Para muchas personas, resultan muy atractivas las mieles que promete el pensamiento tecnocrático para interpretarla realidad e imaginar un futuro mejor. Les atrae la idea de que en lugar de una incorregible casta política -cuyo único objetivo consideran que es beneficiarse a sí misma- sean expertos científicos y especialistas técnicos los que tomen la manija de la gestión gubernamental.
Les tranquiliza pensar que las decisiones que toman esos buceadores del “mar de las eficiencias sin ideologías”, las alejan del riesgo del temido TOC que produce la incertidumbre que -inevitablemente- caracteriza a la vida.
El discurso tecnocrático fortalece “la ilusión de una tecnología que promete liberarnos de toda fragilidad o modelos de bienestar que “dejan atrás” a pueblos enteros. No es raro que pongamos nuestra esperanza en un potencial ilimitado, en formas de progreso que pueden agudizar las desigualdades, en soluciones inmediatas incapaces de sanar las heridas de los pueblos”, como reflexiona el papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas.
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Los tecnócratas del actual gobierno argentino
La llegada al gobierno de las actuales autoridades posibilitó el despliegue en la Argentina de un modelo anarco-capitalista que generó el desembarco en manada de tecnócratas especialistas en diversas áreas del conocimiento como la ingeniería, la administración y naturalmente, la economía.
En esa manadade eficientistas se destacaba un nombre: Federico Sturzenegger, licenciado en Economía de la Universidad Nacional de La Plata y doctor en la misma especialidad del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Sturzeneggerretomaba la función pública prometiendo la derogación de leyes y regulaciones, argumentandoque “el Estado no moderniza, el Estado atrasa”. Un canto de sirenas para los oídos de los fans del Partido Tecnocrático.
Un tiempo después que el “coloso” Sturzenegger -así bautizado por su principal fan Javier Milei- comenzara a desplegar sus armas para hacer desaparecer regulaciones y leyes, aparece en el escenario nacional un personaje que, más allá de coincidencias o conveniencias, incorpora un poder de referencia global a la denodada lucha del inefable “Sturze” contra el Estado: el empresario digital y billonario Peter Thiel, un norteamericano nacido en Alemania, educado en Namibia y que estudió Filosofía en la Universidad de Stanford.
Este conspicuo miembro de lo que algunos llaman oligarquía digital manifiesta su convicción de que “las ideas de Javier Milei son tan relevantes a nivel global como para Argentina”. Concuerda con él en que “los que generan riqueza y ganan dinero, si no hay nada raro en el medio, son héroes, benefactores sociales”.
Thiel cree que en la Argentina de Milei ha encontrado la Tierra Prometida alejada de los riesgos de cualquier confrontación nuclear. Que podrá desarrollar impunemente sus alianzas en el complejo que pone a prueba el equilibrio geopolítico global. Que profundizará el control social a través de sus empresas de vigilancia digital y seguirá expandiendo impunemente el control tecnocrático sobre el espacio de las comunicaciones. Como no cree que “la libertad y la democracia sean compatibles”, apoya de distintas maneras y en distintas partes del mundo a partidos tecnofascistas que crecen a costa de las debilidades procedimentales de algunas democracias.
Sturzenegger y Thiel no son lo mismo, pero están vinculados por una importante coincidencia: han encontrado en la Argentina de Javier Milei al país ideal para demostrar al mundo la rotunda veracidad de sus teorías. Son socios, más allá de su voluntad de serlo. Sus convicciones e intereses coinciden en tiempo y espacio sobre nosotros y nuestro futuro.
Cuando la tecnocracia se vuelve gobierno
Según narra el periodista Jorge Fontevecchia en un reciente editorial titulado Sturzenegger, un Quijote desregulador, el “coloso” dedicó los sábados de cerca de dos años de su vida, a redactar “un proyecto de trescientas leyes para modificar la estructura económica argentina” que ofrenda a la candidata Patricia Bullrich cuando ésta aparecía como la más probable ganadora de las elecciones que terminaron con la victoria de Milei.
Según Fontevecchia, Sturzenegger finalmente encuentra en 2023 en Milei “al presidente dispuesto a instrumentarlo: en julio de 2024 asume como ministro de Desregulación y Transformación del Estado, con rango de artífice intelectual del plan económico libertario”.
