Este 22 de abril, el santoral católico rinde homenaje conjunto a dos pontífices fundamentales de los primeros siglos: San Sotero y San Cayo. Aunque vivieron en épocas distintas, ambos compartieron la misión de pastorear a la comunidad cristiana de Roma bajo la sombra de la persecución imperial, consolidando la estructura de la Iglesia y el cuidado de los más necesitados antes de entregar sus vidas.
San Sotero y San Cayo: pilares de la caridad y la ortodoxia romana
San Sotero, conocido como el “Papa de la caridad”, gobernó en el siglo II. Fuentes en italiano e inglés resaltan su inmensa generosidad hacia las iglesias lejanas, especialmente la de Corinto, enviando limosnas y cartas de consuelo que eran leídas en las asambleas litúrgicas. Se le atribuye la confirmación del matrimonio como un sacramento bendecido por el sacerdote y la prohibición a las monjas de tocar los vasos sagrados.
Por su parte, San Cayo, quien fue Papa un siglo después, era pariente del emperador Diocleciano. A pesar de sus vínculos familiares, vivió de forma heroica durante una de las persecuciones más sangrientas de la historia. Las crónicas hagiográficas detallan que Cayo se escondía en las catacumbas para administrar los sacramentos y fortalecer el espíritu de los fieles que esperaban el martirio, demostrando una valentía inquebrantable.
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Se atribuyen a ambos milagros de intercesión que permitieron la supervivencia de la fe en Roma. De Sotero se dice que su elocuencia convertía a paganos de la aristocracia, mientras que de Cayo se narra que su protección evitó que muchos cristianos fueran capturados durante las redadas imperiales. Sus muertes, aunque distanciadas en el tiempo, son celebradas el mismo día como un signo de la continuidad del testimonio apostólico.
Incluso siglos después, sus reliquias fueron veneradas con fervor. San Sotero fue enterrado originalmente en las catacumbas de San Calixto, mientras que San Cayo fue sepultado en el cementerio que lleva su nombre. La tradición eclesiástica europea los presenta como modelos de vigilancia pastoral, recordando que el obispo de Roma es, ante todo, un servidor de los siervos de Dios dispuesto al sacrificio total.
La devoción actual hacia estos dos Papas se centra en su papel como protectores de la jerarquía eclesiástica y de los perseguidos por su fe. Los fieles acuden a ellos para pedir unidad en la Iglesia y fortaleza ante las presiones del mundo exterior. Sus figuras representan la resistencia espiritual que no se doblega ante el poder político, manteniendo siempre la mirada puesta en la promesa de la vida eterna.
La oración dedicada a estos santos pide firmeza: “Oh Dios, que concediste a San Sotero y a San Cayo la gracia de regir a tu Iglesia con sabiduría y de morir por ella, concédenos que, por su intercesión, seamos siempre fieles a tu verdad y generosos en la caridad”. Los devotos suelen rezar este día por las intenciones del Santo Padre, buscando la paz y la concordia universal.
En el santoral católico de esta jornada también se recuerda a San Agapito I, Papa, y a Santa Senorina. Durante esta semana, la comunidad cristiana celebra además a San Jorge Mártir, San Fidel de Sigmaringen y San Marcos Evangelista. Estos testimonios, que abarcan desde el martirio hasta la evangelización misionera, ofrecen a los creyentes una guía espiritual robusta para afrontar los desafíos de la actualidad.
En la Ciudad de Buenos Aires, los fieles pueden encontrar un espacio de recogimiento en la Catedral Metropolitana (Rivadavia y San Martín), donde se honra la memoria de los sucesores de Pedro. Asimismo, en la Parroquia de San Juan Bautista (Alsina 824), los devotos suelen recordar a los santos de los primeros siglos en un ambiente de profunda oración y respeto por la tradición litúrgica.