Análisis semanal | La encerrona del ajuste eterno y un reclamo histórico que cobra fuerza

Rafael Cortes
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Análisis semanal | La encerrona del ajuste eterno y un reclamo histórico que cobra fuerza

La sucesión de novedades en torno al meteórico ascenso social de Manuel Adorni acapara la atención mediática y alimenta a las fieras de las redes sociales con una versión renovada del arquetipo del nuevo rico, pero la preocupación más profunda de las familias pasa más cerca de la heladera que del televisor o el teléfono.

Ocurre que después de una necesaria primera etapa de estabilización que requirió un enorme sacrificio de la mayor parte de la sociedad, el tiempo de la reactivación no llega (al menos no llega a la mayoría de los argentinos), el modelo da señales cada vez más claras de fatiga y la economía va camino a encerrarse en una espiral de ajuste eterno.

El ancla cambiaria perdió efectividad, porque la inflación sigue subiendo a pesar de que el tipo de cambio real se aprecia. La competitividad exportadora paga el precio de sostener un dólar barato y el premio de la baja inflacionaria no aparece.

El modelo parece encerrado en una tautología: para que el plan funcione, la inflación debe bajar; pero para que la inflación baje, se mantiene un ancla cambiaria que asfixia a los sectores transables, impidiendo que las exportaciones lideren la salida de la recesión.

El ancla fiscal tampoco resulta suficiente para contener a una inflación que en marzo llegó a 3,4% según el índice del INDEC y que ya acumula diez meses consecutivos al alza.

Nuevamente, se paga el precio sin cobrar el premio. Porque el ancla fiscal exige motosierra constante y el costo del abuso de esta herramienta es la retracción del consumo masivo (que de acuerdo a la consultora Scentia, en febrero cayó 3,4% interanual y 6,3% en la comparación contra enero), la pérdida del poder adquisitivo del salario registrado (que en febrero volvió a caer y acumula una baja real de 4,3% en los últimos seis meses) y la consiguiente reducción en la recaudación.

En ese punto, el ajuste se convierte en un animal que se come su propia cola.

Milei prometía que el ajuste liberaría recursos para el sector privado, pero en la práctica el efecto fue inverso porque llevó a una recesión que desplomó la recaudación tributaria, obligando al gobierno a profundizar los recortes para mantener el equilibrio fiscal en una espiral que parece interminable.

En el camino ya cerraron sus persianas más de 24 mil empresas, se perdieron 300 mil empleos registrados, la informalidad trepó al 43% y la ocupación de la capacidad instalada de la industria se ubica apenas por encima del 54% (la más baja desde 2002)

El análisis desagregado de la caída en el uso de la capacidad instalada de la industria revela que los sectores que se hunden son los de mayor valor agregado, mayor densidad tecnológica y capacidad de generación de empleo calificado, como metalmecánica (33,9%), industria automotriz (38,9%) o productos textiles (39,9%) y los que sobrellevan mejor la situación están ligados a commodities industriales básicos obtenidos de la extracción de recursos naturales, como refinación de petróleo (88,9%).

El panorama actual de la economía parece confirmar que el ajuste no genera por sí solo el rebote productivo, menos aun cuando las condiciones de competitividad externa, el crédito y la demanda interna permanecen comprimidas.

El dogmatismo al poder

Las palabras de Javier Milei en el AmCham Summit que se realizó esta semana dejaron en claro que no tiene plan B. Reconoció que los datos de inflación de los últimos meses son malos, pero ratificó que no habrá cambio de rumbo.

Cuatro citas textuales alcanzan para resumir su discurso: “Nos vamos a atar al poste”, “la motosierra no se detiene”, “hay que tener paciencia”, “si nos sale mal, nos iremos a casa”. Traducción: el ajuste sigue y el único remedio es la paciencia.

Como si se tratara del mitológico posadero Procusto que estiraba o mutilaba a sus huéspedes para que cupieran en su cama, Milei cree tener la capacidad de moldear a la realidad para que se adapte a su modelo teórico.

Pero como suele ocurrir, la realidad transcurre su propio camino desatendiendo dogmas.

Mientras los sectores productivos languidecen con casi la mitad de sus máquinas apagadas, el poder político ratifica un rumbo que carece de válvulas de escape. La ausencia de un plan de reactivación y la negativa a modificar el esquema cambiario o fiscal frente a las señales de alerta sugieren que el país no está en una fase de transición, sino en un estado de estancamiento rígido donde el ajuste dejó de ser el medio para convertirse en el fin.

Cada vez más lejos de la convergencia prometida por el presidente, son cada vez más los analistas que advierten que se están acumulando las condiciones para la próxima corrección abrupta.

Es la economía, estúpido

Todas las encuestadoras coinciden en marcar una caída de la imagen pública tanto del presidente Milei como de su gestión y, lo que resulte tal vez más preocupante para el gobierno, un deterioro en las expectativas a futuro, máximo capital electoral para cualquier gobernante.

La caída se profundizó en coincidencia con el caso Adorni, pero los estudios más pormenorizados revelan que la principal causa del creciente descontento no pasa por cuestiones relacionadas a la ética, sino por el rumbo de la economía.

En una encuesta publicada esta semana, la consultora Opina Argentina indica que la imagen positiva del presidente Milei se desplomó 6 puntos en apenas un mes y 13 puntos en los últimos cuatro meses.

De acuerdo con el análisis de la consultora, tanto la caída de la aprobación como el retroceso en la intención de voto frente al peronismo se explican principalmente por el creciente malestar económico.

El 62% de los consultados consideró que la situación general de Argentina está «peor que el año pasado», mientras que solo un 25% la evaluó como mejor y un 12% señaló que está igual. En tanto, las expectativas también caen: el 29% cree que la situación será mejor dentro de un año, pero el 57% piensa que va a empeorar.

Los resultados de Opina Argentina coinciden con los del influyente Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella, que cayó 3,5% en marzo y se ubicó en un promedio de 2,43 en una escala de 0 a 5.

Uno de los datos salientes del informe es la caída de la imagen del Gobierno de Milei en el segmento de los jóvenes (18 a 29 años), donde más fuerte golpea la crisis del empleo, allí el respaldo a la gestión del libertario cayó 25% y se ubicó por debajo de los demás segmentos etarios.

El Informe Nacional de Opinión pública de Hugo Haime y Asociados correspondiente a marzo muestra un crecimiento de la negatividad que ascendió a 70% en el clima social. Al igual que el resto de las encuestas, la de Haime pone a la economía al tope de las preocupaciones.

En relación a los problemas del país, los bajos salarios (36%) -crece 8 puntos- ocupan el primer puesto, seguido por corrupción, desocupación (23%), inseguridad (22 %), inflación (21%) y pobreza (21%).

Respecto a los problemas que preocupan en lo cotidiano, lideran los económicos con un crecimiento de bajos salarios (45%) e inflación (44%), en un tercer escalón se ubica inseguridad (20%), y luego desocupación (18%).

Las expectativas a un año (35%) caen 5 puntos -10 desde diciembre -. La evaluación de mejora del país en los últimos tres meses (16%) cayó 11 puntos mientras se mantuvo la de empeoramiento (53%). En relación al hogar sucedió algo similar. La percepción de mejora (13%) cayó 7 puntos y la de empeoramiento (45%) cayó 2 puntos.

Golpe al bolsillo misionero

El combo de dólar barato, crédito caro y mercado interno retraído perjudica especialmente a Misiones por sus características de provincia de frontera y por la relevancia que tienen las economías regionales exportadoras.

En este punto conviene detenerse en la eterna discusión del atraso cambiario, siempre destacado por los empresarios exportadores y siempre negado por el gobierno nacional.

Si se toma como referencia el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) del BCRA, el atraso es innegable. Actualmente el índice se ubica en torno a los 85 puntos —base diciembre 2015=100— cuando la devaluación de diciembre de 2023 lo había llevado a 124,8. Esto quiere decir que el programa consumió 39,8 de los 41,6 puntos de ventaja competitiva generados en el arranque. El tipo de cambio oficial no solo dejó de subir: cayó en términos nominales durante el primer trimestre de 2026.

Para la economía misionera el dólar barato siempre fue un dolor de cabeza por vía doble.

Por un lado, porque los rubros exportadores como la madera, el tabaco, el té y la yerba mate tradicionalmente operan con márgenes de rentabilidad relativamente escasos que se esfuman rápidamente cuando el tipo de cambio no acompaña. Lo que no ocurre por ejemplo con la soja, el petróleo o la minería cuyos márgenes permiten sobrellevar cierto nivel de atraso cambiario.

Y por otro lado porque las fronteras tan cercanas hacen que el tipo de cambio también incida en el comercio doméstico. Con el dólar bajo, Paraguay y Brasil se ponen más baratos para los misioneros que cruzan en cantidades cada vez mayores a comprar a los países vecinos.

Ese factor resultó determinante para que el fenómeno nacional de cierre de empresas en Misiones fuera más pronunciado. De acuerdo con datos oficiales que rescata el “Monitor mensual de empresas” de la Fundación Fundar, en todo el país se perdieron más de 24 mil empresas desde diciembre de 2023 hasta inicios del año en curso. En términos porcentuales la caída fue de 4,7%.

En Misiones, en el mismo lapso bajaron sus persianas más de 2.700 firmas, lo que representa el 9,8% del total de empresas que estaban operando a fines de 2023, porcentaje que duplica al promedio nacional.

