La presencia de Javier Milei en el lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro, en San Pablo, no solo profundizó la crisis diplomática entre Argentina y Brasil, sino que abrió un inusual debate sobre los límites de la función diplomática. El acto del 25 de julio, en el que el Presidente volvió a insultar a su par, Lula da Silva, y al juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, también llamó la atención por la delegación que lo acompañó.
Además de su armadora política, Karina Milei, y del canciller Pablo Quirno, estuvo presente el cónsul argentino en San Pablo, Luis María Kreckler, un embajador de carrera que cuenta con un alto perfil dentro de la estrategia diplomática libertaria, cuya presencia dejó entrever el rol que deben asumir los funcionarios argentinos cuando una visita oficial deriva en un mitín partidario. En este caso con un agravante: con un jefe de estado (el único invitado al acto bolsonarista) insultando a los máximos representantes del país visitado, leyendo un discurso en castellano pese al portugués local (todo un gesto diplomático).
Según pudo reconstruir PERFIL, Kreckler no sólo estuvo a cargo de la logística presidencial (como corresponde a su función al recibir al Presidente en su jurisdicción), sino que habría permanecido durante el acto realizado en el estadio Pacaembu, donde la Convención Nacional del Partido Liberal formalizó al hijo mayor del expresidente Jair Messías Bolsonaro como candidato a presidente. Su invitado estrella fue el autoproclamado referente de las “Fuerzas de la Libertad”, la apuesta regional de Milei para posicionarse como líder de los referentes conservadores y otros ultra.
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Repercusión diplomática por el acto bolsonarista en San Pablo
“Ladrón”, “exconvicto” y “corrupto”, fueron algunos de los adjetivos que lanzó el Presidente desde la tarima en relación a su homólogo brasileño, emulando al propio Bolsonaro durante el debate presidencial en 2022. En frente, una militancia vestida con camisetas de la selección de Brasil lo aplaudía mientras otros reclamaban “censura” contra el militar y exlegislador, quien se encuentra actualmente cumpliendo una condena de 27 años por haber orquestado un plan criminal para impedir la asunción del líder del Partido de los Trabajadores en 2023.
Consultada por este medio, Cancillería evitó confirmar formalmente la participación del embajador Kreckler en el acto, aunque señaló que participó “naturalmente, en la logística de la visita, como cónsul en San Pablo”.
En paralelo, diplomáticos de carrera consultados por PERFIL indicaron que existe una diferencia entre garantizar el desarrollo de una visita presidencial y permanecer en una actividad de campaña. “Fue una equivocación”, sostuvo un exembajador que conoce de cerca el vínculo bilateral entre los dos mayores socios del Mercosur, pero que pidió reserva de identidad. “El cuerpo diplomático no responde a un gobierno sino al Estado. Podía organizar toda la logística presidencial, ya que era su obligación, pero no estaba obligado a participar. Su presencia fue una suerte de convalidación de un acto político”, indicó.
En tanto, la discusión cobró relevancia porque el discurso de Milei profundizó la peor crisis diplomática entre Argentina y Brasil desde el inicio de su gestión, cuyo funcionamiento se había mantenido en los márgenes de la normalidad pese al fastidio entre los presidentes y las profundas diferencias ideológicas. El canciller brasileño, Mauro Vieira, veterano del Palacio de Itamaraty y exembajador en Argentina, supo construir una buena relación con sus pares, desde Diana Mondino hasta Gerardo Werthein, incluido el propio Quirno, según confirmó en su momento a este medio el embajador brasileño Julio Bitelli, otro de los armadores del vínculo bilateral en estas condiciones.
Durante su intervención, el Presidente volvió a descalificar a Lula y cargó contra De Moraes, luego de que le denegara la visita a su socio político Bolsonaro en su domicilio, lo que derivó en una nueva escalada bilateral. Brasil decidió suspender temporalmente el regreso de su embajador en Buenos Aires, quien había sido convocado a consultas a fines de julio, mientras que le pidió a Daniel Raimondi, embajador argentino en Brasilia con quien mantiene una relación definida como “amigable”, que volviera a Buenos Aires.
Como contó PERFIL, la decisión del Palacio de Itamaraty no supone una ruptura de relaciones diplomáticas sino mantener una representación equivalente entre ambos países mientras se evalúa cómo continuará el vínculo bilateral. De acuerdo con fuentes con conocimiento de las conversaciones, si la representación brasileña permanece encabezada por un encargado de negocios, la argentina también debe mantener un esquema similar. La medida, aclaran, es transitoria y no implica un retiro definitivo del embajador.
