Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA) eligió Córdoba para dar un paso más en su expansión territorial. La compañía inauguró esta semana una nueva oficina en el Parque Empresarial Aeropuerto, desde donde trabajarán unos 25 ejecutivos para acompañar el desarrollo del mercado de capitales, vital para el crecimiento del sector privado. El movimiento no es casual: forma parte de una estrategia que busca correr el eje del mercado, tradicionalmente concentrado en Buenos Aires, hacia las economías regionales.
En ese marco, Gonzalo Pascual Merlo, CEO de BYMA, dialogó con Perfil Córdoba. “Somos una sociedad anónima, una empresa cotizante que hoy tiene casi 100.000 accionistas. Cualquier persona puede convertirse en uno de ellos con una inversión mínima”.
El actual esquema nació hace nueve años, cuando confluyeron en una misma sociedad el Mercado de Valores de Buenos Aires, la integración con el Mercado de Córdoba y Caja de Valores, con un criterio “mucho más federal”, según definió el propio Pascual Merlo. En el ecosistema bursátil argentino conviven hoy tres mercados: BYMA, A3 y MAV, el Mercado Argentino de Valores.
Para el CEO, la clave del negocio no es tecnológica sino reputacional. “Nuestro negocio es confianza”, resumió, y subrayó que la gente vuelca sus ahorros al mercado de capitales porque existe la certeza de que los contratos se cumplen. Repasó episodios críticos de la historia económica argentina —corralito incluido— para remarcar que la institución “nunca incumplió un contrato”. En un país donde la desconfianza hacia las instituciones suele ser moneda corriente, calificó ese historial como “un mensaje superfuerte”.
De la resistencia a la oportunidad. El momento actual, según Pascual Merlo, marca un cambio de fase para el mercado de capitales argentino. Durante años, BYMA funcionó como “el lugar de resistencia”, el refugio al que muchos ahorristas recurrieron para proteger su capital frente a la inflación. Hoy, en cambio, el directivo percibe una etapa “más virtuosa”: la de oportunidad.
Ese giro está ligado, explicó, al protagonismo creciente de las economías regionales. “Hoy veo que el interior del país empieza a ser la fuerza productiva”, señaló, y describió sectores con alta capacidad de generar valor, pero con fuertes necesidades de financiamiento. En ese contexto se inscribe la apertura de la oficina cordobesa: acompañar a compañías del interior que buscan salir al mercado.
Pascual Merlo insistió en una idea que atraviesa toda la conversación: no existe país desarrollado sin un mercado de capitales desarrollado, porque el crecimiento de las empresas requiere financiamiento de largo plazo, y ese es exactamente el rol que cumple la Bolsa. Sin embargo, reconoció que, medido como porcentaje del PBI, el mercado argentino todavía es chico: la capitalización bursátil ronda el 12% del PBI, contra un promedio regional —sin contar a la Argentina— cercano al 36%. “Hay espacio y recorrido para crecer significativo”, afirmó, y extendió el diagnóstico a los niveles de crédito, también bajos en la comparación regional.
PyMEs: educación y menos burocracia. Uno de los ejes de la entrevista fue el desafío de sofisticar los instrumentos disponibles para las pequeñas y medianas empresas, que hasta hace poco limitaban su vínculo con el mercado a herramientas básicas como el cheque de pago diferido. El CEO de BYMA identificó dos frentes de avance: la educación financiera, con cada vez más compañías que se acercan y conocen las alternativas disponibles, y el trabajo regulatorio de la Comisión Nacional de Valores (CNV), que —dijo— “trabajó muy intensivamente” para simplificar procesos y reducir cargas burocráticas innecesarias.
-¿Qué luces de alarma ven aún para el desarrollo del mercado?
-El mayor desafío no es un indicador puntual sino la capacidad de sostener en el tiempo el rumbo actual. La luz amarilla más grande que vemos es poder sostener lo que se viene haciendo y la consistencia actual.
El directivo diferenció entre “hacer las cosas correctas” —algo que, a su juicio, el país viene haciendo desde hace varios meses— y sostenerlas en el tiempo. Comparó ese proceso con la acumulación de fundamentals en el mercado: valor que se construye de manera gradual y que, con suficiente consistencia, permite dejar de depender de shocks o triggers puntuales para generar confianza. “Estamos en la senda correcta y ahí lo único que hay que hacer es mantenerla”, sintetizó, aunque evitó pronunciarse sobre el resultado electoral de 2027, un test que consideró clave para saber si esa consistencia se consolida o se diluye.