Cuando la mesa política del Gobierno se reúna esta semana -el encuentro será entre este martes y este miércoles– por primera vez desde la salida de Manuel Adorni, habrá una silla más, destinada para el noveno integrante del grupo: Fabián Fernández.
Desconocido para el círculo rojo hasta hace una semana, el nuevo secretario de Comunicación pasará a tener un rol central en el equipo de decisiones de la Casa Rosada.
No es casual que haya logrado asiento propio: el ex vocero de YPF tiene rango de secretario de Estado y, a diferencia de lo que pasaba con su antecesor Javier Lanari, la idea de Karina Milei es convertirlo, en los hechos, en su propio interlocutor con los medios y con diferentes sectores de la política.
De perfil bajísimo, el surgido del PRO llega para ordenarle a los Milei la estrategia comunicacional. Trabajará en tándem con Adrián Ravier, el portavoz del Presidente, pero la intención es que tenga mayor vuelo en toma de decisiones.
Conoce a toda la mesa política, especialmente a Santiago Caputo, ya que el equipo de comunicación de YPF, donde hasta junio trabajó Fernández, lo armó en su momento el “arquitecto” libertario, como alguna vez lo definió Milei.
El arribo de Fernández representa otra muestra de poder de la hermanísima hacia la interna: los primos Martín y “Lule” Menem, el vicejefe de Gabinete Ignacio Devitt y ahora Fernández, son cuatro incondicionales a la secretaria general.
Ese peso interno la deja con amplia mayoría, ya que el propio Santilli -el otro debutante en este tipo de encuentros por haber suplantado a Adorni- se ha alineado a la hermana del jefe de Estado y al Presidente.
Parecida es la situación de Luis Caputo, el ministro de Economía, habitué de estas reuniones y soldado mileísta, mientras que Santiago Caputo tiene juego propio y parece hoy alejado de las discusiones que habían agitado la interna.

La otra mujer de ese G9 es Patricia Bullrich, jefa de bloque del Senado e impulsora desde adentro de la salida de Adorni a partir de una serie de críticas abiertas que le realizó y de un pedido de interpelación que en algún momento promovió y que terminó siendo decisivo para que los Milei tomaran la decisión que postergaron durante 100 días: correr al jefe de Gabinete.
Malestar con Patricia
Si bien desde hace semanas la pirotecnia bajó, en la Rosada no olvidan lo que, entienden, fue una maniobra oportunista de la ex ministra de Seguridad, que hasta llegó a presentar su renuncia a la jefatura de bloque por sus diferencias respecto al tratamiento que le dio el Ejecutivo al caso Adorni.
En despachos centrales de Balcarce 50 están convencidos de que Bullrich midió fuerzas y buscó una respuesta del Presidente, que nunca llegó. “Fue una de las primeras veces en las que Javier se mantuvo en silencio ante casos como estos, en otro momento hubiera salido a responderle y el costo habría sido grande”, sostienen fuentes de diálogo directo con el mileísmo.
“Quedó mal parada con la movida que hizo, porque fue muy evidente que fue intencional y jugó sola”, blanquean el enojo. No sería extraño que el malestar con Bullrich, ahora que se aclaró el panorama tras la salida de Adorni, pueda derivar en la salida de la senadora de estas reuniones.

Quizá no ahora, cuando los temas centrales de discusión son los legislativos y tanto ella como Martín Menem son las cabezas del Congreso, pero sí más adelante.
Una muestra del intento de Karina Milei por influir en el Congreso fue la reunión con 116 legisladores a la que convocó la semana pasada en la Rosada y que encabezó el Presidente. Bullrich estuvo, pero se fue antes por cuestiones de agenda.
La hermana del Presidente viene ganando peso especialmente en el Senado, hacia donde mandó varias veces como articulador a Ignacio Devitt, ahora vicejefe de Gabinete y el otro karinista de pasado PRO, a quien Bullrich mira con desconfianza. “Hubiera sido mejor que dejaran que Santilli eligiera a su segundo y no que le impusieran a este pibe”, fue el comentario que deslizó la senadora a su círculo cercano.