Santa Rosa, epicentro de la migración laboral de misioneros en Brasil
(*) Mg. Claudio Aguilar
Las migraciones han acompañado a la humanidad a lo largo de su historia, pero en el mundo actual adquieren nuevas formas y significados. En regiones de frontera, como Misiones y el sur de Brasil, estos movimientos están cada vez más vinculados al trabajo, generando dinámicas económicas que trascienden los límites territoriales.
De acuerdo con la Naciones Unidas, se considera migrante a toda persona que se desplaza o se ha desplazado a través de una frontera internacional, o dentro de un país, fuera de su lugar habitual de residencia, independientemente de su situación jurídica, del carácter voluntario o involuntario del desplazamiento, de sus causas o de la duración de su estancia. Esta definición permite comprender la complejidad del fenómeno en el mundo actual.
En América Latina, históricamente estos flujos se orientaron hacia países desarrollados como Estados Unidos o la Unión Europea. En ese marco, las remesas se han convertido en un componente central de las economías de la región: solo en 2025, América Latina recibió aproximadamente U$S 174.400 millones de dólares enviados por migrantes desde estos destinos. Su impacto es particularmente significativo en Centroamérica, donde en promedio representan el 13,4% del PBI, alcanzando niveles aún más altos en países como El Salvador (27,3%), Honduras (30%) y Nicaragua (30%).
En contraste, en América del Sur el peso de las remesas sobre la economía es considerablemente menor. En Argentina representan apenas el 0,1% del PBI, mientras que en Brasil alcanzan el 0,2%. Otros países muestran valores intermedios, como Paraguay (1,7%), Bolivia (2,3%), Colombia (3,1%), Ecuador (6,1%) y Perú (1,7%). Estas diferencias evidencian estructuras económicas distintas, pero también invitan a observar con mayor atención los procesos emergentes en regiones de frontera, donde las remesas, aunque menos visibles a nivel macro, adquieren un rol significativo en las economías locales.
Pero más allá de estas tendencias globales, en territorios como la frontera entre Misiones y el noroeste de Rio Grande do Sul emerge una dinámica particular: una migración de cercanía, sostenida por la lógica del trabajo.
En este contexto, a partir de mi participación en la FENASOJA, la mayor feria multisectorial del sur de Brasil, realizada hace pocos días en la ciudad de Santa Rosa, Rio Grande do Sul, tuve la oportunidad de reunirme con varios empresarios destacados de la región. En diálogo con Angelo Meneghetti, director ejecutivo de Alibem Alimentos, se evidencia con claridad el crecimiento sostenido de trabajadores argentinos en el sur de Brasil, consolidando un nuevo esquema de movilidad laboral en la frontera.
En ese ámbito, los datos relevados reflejan con claridad la escala del fenómeno. Alibem cuenta con 14 plantas en el estado, exporta a más de 40 países, procesa unas 8.000 cabezas de cerdo por día y emplea a alrededor de 6.000 trabajadores. En 2025, la empresa facturó aproximadamente 3.400 millones de reales. En Santa Rosa, la empresa tiene cerca de 2.000 trabajadores, de los cuales alrededor de 80 son haitianos y unos 400 son argentinos, en su mayoría provenientes de Misiones.
El fenómeno no es menor. El ingreso generado en Brasil no se agota en el consumo local, sino que muchas veces fluye de manera constante hacia Misiones en forma de remesas, sosteniendo economías familiares ante la actual crisis económica del país. A ello se suma una dinámica transfronteriza particular: muchos trabajadores regresan los fines de semana a sus hogares, manteniendo vínculos activos con ambos territorios.
Esta lógica se replica en otras localidades del sur brasileño. En Horizontina, reconocida como la cuna de las maquinaria agrícola de Brasil y sede de una de las principales plantas de John Deere, la presencia de trabajadores argentinos también es significativa en varias pymes. Empresas como NATUSOMOS cuentan con una proporción relevante de empleados argentinos dentro de sus planteles, cerca de 40 de sus 140.
Los niveles salariales ayudan a comprender esta dinámica, aunque no necesariamente por ser superiores a los de Argentina. Más que por salarios más altos, esta movilidad se explica por la existencia de empleo y por condiciones que permiten cubrir el costo de vida, sostener el consumo y generar capacidad de ahorro. Un trabajador de base percibe entre 1.900 y 2.300 reales mensuales, mientras que perfiles técnicos pueden alcanzar ingresos cercanos a los 4.600 reales con adicionales. En este contexto, la posibilidad de enviar remesas se convierte en un factor clave.
A esta dinámica se suma el caso de Fundimisa, con sede en Santo Ângelo. La empresa, con aproximadamente 1.100 empleados, cuenta con cerca de 180 trabajadores argentinos y ha sido reconocida por sus estándares de calidad laboral en el estado. En una reciente visita que organizamos desde la red CIDIR a la Facultad de Ingeniería de Oberá, se llevó adelante un proceso de búsqueda de talento, recibiendo alrededor de 30 postulaciones, lo que evidencia el interés creciente por estas oportunidades.
Al igual que en otros casos, las empresas acompañan los procesos de inserción, facilitando alojamiento inicial y la regularización documental, consolidando así un esquema de integración productiva basado en el trabajo y el talento.
A nivel institucional, el fenómeno también encuentra respaldo en los registros oficiales. En una conversación que mantuve con Farney Franco Siqueira, jefe de la Polícia Federal do Brasil, me señaló que en Rio Grande do Sul existen 14 puntos de atención para la formalización de inmigrantes. Entre ellos, Santo Ângelo se posiciona actualmente como el de mayor demanda en todo el estado, actuando además como cabecera administrativa de una extensa región que abarca 94 municipios de frontera.
Según Sequeira, en los últimos años se ha registrado un fuerte crecimiento de solicitudes de radicación por parte de argentinos que oscila 300 a 400%. En este contexto, Santa Rosa se posiciona como el principal polo de atracción, del distrito que atiende Santo Angelo, con alrededor de 3.000 argentinos residiendo en la ciudad, según estimaciones del secretario de Desarrollo Económico, Odaylson Eder. En segundo lugar, se ubica Santo Cristo.
Lo que hoy se observa entre Misiones y el noroeste de Rio Grande do Sul no es un fenómeno aislado, sino un sistema en funcionamiento. Mientras la industria y el sector primario del sur brasileño demanda mano de obra, Misiones aporta trabajadores, conocimiento y vínculos familiares que sostienen ese flujo. Este eje ya funciona como una plataforma productiva integrada, donde la movilidad laboral, las remesas y la industria forman parte de un mismo entramado económico. La pregunta ya no es si hay integración, sino cómo la gestionamos.
(*) Lic. En Comercio Internacional (UADE) y Master en desarrollo Económica (Universidad Autónoma de Madrid), docente UGD, especialista en integración y desarrollo regional.