La fiesta de 15

24 Min Read
La fiesta de 15

Hay pasillos y pasajes tendidos de papel, propaladoras de ideas y epifanías. Mesas y ediciones de colores y tamaños adaptados a todos los bolsillos en la edición celebración de la Feria de Editores (FED), que hoy finaliza en Chacarita con números alentadores. De un lado se vocean decenas de novedades de más de 330 sellos de América Latina y España, y del otro, visitantes por primera vez de la FED que quieren seguir la conversación, a través de los libros, que inició el viernes la invitada mexicana Socorro Venegas sobre la memoria y que ayer la charla con Mauricio Kartun hizo de ese músculo un organismo vivo, más vivo y combativo que nunca. Que hoy promete un debate intenso en la mesa “Un mundo de sensaciones derechosas”, en un auditorio convencido que es una cuestión de vida o muerte oponerse a los totalitarismos sociales o económicos, tanto si vienen impuestos desde afuera o desde adentro. “La FED Argentina es un proyecto pionero que nos ha mostrado el valor de la edición independiente en América Latina. Son tiempos muy delicados para el árbol profundo y generoso del libro. Más que nunca, se necesita de las y los lectores para hacer saber a los gobiernos que es fundamental apoyar la cultura escrita. Que seguimos necesitando, como decía Lorca, ese medio pan y un libro; y de qué modo su carencia nos revela el porqué atravesamos hoy una crisis civilizatoria”, acota entre el bullicio del C Media la prestigiosa editora y escritora Venegas, directora de Publicaciones y Fomento Editorial de la Universidad Nacional de México.

Mientras en el stand siguiente las bibliotecas y librerías que accedieron a un descuento del 50%, y envío gratis hasta 200 kilómetros, retiran cajas de libros que son nuevas cartas de amor, algunos preguntan por los nuevos autores y editoriales que se discutieron en las jornadas de traducción, y las editoriales de las provincias conversan con los editores invitados de España, Francia, Italia, Rusia y Suecia. “La Fed es una feria con mística, la mística que tiene leer, que tienen los libros y vivir la vida como lectores, y la que le ponemos todos desde distintos oficios y disciplinas artísticas e intelectuales al noble arte de hacer libros. Por eso es una de las ferias más hermosas del mundo”, redondea Maxi Papandrea, editor de Sigilo, que entre las maravillas recién salidas de imprenta se encuentra Una exposición de Ieda Magri, junto a un acontecimiento editorial: “nuestra novedad más importante este año es la reedición de Donde yo no estaba de Marcelo Cohen, una novela de mil páginas que estamos muy orgullosos de haber publicado, porque es la obra cumbre del gran escritor argentino”.

Por su parte, Martín Kohan, María del Carmen Rodríguez y Jacobo Zanella, en la mesa organizada por Godot, Cactus y Gris Tormenta, descosieron la mitología borgeana, y viendo pasar a Julieta Venegas y Natalia Rodríguez Simón para charlar de literaturas, infancias y orillas, en el encuentro coordinado por Blatt & Ríos y La Pollera, resuenan las palabras de Socorro Venegas: “se puede ver a través de los catálogos vivos de las editoriales independientes del continente la diversidad cultural de toda una región que comparte una lengua, pero también podemos encontrar proyectos muy dignos en los que resuenan las lenguas originarias. Esto es imprescindible que siga ocurriendo, que no olvidemos que más allá de las actuales fronteras geopolíticas, el corazón de nuestra región es Abya Yala”. Y sale disparada la ensayista híbrida de Leche de silencio (Páginas de Espuma) hacia las escaleras para escuchar “La sensibilidad y el territorio. Crecer en la frontera”, parte del ciclo de charlas gratuitas en estos cuatro días, al igual que acceso a la FED –entradas por Passline–, y que cierra hoy con “Editar el pasado para gobernar el presente” de la historiadora Camila Perochena.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Los últimos, los primeros, todos FED. “He vivido la FED desde su inicio como lector. Es mi mundo, y es el mundo de las miles y miles de personas que llenan los corredores cada año. Leer es una actividad solitaria y silenciosa, pero a la vez es el libro crea comunidades a través del espacio y el tiempo. En la FED nos juntamos todos y vivimos esa comunidad en carne viva”, arranca Andrés Hax, editor de la flamante Queequeg, que ya se anotó el bombazo de traducir al español Luckenbooth de Jenni Fagan, la escritora y artista que admiran desde Irvine Welsh a Mariana Enriquez, y de quien preparan una grata sorpresa.

