Tras el abandono de Nación, el estado de la Ruta 14 en Corrientes golpea de lleno a quienes viven de transitarla y multiplica las averías en vehículos y el riesgo de accidentes

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Tras el abandono de Nación, el estado de la Ruta 14 en Corrientes golpea de lleno a quienes viven de transitarla y multiplica las averías en vehículos y el riesgo de accidentes

El abandono por parte de Nación a la Ruta Nacional 14 tiene consecuencias que exceden el estado de la calzada. Para quienes dependen de este corredor para trabajar, cada viaje implica calcular mayores tiempos, afrontar reparaciones más frecuentes y sostener una atención permanente frente a pozos, huellas y desniveles que pueden obligarlos a realizar maniobras imprevistas.

La traza es uno de los principales corredores para conectar Misiones y Corrientes con Buenos Aires y concentra transporte de cargas, pasajeros, turistas y vehículos particulares. En un recorrido de aproximadamente 300 kilómetros entre San José y Paso de los Libres se registraron distintos sectores deteriorados y se recogieron testimonios de quienes circulan habitualmente por la denominada Ruta del Mercosur.

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Entre ellos estuvo Mariano, coordinador de viajes, quien explicó las dificultades que encuentra al organizar servicios turísticos por carretera. “Influye directamente en los tiempos para llegar a los hoteles, para trasladarnos dentro del país y, obviamente, es muy difícil predecir el horario de llegada porque cada vez que salís, las encontrás peor”, sostuvo.

El cumplimiento de los itinerarios representa además un desafío porque las empresas deben compatibilizar la necesidad de reducir la velocidad con horarios previamente establecidos. Mariano señaló: “Nosotros tenemos coche cama, un colectivo nuevo, que es una inversión que hizo un privado y se está destruyendo porque realmente tenés que salir a laburar en estas condiciones y tenés que cumplir horarios para llegar a un hotel”.

Las consecuencias también alcanzan directamente a los pasajeros. “No podemos ir tan despacio, aunque a veces lo vamos, y eso influye en el horario de llegada. La gente llega más cansada, a la hora de dormir a la noche no duerme porque el colectivo va para un lado o para el otro, van a los cabezazos”, describió. A esto agregó los inconvenientes mecánicos que aparecen como consecuencia de transitar reiteradamente sobre una calzada deteriorada.

El escenario se replica entre los transportistas de carga. Nicolás, camionero que circula por el corredor, relató que después de los viajes las unidades requieren revisiones y reparaciones con mayor frecuencia. “El camión vive golpeando. Cada vez que te vas a la técnica tenés algo que hacer o cada viaje que hacés tenés algo para hacer por esa razón”, afirmó.

Nicolás advirtió que la problemática tampoco se limita al transporte pesado, especialmente en períodos de mayor circulación de vehículos particulares. “Los autos chicos también, en época de vacaciones, las camionetas, los coches se ven al costado de la ruta. No conocen, agarran un pozo y una llanta, una cubierta”, explicó.

Lucas, también camionero, puso el foco en componentes que sufren particularmente cuando las unidades circulan cargadas. “Todo el deterioro en las gomas, la parte de amortiguadores y todo cuando vienen cargados los camiones. Nosotros vamos y le pedimos un amortiguador a nuestro patrón y él te dice: ‘El camión es nuevo’. Sí, es un camión nuevo, pero está todo roto”, sostuvo.

Para los trabajadores, esas roturas no significan que exista la posibilidad de dejar de circular hasta que mejoren las condiciones. El transporte depende precisamente de permanecer en movimiento. Otro camionero entrevistado lo resumió: “No se puede ir directamente. Hay que viajar, o sea, quiera o no, hay que salir a la ruta”.

A los costos mecánicos se suma la exigencia física y mental sobre los conductores. Luis, chofer de colectivos, describió el nivel de concentración que demanda manejar por estos sectores: “Te desgastás un poquito más por el tema de que tenés que estar a los 100 ojos. Es la realidad”.

Las condiciones de la calzada pueden convertir además una maniobra para evitar un pozo en un riesgo para otros vehículos. Iván, camionero habitual del corredor, señaló que hay sectores en los que resulta necesario extremar las precauciones. “Por ejemplo, la parte de Alvear, tenés que tener un cuidado terrible. Hay mucha posibilidad de tumbar. O por ahí, por esquivar un pozo, si no estás prestando atención y justo te está pasando alguien, te podés chocar”, explicó.

En un testimonio anterior durante el mismo recorrido, Iván había advertido sobre las huellas y pozos que condicionan incluso la velocidad del transporte pesado. “Está muy destruida, está muy rota. Nosotros por ahí tenemos 80, pero hay lugares que no podés andar a 80 con el camión. Las huellas te sacan, los pozos… desviás un pozo, salís afuera o te encontrás con el que viene de frente”.

Camioneros, choferes y trabajadores del turismo coinciden en una misma realidad: aunque las condiciones de circulación empeoren, sus actividades dependen de esa ruta. Cargas que deben llegar a destino, pasajeros con horarios programados y servicios turísticos previamente contratados hacen que detenerse no sea una alternativa.

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— misionesonline.net (@misionesonline) March 18, 2024

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