Resistencia, la ciudad que convirtió el arte en paisaje

7 Min Read
Resistencia, la ciudad que convirtió el arte en paisaje

Hay ciudades que tienen museos y hay ciudades que parecen haber decidido convertirse en uno. En Resistencia, las esculturas no esperan detrás de una puerta ni necesitan una entrada: aparecen en las plazas, en las veredas, en las esquinas, acompañan el paso cotidiano. Son parte del paisaje, como los árboles o los perros. Y si hay un lugar donde esa idea se vuelve evidente es en la Bienal Internacional de Escultura, que cada dos años transforma la ciudad en el escenario de una ceremonia que combina arte, trabajo, fiesta y participación popular.

La edición 2026 terminó el domingo 26 de julio después de diez días de polvo, martillazos y amoladoras en el Parque 2 de Febrero, junto al río Negro. Casi un millón y medio de personas, según los organizadores, pasaron por el predio durante la Bienal, que volvió a reunir a escultores llegados de distintos puntos del mundo y a un público dispuesto a seguir de cerca una tarea que suele ocurrir lejos de las miradas: la construcción de una obra de arte.

Aquí sucede lo contrario. Diez artistas trabajan a cielo abierto, frente a los visitantes, y convierten el proceso en espectáculo. Bajo máscaras y equipos de protección, cubiertos de marmolina, parecen menos criaturas inspiradas por las musas que obreros de una obra en construcción. El público pregunta, conversa, opina y, al final, también vota.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Este año fueron 439 los postulantes de 70 países. Los diez seleccionados llegaron desde Argentina, Bielorrusia, Bulgaria, Chile, España, Italia, Polonia, Turquía, Ucrania y Uzbekistán. Todos recibieron la misma retribución monetaria y todos dejaron su obra en Resistencia. El premio mayor fue para Mauricio Guajardo, el escultor chileno nacido en Rancagua, hijo de un minero y criado entre canteras de piedra.

Guajardo había intentado cinco veces llegar a la Bienal. En su quinta postulación lo consiguió y terminó llevándose el Primer Premio por Cubo etéreo, una estructura de mármol que parece quitarle peso a la materia hasta convertirla en una arquitectura abierta. El artista partió de un bloque macizo y trabajó hasta dejar apenas lo necesario: líneas rectas, vacíos, luz y sombra. Una pieza para entrar y salir, para sentarse, jugar, habitar.

“Me interesa más el espacio que no existe que el que existe”, explicó. Durante los días de trabajo podía verse apenas una nube de polvo blanco alrededor de la obra. Guajardo estaba adentro, tallando desde el interior del cubo. La imagen resumía su concepción de la escultura: no tanto imponer una forma a la piedra como descubrir el vacío que la piedra escondía.

La relación con el público es central en su obra. Guajardo cree que la escultura pública debe poder ser intervenida, recorrida, usada. Quizá por eso su pieza no fue concebida sobre un pedestal. Cuando se instale en alguna plaza o calle de Resistencia, podrá funcionar también como banco, refugio o juego. El escultor llegó a la ciudad con una anécdota menos amable: un perro le mordió la rodilla durante un acto de recepción. Después, como suele ocurrir en la Bienal, terminó rodeado de perros y escultores. “Esto es un grupo humano de amigos”, contó, recordando cómo los artistas se ayudan entre sí cuando alguno queda rezagado.

El segundo premio fue para el búlgaro Georgi Minchev, por Fragmento de algo más grande, y el tercero para la ucraniana Lyudmyla Mysko, autora de Metaestructura. Hubo también otros jurados. Los niños eligieron Poesía, del uzbeko Ulash Urakov; el público se inclinó por Movimiento cuántico II, del bielorruso Alex Sorokin, y los propios escultores premiaron a la polaca Anna Rasinska por Fiat lux y nuevamente a Mysko.

Pero la Bienal es mucho más que un concurso. En su alrededor conviven el Congreso Internacional de Artes, encuentros de escultores invitados, concursos para estudiantes, seminarios sobre arte, derecho, patrimonio y urbanismo, música sinfónica, artesanías indígenas, gastronomía y experiencias que cruzan arte y tecnología. La ciudad entera parece participar de una misma conversación.

La historia empezó mucho antes, en el Fogón de los Arrieros, aquella casa abierta de Aldo Boglietti y Hilda Torres Varela por donde pasaron Pettoruti, Fontana, Grete Stern, Borges, Cortázar y tantos otros nombres de la cultura argentina. Allí también circuló Fabriciano Gómez, el escultor que en 1988 imaginó un certamen que primero fue local, luego nacional y finalmente internacional. Su proyecto terminó convirtiendo a Resistencia en un museo a cielo abierto.

Hoy la ciudad ostenta 731 esculturas emplazadas en calles, plazas y parques. La Fundación Urunday, que custodia ese legado, organiza una Bienal que encontró una fórmula difícil de repetir: las obras nacen frente a la gente, la gente participa de ellas y después las cuida. En una ciudad donde las esculturas forman parte de la vida diaria, el vandalismo parece una contradicción.

El cierre tuvo algo de ritual. Primero llegaron los premios. Después, el cielo se llenó de drones que dibujaron un yaguareté, el capullo de algodón, los inmigrantes, el David que recibe a los visitantes y, finalmente, el perro Fernando, aquel animal callejero convertido en personaje y símbolo de Resistencia. La multitud lo celebró como si reconociera a un viejo amigo. Abajo, sobre el pasto, Abel Pintos puso música a la despedida.

La fiesta terminó, pero la Bienal ya mira hacia adelante. En 2028 cumplirá cuarenta años y recuperará en su identidad el nombre de aquel año: Bienal’28. Será otra edición, otra camada de escultores, otras materias convertidas en formas. Mientras tanto, las obras de esta semana comenzarán su nueva vida en la ciudad. Y Resistencia, una vez más, seguirá haciendo aquello que aprendió hace décadas: sacar el arte del museo, ponerlo en la calle y dejar que la gente lo haga suyo.

Share This Article
Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *