La crisis migratoria en Ceuta atraviesa su día 22 sin una solución definida y continúa ocupando buena parte de la agenda española. En una nueva edición de Ronda de Corresponsales, por +Perfil, Marcelo Molina detalló la situación de los migrantes que permanecen en playas y distintos puntos de la ciudad, mientras crece la tensión con Marruecos.
El escenario combina un operativo policial que no logra desalojar definitivamente las playas, una situación humanitaria cada vez más delicada y un conflicto diplomático que llegó hasta la Casa Real española. Según Molina, “realmente hay un descontrol que todavía no lo pueden ordenar”.
La crisis en las playas y el drama de los 90 cuerpos
Uno de los principales focos de atención está en la playa del Trampolín, donde las autoridades desplegaron policías durante la madrugada para concentrar a los migrantes en una zona cercana a un muelle. Después de varias horas, los agentes se retiraron y las personas volvieron a ocupar el lugar.
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La situación se repite porque las instalaciones destinadas a recibirlos no resultan atractivas para quienes permanecen en la ciudad. Según Molina, “las carpas no alcanzan” y muchos prefieren quedarse en la playa porque tienen acceso al agua y pueden instalar allí sus pertenencias.
El costado más dramático de la crisis se encuentra en la morgue. Al día 22 permanecían allí 90 cuerpos, de los cuales solamente siete habían sido identificados, mientras familiares y allegados de Marruecos intentaban obtener información sobre personas cuyo paradero desconocen.
Entre los casos mencionados apareció el de un joven de 21 años que había sido identificado y cuyo cuerpo fue trasladado en un coche fúnebre, pero no pudo ingresar a Marruecos. El episodio expuso una de las mayores dificultades de la crisis: la imposibilidad de identificar y repatriar a todos los fallecidos.
La tensión política entre España y Marruecos
La crisis también comenzó a involucrar directamente a la Casa Real española. Según una información difundida por El País, un ministro del Gobierno de Pedro Sánchez habría planteado la posibilidad de que el rey Felipe VI se comunicara con Mohamed VI para agradecer la actuación de Marruecos y pedirle que facilite el retorno de los migrantes.
La eventual comunicación todavía no se había producido. Al mismo tiempo, la posibilidad de una visita del monarca a Ceuta permanece condicionada a la autorización del Gobierno español.
El antecedente es particularmente sensible: la última visita de un rey español a Ceuta fue realizada por Juan Carlos hace 19 años y generó entonces una reacción negativa de Marruecos. La relación entre ambos países vuelve a quedar atravesada por la cuestión de Ceuta y Melilla.
Una crisis que llegó hasta el fútbol
La tensión también alcanzó al fútbol español. El Ceuta, que participa en la segunda categoría profesional, recibió autorización para utilizar una camiseta con el mensaje “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” durante su próximo partido.
La decisión generó un nuevo conflicto con el Deportivo de Las Palmas, cuyo plantel debe viajar desde Canarias y realizar una escala en Marruecos. El club canario expresó reparos por temor a posibles represalias durante el regreso.
Para Molina, el episodio demuestra hasta dónde se extendió el conflicto: “El conflicto escala día a día y no tiene un fin”. La crisis migratoria dejó así de ser solamente una cuestión humanitaria y pasó a involucrar también a la política, la diplomacia y hasta el deporte.