Jensen Huang señaló la semana pasada ante sus inversores de Nvidia que “…se necesitan construir billones de dólares en infraestructura para apoyar el despliegue pleno del boom de la Inteligencia artificial (IA)”, que es un proceso que a partir de EE.UU ha adquirido un carácter definitivamente mundial.
Por eso, agregó Huang, “la demanda de poder computacional exigida por el despliegue del software de la IA en los últimos 5 años es nada más que una pequeña fracción de lo que se necesita en el futuro”.
Los ingresos totales de Nvidia en los últimos 4 meses treparon a US$ 68.000 millones, lo que implica una mejora de 73% anual; esta performance excepcional se ha ido acelerando a finales del 4° trimestre de 2025 y su rasgo característico es que la mayor parte (más de U$S 40.000 millones) proviene del inmenso ecosistema de proveedores de los data centers ya construidos o en proceso de construcción, lo que incluye aportantes de la “nube”, grandes fondos de inversión y naciones soberanas de Medio Oriente como Emiratos Árabes, Arabia Saudita y Qatar.
Los chips o semiconductores más avanzados de Nvidia – BlackWell NVL72 – lanzados hace menos de 1 año ya fueron colocados en su totalidad y están en pleno funcionamiento en todas las ramas del universo de la mayor compañía high tech de EE.UU. y del mundo.
Esto significa que la productividad de Nvidia es hoy la mayor del sistema mundial y se desarrolla sin competencia a la vista, por lo menos por ahora.
Todo esto sucede cuando el universo high tech está experimentando una auténtica revolución estructural y pasa de la clásica máquina de conocimiento a la IA generativa, lo que implica que el ecosistema en su conjunto ha ingresado en el terreno de la Súper-inteligencia, ante todo en el espacio de la investigación (R&D), de la generación especifica de productos determinados y de los sistemas automatizados.
“Todo esto – señaló Huang – es un extraordinario incentivo para que los proveedores de Nvidia aumenten más sus inversiones en el capital de la compañía”. Significa que los inversores de la empresa de mayor cotización del sistema global, con una valuación de US$ 5 billones en Wall Street, están actuando con la certidumbre de que la demanda de la firma está estructuralmente insatisfecha.
El mundo high tech ha cambiado en sus raíces: la revolución de Internet desatada hace 25 años fue realizada por compañías que conquistaban el mundo con escaso capital, y los actores del software de entonces no invertían en fábricas, plantas de electricidad o enormes infraestructuras, más allá de ciertos puntos logísticos y torres de telefonía celular.
Hoy todo eso se ha modificado y la inmensa potencialidad que caracteriza a la nueva revolución tecnológica de la IA exige una escala siempre creciente para la producción de chips, fibras ópticas y data centers. Todo ello debe ser financiado por decenas de billones de dólares. Todo en la IA hoy es cuestión de escala, y el gigantismo es una necesidad.
Esta es la tendencia de fondo de la época, que se ha visto acentuada por la estrategia del presidente estadounidense Donald Trump en su segundo mandato: consiste en apostar sin dudas ni restricciones de ningún tipo al despliegue pleno de la IA, considerándola una carrera ineludible para lograr la supremacía en el orden global, en especial frente a China. Y en particular en esta etapa, en la cual hay un acuerdo de fondo con la República Popular y en la que la premisa de ese pacto es la supremacía estratégica de EE.UU.: “La integración es una forma sublimada de competencia”, dijo Couve de Murville, el gran Canciller del General Charles de Gaulle.
Hay que agregar que la economía norteamericana, la primera del mundo (US$ 28,6 billones/28% del PBI global), está fusionando aceleradamente la totalidad de su sistema productivo, de servicios, educativo y las fuerzas armadas con la inteligencia artificial, en un proceso que se espera culminar en los próximos 5 a 10 años.
Esto es lo que le otorga a EE.UU, el primer papel mundial. Al extraordinario poder norteamericano que encarna el presidente Trump le brinda un carácter estructural, más allá de las pequeñas minucias y circunstancias.
El dominio de EE.UU. en la IA (Winning the race America´s AI action plan/July 2025) se ha convertido en una categoría fundamental de la ideología MAGA representada por Trump, a la que hay que sumar la producción doméstica de manufacturas y un notorio nacionalismo económico.
Eso se debe a que hoy EE.UU. es conducido por un “Nuevo Bloque Histórico”, en los términos de Antonio Gramsci, el gran pensador italiano, y es el resultado de la alianza entre Silicon Valley y el gobierno de Trump, que se han fusionado a través de la visión Súper-optimista que apuesta a la capacidad transformadora de la IA sobre sí misma, sin límites ni restricciones de ningún tipo.
Esto es lo que está en juego en el mundo de hoy y ahora se enfrenta al mayor desafío de su historia a través de la interpretación de la Inteligencia artificial realizada por el Papa León XIV. Este es el gran debate, sin dudas, del siglo XXI.