En esos procesos de transformación y transición hay tensiones, y la cuarta “T” refiere al tiempo. Estamos en un régimen democrático y cada dos años se vota. En ese framework, después de dos años y medio de un cambio de modelo económico, lo que vemos hasta aquí es una configuración dual que lo atraviesa prácticamente todo. Dual desde el carácter económico, con tres motores muy poderosos: oil and gas, agro y minería, principalmente. Y tres sectores muy relevantes para los conurbanos y una buena parte de la población, que son la construcción, la industria y el comercio, que están en una situación compleja. Esa macroeconomía toca la configuración social, profundiza la fragmentación que ya venía teniendo la Argentina, porque en la sociedad tenés quienes tienen empleo formal, son sujetos de crédito y, en algún punto, tenían capacidad de ahorro, con una realidad: alrededor del 30% de la población. Y el otro 70% tiene una realidad más difícil, con mayor empleo estatal, salario real percudido y fenómeno de pluriempleo para tratar de cubrir los gastos mensuales de la familia. Aun así, hay dificultades y situaciones más adaptadas entre los dos grupos: Del primero, el 5% de las familias es de clase alta, 17% de clase media alta y el resto de clase media baja. En el otro 70% está la clase media trabajadora y los pobres. Nada de eso es igual. Argentina está cada vez más fractal. En los jóvenes depende de si alquilan o son propietarios, si tienen o no tienen hijos. Y, por último, la tercera dualidad la ves en el consumo, que es una consecuencia de las otras dos, con algunos sectores que crecen vinculados al crédito y a un dólar más accesible, fundamentalmente viajes al exterior, autos, venta de motos, electrodomésticos e inmuebles. Mientras tanto, los sectores más golpeados son los vinculados al consumo masivo. Después tenés entretenimiento y, sin dudas, la construcción. Esa dualidad, ahora como concepto general ordenador, no muestra muchas señales de que vaya a cambiar, al menos durante este año y el que viene. Si eso es así, si esa hipótesis se convalida, tampoco es muy probable que el mercado cambie su configuración. La proyección que hay de Ecolatina es que Argentina crezca, a grosso modo, entre 2,7% y 3%. ¿Qué quiere decir eso? No viene una fiesta, viene un crecimiento moderado, que además es muy dual. Como industria, comercio y construcción afectan mucho a la clase media baja y trabajadora, y esos sectores son relevantes para el consumo masivo, es difícil imaginar que haya un boom de consumo masivo. En el consumo masivo, estamos 12% por debajo de 2023. Me podrías decir que era una fiesta simulada, que fingíamos demencia. Asumamos que sí. Aun así, las estructuras productivas y comerciales estaban preparadas para ese tamaño. Hoy tenés que readecuar el tamaño de tu compañía para ser rentable en este mercado. Entonces, este es el mercado que hay. guillermo oliveto P.: Si esto es lo que hay, ¿cuáles son los próximos pasos a seguir? G.O.: La pregunta de este momento es qué hacemos. Las empresas pasan de una agenda defensiva a una proactiva: reducir la estructura, inventar un producto nuevo, meterme en una categoría de producto en la que no estaba. Múltiples estrategias frente a una torta que se achicó y se congeló. ¿Para qué te alcanza? Para ganar algo en la torta, que más chica que antes, tenés que ver cómo le sacás a otro. Y, a la vez, tenés que tener muy ordenadas las empresas. Creo que la agenda que viene tiene que ver con cómo crezco. Ya hicimos el ordenamiento. Hoy hay locales de retail cerrando, hay más de 210.000 personas por fuera del empleo formal. Con esto que nos quedó, creo que viene una agenda más proactiva. Cómo innovar, cómo ser más competitivo, cómo ganar participación de mercado, cómo segmentar de otra manera, cómo comunicar de otra manera, cómo volver a conquistar el deseo de los consumidores acotados, moderados, y que decidan hacer una apuesta y gastar en mi producto, en mi marca. P.: ¿Uno podría pensar entonces que este modelo económico fuerza a una empresa a reconfigurar su estructura de costos y repensar su valor agregado? G.O.: Yo hablaría de reconfigurar la estructura de costos y de repensar la propuesta de valor. Básicamente, para este nuevo mercado tenés que ver qué tenés para dar, contemplando que hay nuevos competidores por la apertura. Te diría que el concepto del contexto es una restricción con hipercompetitividad. Eso te obliga a ser más ágil y eficiente. P.: La propuesta suena tan necesaria como interesante. Sin embargo, la realidad económica no muestra en todas sus variantes las realidades de esa idea. ¿Qué es lo que falta para cumplirla? G.O.: Yo creo que lo que viene ahí es un debate de modelo de país. El Gobierno tiene este modelo, con esta configuración, legítimamente votado por la población en 2023 y convalidado en 2025. Esto es lo que hay: Gobierno, herramientas, estrategia. Está claro que uno podría decir que la dualidad es el costo de la transición. Para adelante, es más sano algo más homogéneo que algo que profundice la dualidad. Ahora falta una agenda de crecimiento, de construcción. Ya frenamos, rompimos, recortamos. ¿Cómo pasamos de la motosierra a la pala? Ahora viene la construcción. Cómo hago crecer la línea de arriba. Habrá que ver cuáles son las herramientas. Algunas son bastante clásicas, como la obra pública. Después tenés procesos