El desdoblamiento del oficialismo aceleró la carrera hacia 2027, pero la elección provincial de 2025 dejó una advertencia. Ninguna fuerza alcanzó el 30 por ciento y casi la mitad del padrón no votó. Entre nuevos nombres, viejas estructuras y una economía que reclama respuestas, ningún espacio encontrará una mayoría lista para ser heredada.
* Por María Gabriela Barrionuevo
En Misiones, la carrera hacia 2027 comenzó antes de que aparecieran los candidatos. No la puso en marcha el lanzamiento formal de una candidatura, sino una sucesión de movimientos que alteró el modo en que el oficialismo había administrado hasta ahora sus diferencias.
Uno de ellos tomó forma institucional. De acuerdo con una información difundida por un medio local, al menos trece diputados provinciales presentaron ante la Cámara una nota en la que ratificaron su decisión de completar los mandatos y rechazaron cualquier renuncia anticipada que pudiera atribuírseles. El documento no prueba todas las versiones que circularon a su alrededor ni permite asignar intenciones que sus firmantes no expresaron. Pero deja algo al descubierto. Un grupo de legisladores consideró necesario dejar a salvo por escrito su decisión de permanecer en las bancas.
El dato no reside solamente en la cantidad de firmas. Importa también el gesto. Cuando una diferencia interna necesita quedar formalizada por escrito, deja de pertenecer solamente a los dirigentes y adquiere una dimensión institucional.
A esa señal se sumó la aparición de dos espacios: Encuentro Misionero y Movimiento por lo que Viene. El oficialismo aparece así desdoblado en dos expresiones que reivindican, cada una a su manera, parte de una misma historia política y, al mismo tiempo, se presentan como el comienzo de una etapa diferente.
A partir de ese desdoblamiento se multiplicaron las interpretaciones. Se habló de candidaturas, de intendentes que eligieron una posición y de posibles acercamientos con La Libertad Avanza. Algunas versiones pueden anticipar decisiones reales. Otras acaso formen parte de una negociación en la que exhibir fuerza resulta tan importante como tenerla.
Por ahora, la verdad de esas conversaciones permanece encerrada en el círculo de sus protagonistas. Fuera de él, las versiones valen menos que los movimientos públicos y los votos ya contados. La elección provincial de 2025 ofrece un punto de apoyo más firme.
En aquellos comicios legislativos, los resultados mostraron una secuencia que conviene mirar completa. El Frente Renovador de la Concordia obtuvo el 28,89 por ciento de los votos afirmativos. La Libertad Avanza alcanzó el 21,93 y Por la Vida y los Valores quedó muy cerca, con el 19,22. Más atrás se ubicaron el Agrario y Social con el 8,85 por ciento, el Partido Libertario con el 8,15 y el Frente Unidos por el Futuro con el 5,81.
La fuerza más votada no llegó al 30 por ciento. La segunda y la tercera quedaron separadas por menos de tres puntos. Otras dos expresiones superaron el 8 por ciento y el voto de orientación libertaria tampoco se concentró en una sola lista. No emergió una mayoría, sino un escenario compuesto por varias minorías con capacidad para intervenir en la disputa.
Pero hay un dato que ninguna lista puede contar como propio. De los 1.002.304 electores habilitados, 446.436 no concurrieron a votar. La abstención alcanzó el 44,54 por ciento del padrón, superó ampliamente los votos obtenidos por cualquiera de las fuerzas y casi triplicó el caudal del espacio ganador.
Sería un error interpretar a quienes no votaron como si constituyeran un partido silencioso o expresaran una voluntad común. Allí pueden convivir el desinterés, el rechazo a la oferta disponible, las dificultades para concurrir y el menor atractivo de una elección legislativa. Tampoco puede suponerse que todos participarán en 2027 ni que, si lo hacen, elegirán la misma opción. Pero excluirlos del análisis lleva a confundir porcentajes electorales con adhesiones sociales mucho más extendidas de lo que realmente fueron.
Los 153.188 votos de la Renovación representaron algo más del 15 por ciento del padrón completo. El dato no desmerece su triunfo. Permite medirlo. Y sobre todo impide tratar a aquel resultado como si hubiera confirmado la existencia de un electorado mayoritario, estable y disponible para ser distribuido entre sus sucesores.
Aquella elección fue legislativa y no puede trasladarse mecánicamente a la disputa por la Gobernación. La naturaleza del cargo, los candidatos y una mayor concurrencia pueden modificar el comportamiento electoral. Sin embargo, dejó una advertencia que alcanza a todos.
No se está dividiendo una mayoría. Se está disputando una primera minoría.
Encuentro Misionero y Movimiento por lo que Viene pueden discutir cuál representa mejor la continuidad, cuál expresa la novedad y quién conserva mayor capacidad territorial. Pero ambos enfrentan una dificultad que ninguna nueva denominación puede resolver por sí sola. La fuerza de la que provienen no reunió una mayoría en la elección de 2025. Lo que se ha dividido es una estructura cuyos votos deberán volver a conquistarse.
