El escritor Franco Verdoia encuentró en sus propias raíces el punto de partida para construir un universo teatral donde la memoria, los vínculos y las voces del pasado se transforman en materiales contemporáneos. El creador explicó en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, que su proceso de escritura nace de una búsqueda personal atravesada por el lugar donde creció.
“Yo humildemente cuando escribo cometo como un acto casi egoísta de querer hablar de lo que a mí me incomoda, me molesta y cruzarlo con el imaginario del pueblo en el que nací”, sostuvo Verdoia al referirse a su método creativo.
El artista vuelve una y otra vez a Las Varillas, Córdoba, un territorio que dejó hace 35 años pero que continúa presente en sus producciones. “Estoy permanentemente buscando allí, en un lugar que dejé hace 35 años”, explicó.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
El pueblo como memoria y espejo emocional
Esa relación con el origen atraviesa sus obras y genera una identificación inesperada en el público. Según Verdoia, ese recorrido personal terminó produciendo un efecto colectivo. “Es un ejercicio que fui haciendo con las tres obras y que extrañamente provoca, sin que yo me lo haya propuesto, un efecto de espejo en quienes ven los materiales que es muy conmovedor”, cuentó.
El creador mencionó cómo los espectadores encuentran conexiones profundas con sus trabajos: “Porque hoy hay gente que va a ver Nido de Lagarto y que me dice vi late el corazón de un perro, vi matar un elefante y se siente muy conmovida por los materiales”.
En Nido de Lagarto, el pueblo aparece como una presencia constante, incluso cuando la historia transcurre lejos de allí. La mirada sobre los rumores, los recuerdos y las vidas cruzadas nace de las voces familiares que acompañaron su infancia. “Yo creo que voy a las voces que me han criado, las voces de mi abuela, de mis tías, que se juntaban ahí a tomar mate en la vereda y a hablar en peamontés para que yo no entienda el chisme de la cuadra”, relató.
Las voces de la infancia como origen de la ficción
Verdoia reconoce que esas escenas familiares quedaron incorporadas en su manera de crear. “Crecí entre mujeres muy chismosas”, afirmó, al recordar aquellos encuentros cotidianos que luego se transformaron en materia artística.
Su teatro parece construirse desde ese cruce entre la experiencia íntima y una dimensión colectiva: los recuerdos propios dialogan con las emociones del público y convierten historias particulares en relatos reconocibles.