Ubicado en el extremo sur de la actual provincia de Santa Cruz, en la zona de Cabo Vírgenes, cerca de la entrada atlántica del Estrecho de Magallanes, el sitio histórico Valle de las Fuentes custodia uno de los mayores hitos arqueológicos del sur argentino: hace 21 años, un equipo de investigadores del CONICET logró localizar los restos materiales de Nombre de Jesús, la primera urbe europea de la Patagonia argentina. Este descubrimiento puso fin a siglos de incertidumbre geográfica y abrió una ventana directa al trágico pasado colonial de la región.
El 9 de diciembre de 1581 partió desde Sanlúcar de Barrameda una armada compuesta por 23 naves que transportaba 350 pobladores, 400 soldados destinados a los fuertes del estrecho, otros 600 para Chile y 10 religiosos franciscanos. Sin embargo, el viaje estuvo marcado por naufragios, enfermedades, muertes, deserciones y enfrentamientos entre los responsables de la expedición.
Apenas unas 340 personas consiguieron llegar a la entrada atlántica del estrecho. Finalmente, el desembarco se produjo el 5 de febrero de 1584 y, seis días después, Pedro Sarmiento de Gamboa fundaba Nombre de Jesús en un paraje denominado Valle de las Fuentes por la presencia de agua dulce.
Si bien el objetivo estratégico de la misión era fortificar y controlar el Estrecho de Magallanes frente al avance de los corsarios ingleses, sin embargo, el aislamiento extremo, el clima implacable y la falta de recursos convirtieron rápidamente la ambiciosa travesía en una lucha desesperada por la supervivencia de todos sus habitantes.
Tesoros y evidencias del pasado colonial El hallazgo de un cementerio colonial resultó fundamental para que los científicos confirmaran la ubicación exacta de este histórico asentamiento, en tanto que las excavaciones que se llevaron a cabo en la zona revelaron la existencia de entierros humanos bajo el estricto ritual católico de la época, orientados de oeste a este en fosas individuales. Por su parte, los análisis óseos posteriores demostraron los alarmantes niveles de desnutrición y los severos padecimientos que sufrieron los primeros colonos antes de perecer en el lugar.
Junto a los restos humanos, los arqueólogos recuperaron valiosos objetos cotidianos que permitieron fechar con absoluta precisión el yacimiento santacruceño. Entre los elementos más destacados se encontraron fragmentos de cerámica europea, restos de armamento de la época y una antigua moneda de 8 reales, elementos que encajaron a la perfección con los desgarradores testimonios escritos que los pocos sobrevivientes dejaron en las crónicas de Indias.
Si bien este logro de la arqueología argentina demandó años de rigurosos entrecruzamientos de datos cartográficos e investigaciones en archivos internacionales, el gran trabajo interdisciplinario que se llevó a cabo no solo recuperó piezas de valor incalculable, sino que transformó el desolado paisaje santacruceño en un laboratorio científico a cielo abierto. Así, gracias a la persistencia de los especialistas, en la actualidad el sitio cuenta con una protección patrimonial que garantiza el resguardo de nuestra memoria histórica nacional.
Además, hoy, a más de dos décadas de aquel desentierro histórico, el sitio arqueológico de Cabo Vírgenes consolida su enorme valor patrimonial y turístico, mientras que la investigación continua en la zona austral no solo rescata la memoria de una de las expediciones más dramáticas del siglo XVI, sino que también reescribe los inicios del mapa cultural de nuestra Patagonia.
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