Los dirigentes pueden trasladar apoyos, equipos y presencia en los municipios. Los votos no viajan necesariamente en la misma mudanza. Un intendente aporta territorio, un legislador representación institucional y un funcionario experiencia de gestión. Ninguno puede garantizar que los ciudadanos recorrerán con él el mismo camino.
La exigencia también alcanza a los demás espacios. La Libertad Avanza no puede suponer que el respaldo nacional se convertirá por sí solo en una mayoría provincial. Por la Vida y los Valores quedó a menos de tres puntos del segundo lugar, pero deberá demostrar si puede conservar ese caudal y ampliarlo en una elección para gobernador. El Agrario y Social, el Partido Libertario y Unidos por el Futuro conservaron caudales capaces de incidir en un escenario fragmentado, aunque todavía deben mostrar si pueden trascender sus límites electorales.
Ninguna fuerza está frente a un electorado vacío esperando ser ocupado. Todas compiten por ciudadanos que ya eligieron, que pueden cambiar su preferencia o que directamente no encontraron razones suficientes para votar. Allí reside la verdadera apertura del escenario misionero.
Por eso tampoco alcanza con declararse nuevo. La novedad política no depende solamente de una nueva denominación. Es una condición que debe probarse en los métodos, en los nombres y, sobre todo, en las respuestas. Si un espacio nace de la separación de otro, tendrá que demostrar en qué se diferencia además de la conducción. Si pretende representar el malestar existente, deberá convertirlo en algo más que una suma de rechazos.
La discusión cambia cuando se aparta por un momento de las candidaturas y se acerca a la vida cotidiana. Si la política de ajuste nacional subsiste, quien aspire a gobernar Misiones tendrá que decir qué herramientas utilizará para amortiguar sus efectos sobre una economía particularmente vulnerable a las decisiones tomadas fuera de su territorio.
La crisis yerbatera ofrece una primera prueba. Los productores reclaman precios que permitan sostener la actividad y recuperar herramientas regulatorias debilitadas con la reducción de las facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate. Para los tareferos, la retracción de la cosecha significa menos días de trabajo y mayor inestabilidad en sus ingresos. No hay una solución sencilla, pero tampoco será suficiente acompañar los reclamos sin explicar qué puede hacer la provincia, con qué recursos y dentro de qué límites.
La yerba no es el único sector que espera respuestas. El comercio advierte la retracción del consumo. Empresas de distintas actividades cuestionan costos energéticos calculados sobre capacidades contratadas cuando producían más y saldos impositivos que permanecen inmovilizados mientras necesitan financiamiento. La construcción, la forestoindustria y el sector tealero también plantean dificultades vinculadas con la menor actividad, el crédito y la logística.
Son reclamos diferentes, pero convergen en una misma pregunta. ¿Qué herramientas conserva la provincia para proteger su producción, sostener el trabajo y reducir costos cuando las decisiones nacionales profundizan problemas que ya existían?
Prometer que el gobierno provincial compensará cada consecuencia del ajuste sería tan poco serio como afirmar que nada puede hacerse porque las decisiones se toman en Buenos Aires. Entre ambas posiciones existe un campo concreto para la acción. La administración tributaria, la orientación del gasto, el acceso al crédito, la infraestructura, la defensa de las economías regionales y la capacidad de negociación con la Nación deberían formar parte de la discusión electoral antes que el reparto de candidaturas.
En Misiones, además, ese margen debe pensarse desde una economía inevitablemente fronteriza. La relación cotidiana con Brasil y Paraguay hace que cada variación cambiaria altere los precios, el comercio y la recaudación. Unas veces los misioneros encuentran mejores condiciones fuera del país y, en otras, son los consumidores vecinos quienes sostienen parte de la actividad local. No hay nada anómalo ni reprochable en esas decisiones. El desafío consiste en amortiguar las asimetrías y aprovechar las oportunidades sin convertir la frontera en una barrera ni en una excusa.
Es sobre estos problemas, y no solamente sobre los nombres de sus candidatos, que los nuevos espacios tendrán que construir sus diferencias.
La verdadera diferencia aparecerá cuando alguno de esos espacios consiga transformar necesidades dispersas en una propuesta común, posible y reconocible. No cuando reúna más dirigentes en una fotografía, sino cuando pueda responder qué hará con los problemas que ya están delante de todos.
La advertencia vale para todos: una primera minoría puede alcanzar para ganar la elección, pero no necesariamente para sostener un gobierno. Quien llegue a 2027 confiando solamente en una estructura podría descubrir que conquistar el poder y construir la autoridad para ejercerlo son dos tareas diferentes.
- María Gabriela Barrionuevo. Abogada | Especialista en Compliance y PLA/FT | Asesora en Regulación y Ética de la Inteligencia Artificial. Argentina.