más de transformación hacia el interior de la microeconomía para nivelar la cancha. Hay compañías que ya han hecho su tarea y están mucho más ágiles. Y seguramente, como en toda transición, habrá algunas que no terminen de resistir el proceso. Cómo llega el litio de Catamarca al Conurbano (bonaerense) es una respuesta de modelo de país que todavía no está. Hay que encontrar que haya sinergia para que vos logres que todo eso que está corrigiendo la macro lo empiece a vibrar la microeconomía. P.: Tal como en 2023 y en 2025, ¿la estabilidad alcanzará como factor ordenador en las elecciones? G.O.: Lo que vemos es una vocación mayoritaria de quienes acompañaron al Gobierno de no volver hacia atrás. Salieron primero dolidos, después enojados. Pero cambiar no significa ser exactamente igual. Tiene que venir algo superador. Ya aramos la tierra, ¿qué vamos a sembrar? Eso vibra como pregunta de lo que viene en el empresariado y en la sociedad. Hay mucha conciencia de que la Argentina tiene una oportunidad histórica real. Una utopía posible. Dante Sica, de la consultora ABECEB, lo define como una oportunidad de 80.000 millones de dólares más por año. Ecolatina habla de 63.000 millones. El Gobierno de 90.000 millones. Cualquier magnitud te cambia la historia. El problema es el tránsito: de qué manera vas a reenergizar a la población para que llegue a la tierra prometida. P.: Respecto del consumo masivo, es claro que el contexto que lo atravesaba anteriormente -inflación y suba constante de precios- no era bueno para los consumidores. ¿Las características actuales se asemejan un poco más a las estructuras que mantienen otros países? G.O.: Sí. Cuando uno habla de normalidad, habla de normalidad de oferta de productos y marcas. Argentina agarró un cable de alta tensión y conectó con el mundo. Esa conexión implica que las tendencias se apliquen a lo local. En un punto, estaba demasiado desconectada de lo global, y hoy tenés un consumo masivo más en línea, pero con el problema de reacomodar la estructura. En lo global, los mercados crecen 1% o 2% por año, peleás participación de mercado por decimales, competís por todos lados. La normalidad es el cuchillo entre los dientes, todo el tiempo. Y tener una mirada muy finita sobre la estructura de costos, cambios de consumo hacia lo orgánico, lo natural, el bienestar, marcas propias, precio, aura de marca. Esto que ocurre en el mundo está ocurriendo en la Argentina. El tema es que todo va muy rápido. Este modelo tiene reminiscencias de los 90, pero con varias diferencias. Para empezar, 6.000 millones de personas en internet, 20% de e-commerce a nivel mundial, China. Es un 90 4x. BYD tardó solo un año en llegar. Entonces, si tardaste en reaccionar, te agarra muy tarde. Dame skills para esta época: agilidad y adaptabilidad. En algún punto, esto es muy darwiniano. P.: Hoy en Argentina, ¿qué tan significativa es la participación del canal online en el consumo? G.O.: Depende del rubro. En tecnología y electrodomésticos, 30% y 40%; indumentaria, 10%; consumo masivo, 5%. Deco está cerca de tecnología y market lo ordena alrededor del 10% de la participación de todo el retail, que en el mundo es alrededor del 20%. Igualmente, a nivel mundial el 80% del comercio sigue siendo físico. Después hay mucho contacto físico-digital. P.: ¿Escuchó alguna vez esta idea de que la gente compra más autos y lavarropas, entonces ahorra más en alimentos? ¿Qué piensa? G.O.: Sí. Para que eso ocurriera, tendría que haber un boom de crédito hipotecario. La gente decide dejar de ir al cine o comprar comida rápida cuando tiene que pagar el crédito de una casa. Ahí sí hay un trade off que altera conductas de fondo. Porque el crédito hipotecario te hace pensar a diez años y no a diez días. El placer cortito te lo guardás por un placer más grande. Lo otro es una escala bastante menor, que puede tener un tema coyuntural de un boom de crédito que no había al principio, durante un tiempito sí, pero no. Suponer que el problema del consumo masivo es porque la gente compra bienes durables… ahora caen los durables también: 16% cayó la venta en unidades de electrodomésticos. El problema del consumo masivo es otro: la caída del ingreso disponible de las familias. Y eso tiene que ver con pérdida de empleos, salario real, incremento de los costos fijos de los hogares y crecimiento de la mora. P.: Si para que mejore el consumo debe mejorar el poder de compra, ¿ve margen entonces de recuperación del poder adquisitivo durante este año? G.O.: Tenés pérdida de poder adquisitivo de los salarios y una pérdida de poder adquisitivo de los hogares incremental a la del salario, fundamentalmente porque hay que pagar cosas que no pagabas: luz, gas, agua, combustible. Ese indicador del ingreso disponible de los hogares, según EcoLatina hoy está alrededor del 38% abajo de 2017. ¿Qué prevé Ecolatina para este año? Que crezca un punto. O sea, lento. Y en 2027, dos puntos. Esto no va a cambiar demasiado. Yo no esperaría una fiesta ni en términos de poder adquisitivo de los hogares ni de incremento de los salarios. Y me queda una incógnita por resolver, que es la mora. La gente no toma más crédito porque no puede pagar lo que tiene.
Guillermo Oliveto: “Cómo llega el litio de Catamarca al Conurbano es una respuesta de modelo de país que aún no está”
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