Los últimos cambios que el Gobierno de Javier Milei acordó realizar sobre su proyecto de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada“, también conocido como ley de extranjerización de tierras, representan no sólo una dura derrota para La Libertad Avanza en su objetivo de darle media sanción en el Senado a un proyecto sumamente sensible, sino que sienta un precedente de cómo podría seguir la agenda parlamentaria del oficialismo, precisamente con grandes reformas a la vista como la Reforma Electoral (que busca eliminar las PASO), el Súper RIGI, la Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, la reforma a la ley de Zonas Frías (quita de subsidios sobre tarifas), el Presupuesto 2027 (conocida como la ley de leyes) entre otros proyectos.
Después de 17 versiones distintas de un proyecto que originalmente buscaba desregular todas las limitaciones sobre la venta de tierras a extranjeros, de meses de intensos debates y cuatro fracasos consecutivos de sesiones, el mensaje de los gobernadores aliados y bloques dialoguistas con la administración libertaria es que si no eliminaba por completo todo el capítulo tres, el corazón de esta ley, no habría respaldo.
No es un dato menor todo el esfuerzo que puso el Ejecutivo: el autor material del proyecto, el ministro Federico Sturzenegger, fue hace meses a la Comisión de Acuerdos del Senado a defender su ley, y se fue con tensos cruces con el peronismo. Luego, mantuvo a todo su equipo técnico trabajando hasta último momento en todos los detalles para modificar el proyecto sin tocar su esencia hasta obtener el apoyo de los aliados.
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El presidente Milei adelantó su viaje a Colombia y Ecuador para que Victoria Villarruel, abiertamente en contra de esta ley, tomara el mando del Ejecutivo y no pudiera desempatar en la Cámara Alta si fuera necesario. Por último, la titular del bloque de LLA, Patricia Bullrich, mantuvo reuniones con Sturzenegger hasta lograr convencerlo de introducir límites a la compra de extranjeros para que se destrabara la ley: finalmente, el martes dio una conferencia de prensa anunciando la última versión y confirmó a PERFIL que tenía los votos para aprobarla. No pasó. Un día después, tuvieron que dar marcha atrás. Por todo esto, la derrota ya traslada pases de factura dentro de la cúpula libertaria con la estrategia de los ex PRO.
Esta crisis desata un panorama incierto de cara a todas las negociaciones que se le vienen a LLA, que tiene 21 senadores y 95 diputados y en ambas cámaras necesita del PRO, la UCR y bloques provinciales para tener quórum y conseguir aprobar sus proyectos. Todos estos sectores son precisamente los que presentaron reparos en esta ley y se plantaron en un contexto en el que cae la aprobación del Gobierno en las encuestas.

De la bandera de Malvinas en el Mundial a la presión en la calle: lo que convenció a los indecisos
Para entender la cantidad de fracasos de esta ley hay que remitirse a los cuatro intentos fallidos de que pudiera siquiera llegar al recinto. Sin embargo, la última fue la más simbólica: el 16 de julio, un día después de la victoria de la Selección Argentina de Fútbol ante Inglaterra en el Mundial en Estados Unidos, donde los jugadores protagonistas de la gran hazaña alzaron una bandera que decía “Las Malvinas son argentinas“, la épica nacionalista llegó a la Cámara Alta y causó incomodidad entre los senadores aliados, a quienes les advertían que podían quedar “pegados” por votar una ley que permite la venta ilimitada de las tierras justo cuando se instalaba internacionalmente la cuestión de Malvinas. Bullrich tuvo que, en el medio de la sesión ya iniciada, pedir un cuarto intermedio hasta hoy, 6 de agosto, para votar dicho proyecto, a la vista de que no tenía los votos y era mucho más costoso perder la votación y tirar todo el trabajo a la basura.
Con el transcurso de las semanas, lo único que pasó en las redes sociales es una altísima viralización de contenidos que advertían los riesgos de la ley. Incluso, diversas mediciones de la conversación digital o encuestas registraban una amplia mayoría en contra de la iniciativa. Esta semana, ya con una marcha masiva convocada para las inmediaciones del Congreso, se empezaron a conocer carteles contra los senadores aliados que votarían a favor del proyecto. “Senadora Carmen (por la bullrichista Álvarez Rivero), vendé tu shopping, no la Argentina”, decía un cartel de Córdoba. “Juez (Luis, senador también de Córdoba), te vendiste a todos, no vendas la Argentina”, decía otro.
A contrarreloj, llegaron las definiciones: los gobernadores de Neuquén, Misiones y Tucumán se manifestaron abiertamente en contra de la ley, especialmente en el capítulo de la legislación de la venta de tierras a extranjeros, que contiene seis de los 47 artículos totales, pero la gran mayoría de las polémicas, porque si bien establecía el tope del 25% de tierras a nivel nacional en manos de extranjeros, no fijaba límites en cada municipio. Tampoco lo hacía en las zonas rurales, de valor estratégico, antes limitadas a mil hectáreas. De esta manera, los legisladores afines a esas provincias, Corroza, Arce, Rojas Decut y Ávila, quedaban del lado opuesto a LLA. El poroteo ya así quedaba en negativo si se sumaban los rechazos de los 25 peronistas, los radicales Abad y Fama, la cordobesa Vigo, los santacruceños y los de Santiago del Estero.

En paralelo, la ola negativa incentivó a que Kroneberger (UCR) y la salteña Royón se sumaran al rechazo, y hasta llegó a haber dudas en algunos del PRO, que se supone votarían a favor, pero reconocían que no estaban dadas las condiciones para aprobar la ley así como estaba. Sin margen de maniobra, Bullrich se reunió donde siempre con los aliados, en el despacho del radicalismo, y priorizó mantener el buen vínculo con aquellos 44 senadores que conforman el diálogo mediante el cual lograron aprobar proyectos difíciles en extraordinarias este año, como el Presupuesto 2026, la reforma a la Ley de Glaciares y la Reforma Laboral.
El proyecto queda con cuatro capítulos que hablan de restricciones a las expropiaciones, los desalojos exprés y flexibiliza el uso de tierras afectadas por incendios. Pero, en esencia, pierde el capítulo que más le interesaba al oficialismo, expone una nueva fragilidad del Gobierno con sus aliados en el Congreso de cara a los próximos debates y vuelve a poner en la cuerda floja a Patricia Bullrich frente a la mesa política de Javier Milei.
JD/ cp