Un estudio científico documentó -por primera vez- cómo es la basura que “tiramos” en las profundidades del mar

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Un estudio científico documentó -por primera vez- cómo es la basura que “tiramos” en las profundidades del mar

Durante décadas se creyó que las grandes profundidades oceánicas permanecían relativamente aisladas de la actividad humana. Pero un estudio internacional recién publicado acaba de demostrar que ni siquiera el fondo del mar argentino escapa a la contaminación.

Publicado en la revista Frontiers in Marine Science, el trabajo constituye el primer registro sistemático de residuos antrópicos en el lecho marino profundo del país y advierte que estos ambientes funcionan como verdaderos “sumideros” donde la basura puede acumularse durante largos períodos.

Según un censo ambiental, el 74% de los residuos hallados en las playas bonaerenses son plásticos

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La investigación analizó imágenes obtenidas mediante el vehículo submarino remoto (ROV) SuBastian, operado desde el buque de investigación Falkor (too) del Schmidt Ocean Institute. A lo largo de 55,6 kilómetros recorridos sobre el lecho oceánico, los científicos registraron 29 objetos de origen humano, entre ellos plásticos, sogas y redes de pesca, los materiales encontrados con mayor frecuencia.

basura fondo mar
La zona recorrida por los investigadores.

Uno de los resultados más llamativos fue que los cañones submarinos concentraron la mayor cantidad de residuos, con una densidad cercana a 1,4 objetos por kilómetro, mientras que la cuenca de Malvinas presentó los valores más bajos. Según los autores, la topografía del fondo y las corrientes marinas favorecen que estos cañones actúen como trampas naturales para la basura transportada desde zonas costeras o de actividad pesquera.

Entre las autoras del trabajo figuran las investigadoras argentinas Maialen Ardusso, Florencia Rial, Melisa Fernández Severini, Ele Beruschi, Luana Acosta y María Emilia Bravo, junto a otros expertos del Conicet, la Universidad de Buenos Aires, el Instituto Argentino de Oceanografía, el Museo Argentino de Ciencias Naturales, la Universidad de California en San Diego y otras instituciones internacionales.

Se encontró menos de lo que seguramente hay

Los investigadores aclaran que la cantidad de residuos observados probablemente represente una subestimación de la situación real, ya que el relevamiento tuvo carácter exploratorio y cubrió una superficie reducida respecto de la enorme extensión del Atlántico Sur. Aun así, sostienen que constituye una línea de base indispensable para comprender la magnitud del problema y diseñar estrategias de monitoreo y conservación en ecosistemas que hasta ahora habían permanecido prácticamente inexplorados.

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El estudio también refuerza una preocupación creciente entre los especialistas: una vez que los plásticos y otros desechos llegan a grandes profundidades, su degradación es extremadamente lenta. La ausencia de luz, las bajas temperaturas y la escasa dinámica biológica convierten al fondo oceánico en un depósito casi permanente de contaminación, con posibles consecuencias sobre especies todavía desconocidas y sobre el funcionamiento de ecosistemas clave para la biodiversidad marina.

El fenómeno inesperado que convirtió a una expedición científica en un éxito viral

La expedición desde la que surgieron estos datos ya había protagonizado uno de los fenómenos de divulgación científica más llamativos de 2025. Las transmisiones en vivo por YouTube realizadas desde el buque Falkor (too), mientras el ROV SuBastian exploraba hasta casi 4.000 metros de profundidad frente a la costa argentina, convocaron millones de visualizaciones y decenas de miles de espectadores simultáneos. Lo que inicialmente estaba pensado para especialistas terminó convirtiéndose en un verdadero fenómeno de masas.

Las imágenes de estrellas de mar, peces transparentes, pulpos, crustáceos y otras criaturas de las profundidades inundaron las redes sociales y los programas de televisión. La expedición, desarrollada por investigadores del CONICET junto con el Schmidt Ocean Institute, despertó un inusual entusiasmo por la ciencia y puso en primer plano el trabajo de los oceanógrafos argentinos, que interactuaban en tiempo real con el público mientras respondían preguntas sobre la biodiversidad del Atlántico Sur.

El impacto trascendió la curiosidad científica.

La transmisión se transformó en un símbolo del valor de la investigación pública argentina y mostró que, cuando la ciencia logra abrir una ventana directa hacia descubrimientos inéditos, puede captar la atención de audiencias masivas con la misma intensidad que un gran acontecimiento deportivo o cultural.

EG/fl

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