Antes, para comunicarse, además de las ganas, había que hacer un esfuerzo. Sin vida digital ni internet, había que anticiparse y ampliar la paciencia. Antes, una artista como Mercedes Sosa, que viajaba por el mundo y nunca paró, tenía que sentarse a escribir de puño y letra, con el papel que encontrara por ahí, y luego resolver el envío por correo.

A veces la carta estaba escrita en el mismo dorso del sobre. A veces, Mercedes, como cualquier otra persona, ni siquiera sabía cuándo llegaría ese cariño, o ese pedido, o esas muestras de vida, al destinatario. Antes, en vez de construir un perfil estético en algún feed de una red social, la personalidad de alguien se podía palpar en su escritura.
Y eso es un poco el primer impacto de estas correspondencias inéditas, ahora hechas libro en Pájaro azul (cartas desde el exilio). Encontrarse con una cantante que todo su pueblo conoce, pero desde un lugar casi desconocido.
Resulta que algún día de 2016 cayó Hugo Otero a la Fundación Mercedes Sosa. Entre sus manos, después iban a saber todos, tenía un tesoro. Había guardado toda la correspondencia que Mercedes le mandó en sus años de vínculo. Araceli Matus, nieta de la cantora, tardó un tiempo en decidir qué hacer con ese material inédito.
Al principio hasta le dio algo de pudor leerlo. Luego se preguntó si su abuela estaría de acuerdo. Con el tiempo se fue animando y ordenó esa carpeta azul del pasado.
En carne viva
No lo podía creer: ahí estaba su abuela desde un costado totalmente casero, en carne viva desde el exilio, pero también en todo su esplendor. Así nació Pájaro azul (cartas desde el exilio), la primera autobiografía inesperada de Mercedes Sosa.
En la nota de las editoras, se aclara un punto importante: no es la Mercedes cantora ni la figura pública consagrada, sino una mujer que escribe antes de dormir, en un avión o en su “escritorio color burguesía”, y que le habla a Hugo desde el miedo, la soledad, el cansancio, el humor y el deseo.
Carta a carta, Mercedes va construyendo una autobiografía fragmentaria que es también el retrato sensible de una época: aparecen lecturas, músicas, ciudades, afectos, escenas del exilio y referencias a acontecimientos históricos que atraviesan su vida cotidiana.
El 25 de octubre de 1980, Mercedes le escribió a Hugo desde Madrid. Hacía más de un año que estaba exiliada. Tanto se habló de su dolor ante la ausencia de la patria.
Y acá está ella desarrollando un poco más, en primera persona: “Como vos lo dijistes, la lejanía de la patria es dura, pero la cercanía la veo más obscura que nunca, las distintas voces de la derecha están más fuertes, eso se refleja en las revistas de Argentina, lástima, veo que el hecho cultural no existe casi o si existe es clandestino, lo lamento por mí, por nosotros, por nuestro país, ¿qué hijos tan cultos y tan importantes dio en todos los tiempos? Mi consuelo es que subterráneamente estén formándose los que mañana, limpia la mente de tanto fascismo, existirán y soñarán con una Argentina sin lágrimas”.
Con las “s” finales
Esta cita también sirve para apreciar un gesto –uno de varios– que su nieta Araceli (una de las editoras y responsables de este proyecto) tomó a la hora de la transcripción. Eso de dejarle a Mercedes los verbos con las “s” finales. Porque una voz también son sus vicios, que a veces terminan siendo sus vanguardias.

Pájaro azul contiene más de cien cartas, la mayoría fechadas entre 1978 y 1981. Es decir, en el período en que Mercedes comenzó a ser perseguida de manera más brutal por la dictadura cívico-militar y su posterior exilio.
Además de sentir el pulso cotidiano de una mujer angustiada, las cartas también ofrecen su propio universo cultural casi sin querer. Cuando Mercedes escribía, mencionaba artistas, citaba canciones y poemas, y describía lugares. Toda una clase muy personal de historia del arte popular. Algunas tenían que ver con su carrera (canciones que iban a sus discos, artistas con los que grababa) y otras, no.
Para darle un marco ensayístico general, la edición del libro cuenta con un sistema de citas al pie que aclara la información básica de cada referencia cultural. Y es una locura incontenible porque van de Marx y la política de contención de Venezuela a, por supuesto, Atahualpa Yupanqui, Piazzolla y Milton Nascimento.
Además de leer a Mercedes desde un lugar cotidiano, y también cultural, uno puede encontrar en este libro una historia de amor. Son tiempos duros para ser elegantes con esa búsqueda. Y no está mal pensar a Mercedes enamorada, al menos desde un intercambio idílico y corresponsal. Como una acción epistolar de amor y sostén. Hasta quizás le haya dicho a Hugo “pájaro azul” por el cuento de Rubén Darío, nadie lo sabe.

Ella, en un momento, le dice a Hugo: “De repente siento que las amistades tienen que ser, no unas hermosas cartas, sino las tremendas verdades de nosotros”.
Ella hablaba de cuestiones existenciales como los sueños, los destinos posibles, y también, por supuesto, ella estaba hablando del amor. Pensaba en un pájaro azul mientras escribía, y cantaba, desde el amor.
Pájaro azul (cartas desde el exilio), de Mercedes Sosa (Paripé Books).