“La FED se ha convertido en la Meca de editoriales independientes argentinas y es la síntesis de este mundo, infinito como un Aleph”, sostiene Hax, y el editor Maxi Papandrea de Sigilo recuerda: “nuestra primera FED fue inolvidable. Era en el primer año de la editorial y en una de las primeras ediciones de la feria (creo que la segunda en 2014): acabábamos de lanzar Sigilo, que por entonces tenía otro nombre, y como éramos amigos de los organizadores, nos ofrecieron a último momento un rinconcito en el salón de la radio La Tribu. Teníamos para ofrecer un solo libro publicado y todo el orgullo de haber conseguido fundar la editorial. Fue la primera feria en la que participó Sigilo, antes de espacios más grandes como la Feria del Libro de Buenos Aires, y significó un imponderable aprendizaje. Siempre me da mucha felicidad participar de la FED. Es el mejor momento del año, cuando recibimos de manera más clara y espontánea la reacción que tienen los libros que publicamos en nuestros lectores. Se acercan personas entusiastas, o dispuestas a escuchar recomendaciones, o a contarnos la experiencia que tuvieron con tal o cual libro. Quedamos agotadisimos pero contentos”, cierra Papandrea. A unos centímetros, los libreros nominados a la Mejor Labor Librera, de Mar del Plata, Bariloche, Córdoba y Buenos Aires, preparan los planes para celebrar en Vorterix los quince de la FED y los libros que parten rutas y mentes.

“La primera vez que participamos había una tormenta épica en Buenos Aires, estábamos en el bar de la Radio La Tribu. Éramos en total quince editores con nuestros pequeños catálogos. Incluso en esa escala, el espacio se llenó de visitantes”, ríe Raquel Franco de Pequeño Editor, que en medio de sus novedades muestra la novela para niños/as Influencio versus Fomo, en colaboración con la ONG Chicos Net. Y profundiza la directora del sello que en 2015 fue reconocido el mejor de Latinoamérica por la Feria de Bologna: “la FED propone cierta igualdad de condiciones de exhibición para todos. Hay un espacio de mucha camaradería y gusto por compartir. En relación con los lectores, es uno de nuestros espacios favoritos, porque vienen los chicos y las chicas, se paran frente a la mesa y empiezan a decir late, late, late, como si fueran figuritas de un álbum, y se llevan los libros que aún no leyeron. Ellos y sus padres son conocedores, tienen juicios claros sobre los libros, saben qué historias prefieren, cantamos las canciones y hablamos de los personajes. Para los editores independientes, la FED nos dio la oportunidad de encontrarnos con un público lector, de construir una interlocución directa y profunda”.

FED se piensa. “La FED es un espacio muy importante de renovación cultural, literal e intelectual. Y en cierto sentido uno puede ver a la FED tanto como un emergente, que no es natural, que no es evidente, que no es espontáneo, sino que hay un trabajo muy ordenado, sistemático y con mucha inteligencia de un grupo de gente que está atrás, pero también es un emergente. Quiero decir, hay un universo de editoriales independientes que a lo largo de una década y media, de dos décadas, se estuvo desarrollando y la FED lo que hace es montarse sobre ese movimiento, ordenarlo y al mismo tiempo motorizarlo, dinamizarlo e internacionalizarlo”, analiza Alejandro Dujovne, investigador del Conicet y de la Universidad Nacional de San Martín, y quien junto a los organizadores realiza regulares estudios de públicos y editores de la feria. Con estos datos puede afirmar entonces que la FED “no es solamente un reflejo del auge de las editoriales pequeñas, sino también es un momento que le permite afirmarse, que le permite socializar ideas, socializar información, profesionalizarse y, en ese sentido, ganar volumen, ganar densidad, ganar presencia a esa franja editorial. La FED llena un triple rol de vidriera, profesionalización y comercialización a distintos mercados”, enfatiza.

“La FED no es una alternativa al mercado. La FED es parte del mercado. El tema es qué entendemos por mercado”, señala el ensayista premiado por Una historia del libro judío. La cultura judía argentina a través de sus editores, libreros, traductores, imprentas y bibliotecas (Siglo XXI). Y agrega: “Lo que hace la feria es lograr que editoriales pequeñas y medianas, que en términos generales llamamos independientes, consigan participar del mercado ¿Pero qué significa que participen del mercado? Que puedan colocar sus libros en librerías, que sus libros se comercialicen, que sus autores se conozcan, que esas editoriales no solamente sobrevivan, sino que puedan reinvertir en nuevos títulos, proyectarse al mercado internacional, etcétera. Entonces, participar del mercado no es malo, sino todo lo contrario. La cuestión es qué mercado estamos construyendo. Yo creo que la FED lo que hace es democratizar e incrementar la calidad de ese mercado”.

