Los dos récords mundiales más notables de la temporada de atletismo 2026 fueron mejorados en Londres. El primero, a fines de abril, cuando el keniano Sabastian Sawe se convirtió en el primer hombre en la historia en correr un maratón (42.195 metros) por debajo de las dos horas, un logro que también concretó allí el etíope Yomif Kejelcha, mientras que el tercero en esa carrera, el ugandés Jacob Kiplimo, también batió el récord mundial anterior.
Y hace pocas semanas, en el Estadio Olímpico de la capital británica, un mediofondista oriundo de Escocia, llamado Josh Kerr, batió el récord del mundo de la milla (1.609,4 metros) al marcar 3 minutos, 42 segundos y 66 centésimas. La milla no integra el programa de los Juegos Olímpicos y los Campeonatos Mundiales -los mediofondistas compiten allí sobre 1.500 metros- pero es una prueba de gran tradición en este deporte. Y uno de los antecedentes de este récord también está considerado un hito: sucedió en 1954 cuando otro británico -luego prestigioso cardiólogo- Roger Bannister fue el primer hombre en correr por debajo de los 4 minutos, en la pista de la Universidad de Oxford.
El asunto es que el récord de la milla permanecía intocable desde 1999 cuando el marroquí Hicham El Guerrouj, en Roma, corrió en 3:43.13.

Lo curioso: Kerr recibió un bono de 50 mil dólares por su hazaña. Y 27 años antes, El Guerrouj cobró lo mismo (en aquella oportunidad, de parte del patrocinador del evento).
Kerr logró su récord en una etapa del circuito Diamond League, que organiza la federación internacional de atletismo (World Athletics). Y ésta ofrece el bono por esa cifra a los autores de récords mundiales, cifra que se duplica en oportunidad de los Campeonatos del Mundo, que se celebran cada dos años.
World Athletics también ofrece recompensas en metálico a los atletas que obtengan medallas olímpicas, algo que cuestiona el Comité Olímpico Internacional…
Kerr, luego de su logro, expresó en The Times: “Fue un buen día para mí económicamente, pero 50 mil dólares es una cifra ridícula. Recibir la misma cantidad 27 años después es espantoso, sin ánimo de parecer codicioso. Sé cuánto me costó invertir en mi desarrollo financiero durante los últimos ocho años como profesional. Siento que, en cierto modo, me han estafado un poco.”
Por otra parte, también expresó: “Si quiero dejar mi huella en este deporte como una leyenda británica, siguiendo los pasos de las leyendas que me siguen, tengo que ofrecer ese tipo de actuaciones”.
Lo cierto es que Kerr vuelve a colocar al atletismo de mediofondo británico en los primeros planos mundiales, algo que no sucedía desde hace cuatro décadas con la generación liderada por los campeones olímpicos Steve Ovett y Sebastian Coe, el actual presidente de World Athletics.

Pero sus quejas acerca de la baja remuneración para las figuras de su deporte tienen fundamentos: apenas un puñado de atletas -maratonistas- acceden a contratos y premios comparables a otras disciplinas. World Athletics ha establecido bolsas de premios como las ya mencionadas y también creó un Mundial Extra (que se disputará en septiembre en Budapest), pero los valores de primera línea se mantienen por sus patrocinios privados o ayudas estatales.
Un blog del especialista Tony Reavis, en marzo pasado, ilustraba esta situación, haciendo hincapié en las carreras de calle. Explicaba que el auge de los maratones -un fenómeno masivo en casi todo el mundo- no tiene su correlato en los premios a los mejores. Citó el ejemplo del maratón de Boston: “En 2012, la cuota de inscripción en Boston era de 130 dólares y el premio para el ganador fue de 150 mil dólares, en más alto entre los maratones del circuito mundial. En 2026, la cuota de inscripción es de 260 dólares, pero el ganador sigue recibiendo 150 mil dólares. Esto supone una reducción del 30% en su poder adquisitivo real a lo largo de 14 años”.
Y define: “Mientras que todos los demás deportes importantes han entrado de lleno en la era de los contratos de decenas de millones de dólares y los premios de 3 millones de dólares para los ganadores, el maratón ha mantenido a sus élites encerradas en una cápsula del tiempo financiera”.
Según el especialista, parte de la retracción de los organizadores de carreras a pagar mejores premios se debe al peligro del doping. Más de un centenar de atletas kenianos fueron sancionados durante la últimas dos temporadas y los organizadores no quieren correr riegos. Pero, apunta, “al mantenerse aislados y conservar los premios en metálico a los niveles de 2012 —tras eliminar prácticamente su premio de dos años en 2022— mientras que todos los demás indicadores del deporte se han disparado, los Majors no están protegiendo el deporte. Están dando a entender que no creen que sus campeones merezcan la inversión”.
El velocista jamaiquino Usain Bolt hace más de una década y el maratonista keniano Eliud Kipchoge hasta hace pocos fueron los únicos atletas de elite que accedieron a contratos y premios comparables a otros deportes.

Sawe, tras su hazaña en Londres, podría ingresar en esa escala. Su marca de 1:59:30 en el maratón le reportó 355 mil dólares (55 mil por ganar la carrera, 150 mil por bajar las 2 horas, 125 mil por el record mundial y 25 mil por establecer el mejor registro del circuito). A esto hay que sumarle el “bonus” -no difundido- de su patrocinador, Adidas.
Pero las cifras que manejan otros deportes son inaccesibles al atletismo. El US Open de tenis que se inicia el próximo 23 de agosto ofrece 5 millones de dólares a cada campeón individual. El neocelandés Ryan Fox embolsó US$ 3,2 millones por ganar el reciente Open Británico de golf. Tenistas y golfistas, además, compiten casi semanalmente, mientras los maratonistas no pueden hacerlo más de dos o tres veces al año. La Selección de fútbol de España tuvo un premio de 50 millones de dólares por la conquista del Mundial (pero eso ni siquiera mueve la aguja para sus integrantes que, como el resto de las figuras del fútbol internacional, tiene salarios, bonos y contratos en números estratosféricos).
El atletismo está muy lejos de eso, y probablemente lo seguirá estando: son demasiadas pruebas y -salvo en las grandes citas- su poder de convocatoria y de repercusión popular es inferior.
Atletas de pista como John Kerr tendrán que mantener su ambición de mejorar marcas y ganar títulos, pero la tentación de una fortuna parece lejana para ellos.