Alumnos de 4° año de la Escuela Secundaria de Innovación desarrollaron “El Misionero”, un alfajor hecho con fécula de mandioca que comenzó a crecer dentro del ámbito escolar y ya despierta interés fuera de la provincia.
Lo que comenzó como una idea entre compañeros de escuela terminó convirtiéndose en un emprendimiento que crece día a día. Cuatro estudiantes misioneros de 4° año de la Escuela Secundaria de Innovación desarrollaron un producto novedoso: un alfajor hecho con tapas de fécula de mandioca, al que bautizaron “El Misionero”.
Detrás del proyecto están Thiago Pereyra, Thiago Sosa, Nicolás Leguizamón y Franco Martí, quienes decidieron apostar por una propuesta distinta, con identidad local y con un fuerte espíritu emprendedor. La iniciativa comenzó a tomar forma en marzo de este año, aunque las ganas de emprender venían desde 2025.
“Todo esto surgió en la escuela, estábamos los cuatro juntos y dijimos bueno, vamos a empezar algo, tenemos tiempo, y surgió toda esta idea de crear nuestra propia marca ‘El Misionero’. Al principio no sabíamos de qué hacer, estuvimos pensando y al final terminó pasando esto de hacer nuestros propios alfajores”, relataron.

La elección de la materia prima no fue casual. La mandioca, uno de los productos más representativos de la provincia, se convirtió en el eje del proyecto. “Elegimos la mandioca porque es un producto que se usa mucho acá. Vas a cualquier lado y te ofrecen mandioca, entonces decidimos usar algo que represente a la provincia”, explicaron.
El resultado fue un alfajor que se distingue por su originalidad. “La principal característica es que es un alfajor hecho de mandioca, no se ha visto nada igual o parecido acá en la provincia o en el país”, aseguraron.

Sin embargo, llegar al producto final no fue sencillo. Los primeros intentos estuvieron lejos del resultado esperado. “Las primeras pruebas salieron mal, quemamos el chocolate, hicimos demasiadas pruebas hasta que en la sexta o séptima logramos la textura que queríamos. Fue bastante difícil, pero lo pudimos lograr”, recordaron.
El objetivo siempre fue claro: crear un producto con identidad misionera. “Buscábamos que este alfajor represente a la provincia”, señalaron.
El crecimiento del emprendimiento comenzó dentro del ámbito escolar. Primero lo compartieron con compañeros, docentes y directivos, quienes no solo probaron el producto sino que también aportaron sugerencias. “Los primeros que probaron fueron nuestros profesores y directivos. Dijeron que estaba muy bueno, pero que había que hacerle algunos ajustes, y eso nos ayudó a mejorar”, contaron.

Con el paso de las semanas, el boca a boca hizo su trabajo. “Empezamos en la escuela, ofreciendo a los profesores, y poco a poco nos fueron ayudando. Hoy nos reconocen, nos dicen ‘ustedes son los chicos de los alfajores de mandioca’ y eso es muy loco”, relataron.
Ese reconocimiento trascendió las paredes del colegio. A través de familiares, conocidos y redes sociales, el producto comenzó a llegar a otras provincias e incluso al exterior. “Tenemos pedidos de Chaco, Santa Fe, Salta y también de Brasil y Paraguay. Se fue expandiendo por conocidos y redes sociales”, explicaron.
Actualmente, el alfajor se comercializa a un valor de 2.000 pesos por unidad, y la producción se realiza de manera artesanal. Sin embargo, el crecimiento del proyecto también plantea nuevos desafíos.

“Estamos ahorrando para comprar una amasadora para poder acelerar el proceso. Nos está costando, pero con esfuerzo lo vamos a lograr”, afirmaron.
Además, los jóvenes ya proyectan nuevas variantes del producto. “Queremos experimentar con nuevos sabores, como palta y mango, que nos pidieron”, adelantaron.
El sueño a largo plazo es ambicioso: consolidar la marca, abrir un local propio y posicionar el alfajor a nivel provincial y nacional. “Queremos que más personas nos reconozcan, que el producto sea conocido y poder expandirnos”, indicaron.

Más allá del crecimiento comercial, el emprendimiento también representa un aprendizaje personal y colectivo. “Nuestros padres están muy orgullosos. Hay personas de nuestra edad que están en otra cosa y nosotros estamos haciendo esto, eso nos llena de orgullo”, expresaron.
La experiencia de estos cuatro estudiantes no solo refleja creatividad e innovación, sino también constancia y trabajo en equipo. En un contexto donde muchas veces el emprendedurismo juvenil enfrenta dificultades, su historia aparece como un ejemplo concreto de cómo una idea, acompañada de esfuerzo y convicción, puede transformarse en una oportunidad real.