En ese sentido la Cátedra FED, la novedad de esta edición, un ciclo presencial de formación profesional diseñado para fortalecer el ecosistema del libro, reúne a profesionales de la talla de Javier López Llovet, Rosario Pozo Gowland, Ana Hevia & Pablo Krymkiewicz, Fernando Fagnani, Sol Garrós y Carlos Díaz. Este último, director general de Siglo XXI, asegura que es un aporte muy interesante porque el oficio del editor sigue siendo eso, un oficio, y el trabajo del editor sigue siendo un poco artesanal. Hay algo que me parece se transmite charlando y trabajando entre nosotros. No existe un manual. Vos podés ser un gran editor y publicar libros espectaculares; ahora, si el diseño es horrible, si la comercialización es mala, si la comunicación es deficiente, jodés hasta el mejor proyecto editorial, y creo eso pasa también cuando no sos capaz de pensar justamente un buen título, que es el tema de mi disertación. En el título tenés la columna vertebral de la exhibición del libro y la comunicación del libro. Nada menos”, adelanta quien compartió en la mesa de su editorial nuevos títulos de Claudia Piñeiro, Marcela Ternavasio y una muy esperada reedición de Beatriz Sarlo.

Ley, ¿para qué? La FED cerró filas, junto a la impensable unión de las librerías independientes y las grandes cadenas, ante la avanzada oficialista de derogación de la Ley 25.542, que establece el precio uniforme de venta al público. Dujovne no duda: “es un contexto muy malo hoy, estamos en una muy mala coyuntura para el libro argentino por altos costos, dificultades logísticas y oligopolio del papel, y que sería aún peor si se derogara la ley. A eso hay que dejarlo claro. Porque es un mal momento del libro argentino, no por la vitalidad, el dinamismo, la diversidad y la calidad que se produce, que eso está garantizado, sino porque tenemos un mercado en los sectores medios muy deprimido, que es el principal comprador de libros. No tiene que ver con la irrupción de lo digital, inteligencia artificial, eso incide, pero no del modo en que estamos viendo la caída del consumo de libros. Aparece un fenómeno estrictamente económico en el país porque los datos internacionales muestran que no está pasando eso en otro lugar donde la economía funciona. Entonces hay que también dejarlo muy claro para no confundir”. Para esta edición de la FED no hubo confusión y Trabajo fue el tema del libro regalo, en momentos en que algunas medidoras como el CELAG –Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica– estima en un 81% la pobreza contra menos del 50 del INDEC, y que cayó en los diez ensayistas y escritores que por primera vez participaron, elegidos de más de 500, de un concurso abierto.

Quien tampoco parece estar confundido es Carlos Díaz: “creo que nuestra editorial con filiales en España, México y Argentina no existiría tal cual es hoy, tendría otra forma, seguramente sería una editorial más pequeña, menos potente, con menos presencia, sin una ley de precio único. Las consecuencias de la derogación de la ley serían la mayor concentración en Mercado Libre, Amazon y las grandes cadenas como el caso mexicano, donde cuatro cadenas fagocitan prácticamente el 100% de la venta. Obviamente en ese tipo de librerías es mucho más difícil que editoriales de la bibliodiversidad como Siglo XXI, o las que tenemos en mesas aledañas de la FED, tengan buena presencia. Ni hablar que nosotros necesitamos de la existencia de las cientos de librerías argentinas, donde tienen excelsos libreros, y eso marca una diferencia enorme para editoriales que no se guían solamente por criterios comerciales. Es fundamental y estratégico que la ley siga vigente y no se derogue”, dispara.

Para ti, hermano-libro, estos hombres/mujeres-libro confabulando entre cientos de volúmenes, mesas y voces entintadas, palpables y sensibles, para nada salidos de alguna distopía a lo Bradbury ni del celuloide de Puán. Un reconocimiento a los miles de hacedores y guardianes de esta comunidad FED, que protege el futuro que está por escribirse. Hasta parapetarse lo bastante en la agonía actual como para ser sostén y alba de la identidad.

“La FED es comunidad”

M.O.

