La NASA registró imágenes satelitales de alta resolución que documentan la compleja interacción de las aguas mareales en Guinea-Bissau, un fenómeno hidrológico único en la costa del oeste de África que moldea constantemente la geografía de la región.
El hallazgo, capturado por los sensores del satélite Landsat, expone cómo las variaciones de la marea desplazan masivas cantidades de sedimentos hacia el océano Atlántico, impactando de lleno en la biodiversidad costera y en las actividades económicas locales.
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Las costas de este país africano presentan una de las amplitudes mareales más pronunciadas de la región, alcanzando oscilaciones de hasta seis metros de altura. Esta oscilación periódica genera corrientes violentas que ingresan por los estuarios y sumergen vastas extensiones de tierra, para luego retirarse y dejar al descubierto intrincadas redes de canales de fango e islotes de sedimentos.
La geografía del litoral guineano está definida por ríos de gran caudal como el Geba, el Corubal y el Cacheu, cuyos cauces transportan toneladas de materia orgánica hacia la plataforma continental. El choque entre el flujo fluvial de agua dulce y la fuerza de las mareas atlánticas crea un estuario donde el agua salada penetra decenas de kilómetros tierra adentro, remodelando de forma continua la línea de costa y poniendo en riesgo los asentamientos humanos.
Este dinamismo mareal resulta clave para el funcionamiento del Archipiélago de los Bijagós, un conjunto de más de 80 islas. En este ámbito insular, la alternancia del nivel del mar regula los ciclos biológicos de especies marinas de alto valor ecológico, funcionando como zona de cría para peces, moluscos y tortugas marinas.
Las consecuencias ambientales de estas potentes mareas se manifiestan de manera directa en los bosques de manglar, ecosistemas esenciales que cubren buena parte del territorio litoral guineano. Las variaciones bruscas en la salinidad y la deposición excesiva de sedimentos pueden asfixiar sus raíces y limitar considerablemente su capacidad de regeneración
La expansión de la agricultura de arrozales en zonas costeras requirió la deforestación de amplias parcelas de vegetación nativa, lo que dejó el terreno completamente desprotegido frente al embate de las mareas astronómicas extraordinarias y redujo la capacidad natural de retención de carbono atmosférico.
A su vez, la turbidez del agua causada por el transporte constante de sedimentos afecta la penetración de la luz solar en la columna hídrica, condicionando la fotosíntesis del fitoplancton. Este fenómeno impacta directamente en la cadena trófica marina, amenazando la disponibilidad de recursos pesqueros de los que depende la economía de subsistencia.