaco se subió al “Papamóvil” y tras un paso por la Nunciatura porteña, fue a la Casa de Gobierno, donde volvió a verse con Alfonsín y salió al balcón de la Rosada, desde donde saludó a la multitud que se había reunido en la Plaza de Mayo.

Además de la Ciudad de Buenos Aires, el Papa visitó en Bahía Blanca, Tucumán, Corrientes, Viedma, Mendoza, Córdoba, Salta, Paraná y Rosario. Había llegado el lunes 6 y el sábado 11 estuvo al frente del Encuentro con los Jóvenes y en la mañana del domingo, uno muy especial para los católicos porque era “domingo de Ramos”, el previo a la Pascua, encabezó la jornada Mundial de la Juventud desde un altar ubicado en 9 de Julio y Santa Fe. Se estima que lo siguieron en el evento en vivo más de más de un millón de personas. Desde aquel día, ninguno de los sucesores de Juan Pablo II -ni siquiera Francisco, que dejó Buenos Aires para participar del cónclave que lo consagró en Roma y nunca regresó- visitó el país.

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