“La diplomacia brasileña es especializada, es una carrera de Estado. Nuestros embajadores forman parte del Itamaraty”, afirmó Laisy Morière, socióloga y exsecretaria nacional de Mujeres del partido fundado por Lula da Silva en 1990, ante la consulta de PERFIL. Sin embargo, sostuvo que el gobierno brasileño consideró el episodio como un hecho “sin precedentes”.
Recordó que el canciller Vieira calificó la situación como grave, aunque descartó por el momento medidas de mayor dureza, como una ruptura diplomática, mientras que coincidió con la definición de la presencia de Milei en el acto de Bolsonaro, previo a las elecciones del 4 de octubre, como una “patacoada”.
Del lado del oficialismo brasileño, PERFIL supo que la presencia del cónsul argentino en el acto partidario “no surgió” en las conversaciones respecto a los pasos a seguir en la relación con Argentina luego de los reiterados insultos de Milei, que redobló la apuesta en las semanas subsiguientes en declaraciones a varios medios argentinos.
Esa reconstrucción coincide con la realizada por PERFIL entre fuentes diplomáticas. “La pelea es con Milei. Brasil no se va a rebajar a discutir un cónsul”, resumió el exembajador consultado. Según explicó, Itamaraty evitó personalizar el conflicto en Kreckler y concentró la respuesta diplomática en las declaraciones del Presidente argentino, mientras el embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, permaneció al margen de la controversia y mantuvo abiertos los canales de diálogo con el canciller Vieira.
El episodio también llegó al Congreso argentino. El diputado de Unión por la Patria y exministro de Defensa Jorge Taiana presentó un proyecto de declaración en la Cámara de Diputados para expresar el “enérgico repudio” a las declaraciones de Milei y su “rechazo a la presencia y participación del Sr. Canciller, Pablo Quirno, y del Sr. Cónsul en San Pablo, Luis María Kreckler, en un acto de carácter estrictamente político-partidario en el extranjero”, al considerar que ello implicaría apartarse de las obligaciones constitucionales y legales que rigen el Servicio Exterior de la Nación. Desde el entorno del legislador aseguraron a PERFIL que manejan información según la cual Kreckler “estuvo y fue el armador de la visita”.

La trayectoria Luis María Kreckler
Quienes conocen la trayectoria de Kreckler distinguen, sin embargo, entre su perfil profesional y este histórico episodio de tensión en las relaciones argentino-brasileñas. Diplomático de carrera desde hace más de tres décadas, al igual que buena parte de su familia, fue promovido en 2006 al rango de embajador extraordinario y plenipotenciario con acuerdo del Senado, según información oficial de Cancillería. Entre junio de 2005 y julio de 2010 se desempeñó como subsecretario de Comercio Internacional de la Cancillería, donde impulsó el desarrollo de consejos empresariales binacionales y comisiones mixtas económico-comerciales para fortalecer el comercio y las inversiones entre Argentina y sus principales socios.
Posteriormente fue designado por Cristina Kirchner como embajador en Brasil, cargo que ocupó entre enero de 2012 y marzo de 2016, uno de los destinos más relevantes de la política exterior argentina. Tras su paso por la embajada en Suiza y otros destinos, durante el gobierno de Javier Milei volvió a desempeñar un rol central cuando el entonces canciller Gerardo Werthein lo convocó como secretario de Relaciones Económicas Internacionales para participar de las negociaciones con Estados Unidos por la política arancelaria, en mayo de 2025. Finalizada esa etapa, regresó a San Pablo para retomar sus funciones como cónsul general.
“Kreckler es uno de los diplomáticos más eficientes que tiene la Argentina”, sostuvo el exembajador consultado. “Hubiera sido un muy buen canciller. Conoce Brasil como pocos. El problema aparece cuando entra en la arena política. Siempre fue una persona que se acomoda a las circunstancias y creo que la culminación de ese proceso fue este episodio”. El mismo diplomático recordó que Kreckler ya había acompañado actividades institucionales junto a Karina Milei en San Pablo, entre ellas reuniones con el gobernador bolsonarista, Tarcísio de Freitas, y consideró que esa cercanía con la Casa Rosada contribuyó a consolidar su lugar dentro de la estructura diplomática del actual gobierno.
Paradójicamente, el mismo diplomático que durante más de una década fue considerado uno de los principales conocedores de Brasil dentro de la Cancillería quedó ahora en el centro de una discusión sobre los límites que debe observar un representante del Estado cuando una visita presidencial deriva en un acto de campaña. Esa discusión, coinciden las fuentes consultadas por PERFIL, excede la figura de Kreckler y reabre un viejo debate dentro del Servicio Exterior argentino: hasta dónde debe acompañar un funcionario de carrera a un Presidente cuando una actividad oficial se transforma en un acto estrictamente partidario con consecuencias para la política exterior.
CD/fl