“Yo fui a la primera FED en la FM La Tribu”, se repite en las primeras reacciones que se colgaron en las redes apenas difundieron las fechas 2026 y, muchas, que se correspondían a editores/lectores que estuvieron entre los 300 asistentes para quince editoriales de 2013, en la radio de cuna universitaria. “Creo que lo más interesante de la Feria de Editores en estas quince ediciones es el crecimiento de las editoriales que lograron subsistir en ese tiempo. Cómo fueron ampliando su catálogo, cómo lo fueron delineando, cómo se revalorizó la figura del editor”, arranca a la hora de los balances Víctor Malumián, gestor del encuentro cultural que se podría subrayar epítome de la Nueva Edición Argentina, y agrega: “me acuerdo que casi con la FED nace Sigilo y hoy es una editorial prestigiosa en el mundo del libro en español. Pienso también a Godot en la misma situación, que dirijo junto a Hernán López Winne –también co-fundador de la FED y socio de Malumian en la distribuidora Carbono desde 2017–. En algún punto no deja de ser la feria un proceso dialéctico, sin parangón, que acompaña en la Argentina a las pequeñas y medianas editoriales”. Después, si vos lo querés analizar desde una veta de políticas públicas del libro, y la relación con la vigencia de la FED, el retroceso es absoluto. En quince años también la FED sirve para medir el abandono completo de las políticas estatales hacia el sector independiente editorial.”

—¿Por qué abandono?

—Uno puede entender que el país, sobre todo los latinoamericanos, necesitan adjudicar el dinero a otras cosas que no es la cultura. Dicho esto no se escapa desde el lugar que lo estoy diciendo. Pero lo que veo como muy terrible es la falta de interlocutores, gente capacitada. Porque a veces, muchas veces, es el poder sancionar las leyes correctas, hacer las reuniones entre público y privado, ayudar al desarrollo económico de editoriales y librerías, instrumentar políticas de fomento de la lectura que no necesariamente implican mucho dinero. Por otra parte, a veces hay un error por la importancia de la faceta cultural que tiene nuestra industria o nuestro oficio, y se deja de lado que también es parte de la producción y de la cadena de valor del país. Creo que la FED fue intentando aportar su pequeño grano de arena en espacios que quedaron completamente huérfanos.

—¿Qué necesidades había en ese momento y cuáles son las cubiertas ahora por la FED?

—Las necesidades que vino a cubrir la FED en esa época fueron la de un espacio diseñado para las pequeñas y medianas editoriales, donde pudieran charlar con las y los lectores de primera mano, recibir feedback, poder mostrar lo que hacen. Creo que hoy, no sé si cubre una necesidad, pero volviendo a la retirada del Estado, la FED tiene toda una serie de programas que son bastante convocantes y necesarios. Hemos logrado la quinta edición del fellowship, donde traemos a un editor extranjero a que compre derechos de editoriales argentinas, o sea, autoras y autores argentinos; el premio de labor librera; co-financiamos el acercamiento de un par de editoriales del Interior; tenemos el premio Rumbo a Guadalajara; las cátedras FED para seguir apuntalando a la profesionalización del editor local; y otros incentivos que fortalecen la industria del libro.

—¿Cuál ha sido el público formado en la FED?

—No me animo a decir un tipo de público sino una comunidad. La FED es comunidad. Esos lectores ya estaban, es mi intuición, si bien nosotros hacemos encuestas al público, y lo venimos haciendo hace varios años, mi impresión es que nosotros estamos viviendo del bono de la educación pública argentina. Es decir, la FED es posible en un país que tuvo o tiene la tradición de la educación pública gratuita, de alta calidad, excelentes maestros, de la cual tanto Hernán como yo somos egresados, y que eso generó un bastión de lectoras y de lectores que les interesan los libros. Y que hay que ver qué va a pasar a medida que eso se vaya erosionando y degradando a través de las jugadas presupuestarias.

—¿Cómo te imaginás la FED futura?

—Nosotros hablamos mucho con Hernán y equipo sobre qué queremos… es una regla a grandes rasgos que sería hacer la feria más grande posible para las pequeñas editoriales. En ese sueño, a veces bromeamos con esas frases del estilo dentro de la ley todo, fuera de la ley nada, e intentamos todo lo que podamos hacer para tener una feria enorme…

—¿Qué sería enorme?

—Que los 50 millones de argentinas y argentinos vengan a la FED (carcajadas). Queremos que siga creciendo en interés, que siga este ascenso de las quince ediciones que pasamos de 300 a más de 40 mil visitantes, y que no se cambie ninguna de las pautas que nosotros tenemos establecidas en la feria. Es decir, que participen siempre las pequeñas y medianas editoriales, que esté el editor o la editora detrás del stand, que la propuesta cultural en charlas, cursos y convocatorias que hagamos se encuentre en base a los catálogos de los participantes y no traer figuras por traer figuras porque va traer gente. Que sea la entrada gratuita y seguir regalando los libros FED. Todo eso también habla de la postura FED, de cuál es la lógica ¿Quiero todo para mí, o trato de devolverle a la sociedad aquello que me brindó en las aulas y en sus distintos ámbitos sociales, en la medida de lo posible, ciertos efectos que multipliquen valores y cultura?

Share This Article
Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *