La economía de Javier Milei se parece cada vez más a una prenda slim fit: no solo no le sobra ni un centímetro, resaltando las formas del cuerpo tal cual es, sino que el margen para zurcir los sectores dañados del tejido económico y social es muy estrecho.
Le pasó a Mauricio Macri quien al final de su mandato, exhausto, admitió haber subestimado la baja de la inflación: el PRO no pudo meter a la sociedad en un modelo no igual pero similar al de Milei, ajustado respecto del kirchnerista. ¿Lo logrará LLA? ¿O mostrará flexibilidad?
Sin duda existe un punto en común entre Macri y Milei: el malestar generalizado de una parte de la sociedad después de ganar las elecciones legislativas (2017 y 2025 respectivamente) fue en aumento. Y, si bien la bronca con Macri resultó in crescendo a medida que la inflación se salió de carril, Milei deberá evitar que se instale un clima de pesimismo frente a una economía que no ofrece casi ninguna perspectiva de mejora rápida y de amplio alcance, desanclando las expectativas de inflación que desde este jueves mostrarían un encauzamiento.
El mercado está atento a qué dirá el Gobierno ya que la baja está descontada. El economista jefe de Cucchiara & Cía, Juan Battaglia, sostiene que el equipo económico debería hacer hincapié en que hace un año el índice de abril daba 2,8% y la tasa anual era 47,3%. Hasta ahora la tasa anual se sitúa en alrededor de 30%.
La última vez que el equipo económico anunció una baja de la inflación fue el 12 de junio del año pasado. Ese día llegó al nivel más bajo en 60 meses: 1,5%.
Pero entre aquel 1,5% y el 3,4% de marzo pasado y mientras un vendaval azotó la economía (se salió del cepo, los argentinos compraron casi US$ 30.000 millones y Scott Bessent tiró un salvavidas), en materia de inflación Battaglia sostiene que “ni las cosas andaban tan bien como con aquel 1,5% de mayo ni tan mal con el 3,4% de marzo de este año o el dato que se difundirá ahora” (por este jueves). El economista dice que la medición de la consultora Equilibra que no tiene en cuenta los productos cuyos precios están sujetos a estacionalidades o reacomodamientos (inflación subyacente) muestra que a lo largo de ese período mientras el Gobierno festejaba el 1,5% de mayo, este otro indicador daba 2,3%. Y en marzo último sucedió lo opuesto: mientras todos se agarraban la cabeza con el 3,4% de marzo la inflación subyacente daba 2,5%.
¿Qué quiere decir esto?
La confirmación de la evidencia latinoamericana: reducir la inflación desde niveles de tres dígitos a los actuales suele lograrse mucho más rápido que bajar inflaciones del 30%-50% a un dígito.
Los últimos datos de inflación y en particular el de este jueves dejarán otra arista para prestar atención: la reacción de Milei, ya que cualquier apuro o forzar un atraso cambiario para bajar la inflación más rápido puede llevar a la sociedad y las expectativas a una ansiedad contraproducente.
Es perfectamente posible que la economía en las próximas semanas muestre indicadores favorables en lo financiero, el plano real y desde el FMI. Pero aún así habrá malestar social, como explicó el ministro Luis Caputo.
Principalmente esto ocurre por cinco motivos.
Primero, una fuerte heterogeneidad en el crecimiento. Hay sectores que están 20% en producción arriba que en enero de 2023 (cuando empezó la caída de la actividad) como el campo y la energía, mientras que comercio, industria y construcción, casi 10% abajo.
Segundo, el crecimiento que hoy se registra es leve comparado con el rebote del primer año de Milei, época en la que las tasas de interés bajaron y el crédito repuntó. Según el economista Carlos Pérez, de la Fundación Capital, el crecimiento de este año sería 2%.
Tercero, hay poco margen para actuar. Un trabajo del economista y profesor del IIEP de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Ricardo Carciofi para el blog Alquimias Económicas -no se puede decir que sea una mirada oficialista-, muestra que el Gobierno no cuenta con un margen de acción como sí tuvo en aquel 2024, por ejemplo, en materia de flexibilización de las paritarias -permitió una recuperación de los salarios del sector privado-. “Hoy un intento de corrección salarial se trasladaría a los precios”, admite Carciofi, quien concluye que la política económica seguiría el curso actual, e incluso no hay margen para apreciar o depreciar el peso y morigerar lo que señala la Fundación Mediterránea.
Cuarto, el fiscal. Bien medido, dice Battaglia, la Argentina ya no tiene equilibrio financiero en las cuentas públicas. De ahí que Milei tenga que recurrir a lo más antipático: las partidas del Presupuesto se ajustan con una inflación proyectada promedio 14% anual mientras la recaudación crece a mayor ritmo por la inflación más alta.
Quinto, las sospechas de corrupción y el daño a una de las herramientas en las que Milei más energía deposita: la narrativa.
Una válvula de descompresión para el Gobierno sería que Luis Caputo aproveche la baja del riesgo país y salga al mercado. La tribuna se lo pide a gritos. El ministro es un trader y aprovechó estos meses en los que transformar un dólar MEP en un dólar cable tuvo un costo extra de 3%. Esto hace que si un inversor compra un bono brasileño (rinde 6%) arrancó el año 3% abajo, permitiéndole al ministro emitir bonos bajo legislación local aprovechando esas divisas mientras espera la baja del riesgo país. “En los próximos tres meses tendrá una oportunidad para emitir abajo del 9%”, dice Battaglia. “Debería aprovecharla”.
El modelo slim fit de Milei exige ajustes y estar en plena forma. Macri no lo logró y Milei busca conseguirlo. Pese a lo que diga, el Presidente quizás cree en lo que el politólogo Ignacio Labaqui describe como “mirada pendular de la sociedad respecto de las cuestiones de moralidad pública: si la economía anda bien, prima el “siga siga” al estilo del recordado árbitro de fútbol Francisco Lamolina”. Y para esto, nada mejor que decir que la inflación vuelve a bajar. Según la consultora Eco Go la inflación para este mes seguiría bajando: 2,2%.