El desembolso de US$ 1.000 millones del Fondo Monetario vino acompañado de una serie de recomendaciones que no necesariamente son compartidas por el gobierno. En rigor, el equipo de Luis Caputo es más optimista respecto a la inflación, espera un mayor crecimiento de la economía y reniega de implementar algunas medidas clave ante los riesgos que avisora el organismo en 2027.
Las diferencias quedaron expuestas en el staff report elaborado por el FMI, una evaluación que hizo del país para aprobar el giro de fondos. Si bien ambos coinciden en que la inflación cerrará en un 25% en 2026 (por debajo del 30% que espera el mercado), los funcionarios argentinos creen que el IPC podría llegar a un dígito antes que finalice el mandato de Javier Milei, mientras que el Fondo lo prevé para 2028.
La inflación bajó al 2,6% en abril desde el 3,4% en marzo, interrumpiendo 10 meses de subas en un contexto de paritarias con techo, dólar planchado y una actividad débil. “Las autoridades creen firmemente que la inflación convergerá a los niveles internacionales a mediano plazo, en lugar de mantenerse en los niveles proyectados por el staff”, señala el reporte.
La expectativa se asienta en el ajuste fiscal y una “rápida remonetización” de la economía a medida que mejora la confianza, pese al shock sobre los precios del petróleo. En ese marco, el equipo económico alertó sobre aplicar “reglas rígidas” en esta etapa y consideró que las metas de inflación son “deficientes” cuando el canal de la tasa de interés es débil para fijar la política monetaria.
De esa manera, se despegó de la recomendación del Fondo de adoptar metas de inflación, como las que dispuso Federico Sturzenegger en 2017 y entraron en crisis el 28 de diciembre del mismo año. El plan es seguir controlando la cantidad de dinero, algo que en la región fue abandonado en los años 90 en pos de una política de tasas. Algunos banqueros creen es una decisión del propio Milei.
Las autoridades argentinas también rechazaron los pedidos de reforma de la carta orgánica del Banco Central para garantizar su autonomía, actualizar ahora el índice de inflación y aflojar el cepo. Afirman que lo primero “no es urgente” ya que no es un impedimento para la desinflación, que el nuevo IPC se publicará cuando se estabilice la baja de la inflación, y pidieron renovar las restricciones cambiarias vigentes.
Después del rebote del 2024, el Fondo observó un estancamiento de la actividad y desigualdad entre sectores. Ahora, los indicadores de alta frecuencia muestran un impulso renovado por la cosecha agrícola y la incipiente normalización del crédito. Espera un crecimiento del 3,5% en 2026 liderado por los sectores ganadores, pero del lado argentino creen que podría expandirse 4,5% a mediano plazo.
Las mayores discrepancias aparecen sobre el futuro. Mientras el Fondo advierte sobre los riesgos que podrían emerger, especialmente si la desinflación, el crecimiento y el empleo no se fortalecen antes de las elecciones presidenciales de 2027, el Gobierno cree que los riesgos se han reducido, reflejando el respaldo en el Congreso a reformas clave. Y ven un marcado interés de los inversores.
Después del incumplimiento de la meta de reservas en diciembre (quedaron US$ 12.000 millones por debajo) y el pedido de un waiver, el Banco Central acumuló más de US$ 8.000 millones. Sin embargo, el organismo alerta que las reservas netas siguen negativas en US$ 10.000 millones y que el tipo de cambio se apreció alrededor del 13% desde fines de 2025, con el dólar un 20% debajo del techo.
Con un riesgo país en 500 puntos, el Fondo insiste en aprovechar la “ventana” este año para volver a los mercados, refinanciar pagos de deuda de US$ 35.000 millones hasta diciembre de 2027, y blindar el déficit cero. Del otro lado, los funcionarios justifican la dependencia temporal en préstamos por US$ 4.000 millones con garantías de organismos dadas las inquietudes “injustificadas” del mercado.
El Gobierno cree que su opinión se ve reforzada por la reciente mejora de Fitch sobre la nota de deuda de Argentina de B‑ a CCC+. El viceministro de Economía, Jose Luis Daza, espera que Moody’s y S&P hagan lo propio. Desde Wall Street siguen con la expectativa de una emisión de bonos en el exterior en la segunda mitad del año, si la tasa de los bonos a 10 años baja del 10% actual al 8,5%.
Economía también prevé fondos del mercado local con la emisión de bonos en dólares y la ampliación del plazo para atraer los del colchón. Por otra parte, la rebaja gradual de retenciones anunciada el viernes para el campo (y la industria) para los próximos tres años apuntaría a incentivar la siembra y garantizar cierto flujo de dólares en 2027. El decreto se conocerá en los próximos días.
Caputo dijo el viernes que la medida va a ayudar a evitar la “especulación”. En las últimas semanas, hubo señales de retención de granos de soja. Sin embargo, las cerealeras creen que no ayudaría tanto a acelerar la liquidación de dólares (la soja bajará 3 puntos recién en diciembre de 2027). “Es un mensaje electoral: si me votás, las voy a seguir bajando”, señaló una fuente de la agroindustria.