Colombia se prepara para las elecciones presidenciales del 31 de mayo, una votación que podría alterar el escenario político de América Latina en medio de un contexto marcado por la polarización, el desgaste del oficialismo y la incertidumbre social. Para el estratega y consultor político colombiano Antonio Aguilar, lo que está en juego “no es simplemente una alternancia democrática”, sino “una definición del camino que tomará el país”.
“Colombia está decidiendo si profundiza una agenda de transformación impulsada desde la izquierda o si gira nuevamente hacia un modelo más enfocado en seguridad, institucionalidad y autoridad estatal”, explicó a PERFIL.

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La elección aparece además como un punto de inflexión tras la llegada al poder de Gustavo Petro en 2022, un hecho que rompió con décadas de predominio de fuerzas tradicionales y abrió una nueva etapa política en el país.
Polarización y fin del centro
Según Aguilar, uno de los fenómenos que mejor explica el momento político colombiano es el colapso del centro como espacio competitivo. “Hoy el escenario está dominado por dos grandes bloques narrativos: el cambio y la reacción al cambio”, sostuvo.
La discusión dejó de ser únicamente ideológica para convertirse en una disputa identitaria. “Mucha gente siente que esta votación representa sus valores y su forma de entender el país”, afirmó.
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En ese contexto, las emociones pesan más que los programas técnicos. El consultor advierte que existe un voto profundamente atravesado por “el cansancio, la frustración, el miedo y también la esperanza”.
Mientras una parte del electorado considera que el gobierno de Petro significó una ruptura histórica con el establishment político colombiano, otro sector observa con preocupación el avance de la violencia y la crisis económica.
Seguridad, narcotráfico y crisis territorial
La preocupación por el delito y la pérdida de control territorial volvió a instalarse en el centro de la campaña. El crecimiento de estructuras criminales y la expansión del narcotráfico aparecen hoy entre las principales inquietudes ciudadanas.
“En Colombia, cuando crecen el miedo y la incertidumbre, la demanda de mayor protección ciudadana pasa automáticamente a ocupar el centro de la agenda electoral”, señaló Aguilar.

Ese debate atraviesa directamente la disputa entre oficialismo y oposición. Según el analista, el gobierno llega desgastado por cuestionamientos vinculados a la gestión y al orden público, mientras que sectores conservadores buscan consolidar un discurso centrado en autoridad, orden y recuperación económica.
En ese espacio aparecen figuras como Iván Cepeda, identificado con los sectores más ideológicos del oficialismo, y dirigentes opositores como Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella, vinculados a discursos más duros en materia de seguridad.
La elección que mira América Latina y preocupa a Washington
El impacto del resultado trasciende las fronteras colombianas. Para Aguilar, Colombia mantiene hoy un peso estratégico clave en la región por su economía, su ubicación geográfica y su rol histórico en temas de seguridad y narcotráfico. “Lo que pase en Colombia manda señales políticas hacia toda América Latina”, aseguró.
Entre los gobiernos que seguirán de cerca la elección aparecen Venezuela, por la relación fronteriza y diplomática; Brasil, atento al equilibrio regional; y México, interesado en la continuidad de los gobiernos progresistas.
Sin embargo, el actor externo que concentra mayor atención es Estados Unidos. Según el consultor político, Bogotá ocupa un lugar estratégico para Washington en temas como cooperación militar, lucha antidrogas, transición energética e inversión extranjera.

La elección colombiana también podría alterar el vínculo con la Casa Blanca, especialmente si Donald Trump consolida una nueva etapa política en Washington. “El resultado podría modificar el tono político y las prioridades de la agenda común”, explicó el analista, aunque aclaró que la relación bilateral tiene “bases institucionales muy fuertes”.
En ese contexto, el resultado será leído como un indicador del clima político regional y de la dirección que podría tomar América Latina en los próximos años.
LB