Solución de fondo

Como respuesta definitiva para el histórico problema de las asimetrías, desde el oficialismo provincial en la Cámara de Representantes se impulsó un proyecto para que el Gobierno nacional avance en la creación de un régimen fiscal diferencial específico para Misiones, basado en exenciones impositivas nacionales y beneficios aduaneros.

No se trata de un pedido de auxilio, sino de una exigencia de justicia para una región que compite a diario contra países que aplican sistemas fiscales y regulatorios mucho más ágiles que el que impone Argentina.

La asimetría es estructural y profunda: mientras el productor misionero intenta colocar sus manufacturas en el mercado, debe lidiar con una carga impositiva nacional que, en ciertos productos, llega a devorar hasta el 60% del valor final, una cifra que asfixia cualquier intento de expansión y pone en riesgo el sostenimiento del empleo y el consumo local.

Además, se le suma el castigo de la distancia. Los altos costos logísticos derivados del alejamiento de los grandes centros económicos del país actúan como un peaje invisible que encarece cada eslabón de la cadena productiva.

Por ello, la propuesta legislativa articula una serie de medidas de alivio que pretenden oxigenar la economía real. El planteo incluye una revisión necesaria del IVA, la reducción de los impuestos a las ganancias para sectores estratégicos y la eliminación de los tributos que pesan sobre los combustibles, un factor crítico para una provincia que depende del transporte terrestre para movilizar su riqueza.

El proyecto no es el movimiento aislado de un sector político, sino el eco de una demanda consolidada por las cámaras empresariales y los actores que motorizan la yerba mate, el té y la industria forestal.

Existe un consenso absoluto en que, sin beneficios aduaneros para la exportación y un alivio tangible en el impuesto al cheque, el crecimiento de la provincia encontrará siempre un techo de cristal.

Lo que Misiones busca es que su destino no dependa de la benevolencia del centro del país, sino de su propia capacidad de competir en igualdad de condiciones, transformando su geografía de frontera en una verdadera plataforma de desarrollo.

Encuentro Misionero

La novedad política más importante en lo que va del año se produjo esta semana con la convocatoria a un espacio amplio denominado Encuentro Misionero que marcó el arranque de la maquinaria electoral del oficialismo provincial de cara a la cita con las urnas en 2027.

El conductor del espacio de gobierno, Carlos Rovira, convocó a abrir el juego y construir un frente amplio con ejes en el trabajo, la producción y la reactivación de la economía. Para la propia tropa (que reconoce dificultades para conectar con el humor social) bajó el mensaje de ampliar la base, salir al territorio, recuperar cercanía con la gente y actualizar el lenguaje de la política.

En ese marco, se definió avanzar con una mesa de coordinación y se puso en marcha el armado territorial, con eventuales candidatos que empezarán a recorrer la provincia, entre los que se destaca el intendente Lalo Stelatto y otros que harán lo propio en la ciudad de Posadas.

Para Misiones no hay nombres cerrados, pero sí una decisión tomada: moverse con anticipación.

Se trata de una convocatoria que remite al espíritu que dio forma a la renovación, un espacio nacido de una construcción política transversal, que en su momento unió a radicales con peronistas y representantes de otras fuerzas, bajo una bandera común que excedió a las diferencias partidarias.

Encuentro Misionero se plantea como una suerte de vuelta a las fuentes, pero adaptada a un contexto político y social diferente, marcado por la fragmentación y el desencanto de la sociedad con la política.

Aunque todavía es temprano para hablar de alianzas bajo el paraguas de Encuentro Misionero, uno de los convocados a la reunión fue el intendente de Colonia Aurora, Carlos “Cali” Goring, del PAyS, quien se mostró entusiasmado con la propuesta y mostró coincidencias con los ejes generales planteados en la charla.

Gestión en marcha

En paralelo a estos movimientos políticos, la gestión siguió mostrando actividad en áreas sensibles. La realización de la Expo Agroindustrial en Oberá, con una convocatoria que superó las 5 mil personas por día, volvió a poner en valor el entramado productivo regional, con especial énfasis en la innovación, el desarrollo metalmecánico y la articulación entre sector público y privado. En un contexto económico complejo, estos espacios no solo exhiben capacidad productiva, sino también una decisión de sostener la actividad y apostar al crecimiento.

En el plano institucional, también se destacó el reclamo realizado por el gobernador Hugo Passalacqua ante la Nación para la regularización de una deuda superior a los 2.500 millones de pesos correspondiente al programa Incluir Salud. Se trata de fondos destinados a centros que atienden a personas con discapacidad, cuya demora afecta directamente a instituciones, profesionales y familias en toda la provincia. El pedido, planteado en términos de responsabilidad institucional, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de respuestas concretas en áreas sensibles.

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