La lógica tecnocrática de Sturzenegger no conduce a la destrucción del Estado, sino a su reemplazo por una entidad cada vez más parecida a un Estado Tecnofascista funcional a la globalización tecnocrática, que ha desembarcado en la Argentina a partir del triunfo de Milei.
Un Estado que paulatinamente se va reduciendo para terminar convirtiéndose en un instrumento de control social y -cuando sea necesario- el brazo represor de las manifestaciones del disenso popular, en todos los espacios en que se manifieste.
La continuidad de esta política puedetransformara la Argentina en un territorio desnacionalizado, que sea zona liberada para el desarrollo descontrolado y carente de ética de la Inteligencia Artificial, en el que desembarquen los entes algorítmicos que intenta consagrar la nueva Ley de Sociedades. Donde se genere un mercado laboral sólo para el 20% de nuestra población, dedicada esencialmente a servicios de baja calidad laboral o a tareas de cipayismo digital y control social.
En el que se verifique una sistemática aplicación de la asignación universal, que expulse del sistema productivoal 80% restante, negándole el empleo como camino para alcanzar la vida digna de reconocimiento y progreso social que fue motor del crecimiento de la clase media argentina.
Un estudio de la UBA afirma que casi el 50% de jóvenes entre 18 y 29 años viven en nuestro país en condiciones de vulnerabilidad. No estudian ni trabajan y -peor aún- un tercio de ellos ni siquiera busca empleo.
“Estamos viviendo una rápida fase de transición, un ‘cambio de época’en el que -mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnologías y otros se dedican a reflexionar sobre ellas-la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos?¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?” nos interroga el Papa León XIV.
El 1º y 2 de setiembre, en un evento organizado por la fundación Libertad y Progreso de Bertie Benegas Lynch y otros, Peter Thiel y Sturzenegger van a coincidir en Buenos Aires. Van a intentar demostrar -a quienes quieran escucharlos-, la supremacía de la tecnocracia para organizar la vida de los pueblos y transformarlos en comunidades prósperas y felices, muypor encima de cualquier sistema democrático. Es una movida de la batalla cultural que parece avanzar sin contradictores a la vista.
¿Es así? ¡Sorpresa! Parece que No.
Tecnología conveniente, antídoto contra la tecnocracia
“Hablar de tecnología es hablar de lo que significa ser humanos y, por tanto, de nuestra condición única entre libertad y responsabilidad, es decir, significa hablar de ética. No se puede separar una de la otra” expresó el papa Francisco en junio de 2024, durante su intervención en la Cumbre del G7 celebrada en Apulia (Italia).
La Argentina atesora la definición ética de la tecnología que hace más de dos décadas, nos formulara el tecnólogo argentino Edgardo Galli:
“La ‘tecnología conveniente’ es un concepto genérico que incluye tecnologías de cualquier grado de complejidad y escala, producidas en el país o adquiridas en el exterior -protegiendo en este último caso los intereses nacionales- que tengan como objetivos: mejorar la calidad de vida de la sociedad y respetar a la Naturaleza”.
De concepto genérico a bandera de lucha. A principios de 2017, la publicación del manifiesto Tecnología conveniente, tecnología de lberación producido por el equipo de técnicos y profesionales que asesoraba al triunviro de la conducción de la Confederación General del Trabajo Juan Carlos Schmid, posibilitó que el concepto de tecnología conveniente se sumara como significante de la histórica lucha por la valoración del trabajo digno y bien remunerado como la mejor alternativa para la integración social y el progreso individual y colectivo.
En los años posteriores a ese inicio hasta la actualidad, la tecnología conveniente suma a la defensa del trabajo digno, una perspectiva que posibilita articular el sentido del desarrollo tecnológico a ese objetivo: “Tecnología conveniente es la herramienta conceptual que permite convertir la lógica imperante en la organización de la producción, e imaginar una matriz de generación de bienes y servicios que cuide la casa común, preserve el derecho al trabajo y eleve la calidad de vida de nuestros pueblos a través de una justa retribución, por encima de cualquier otra consideración”.
La Misión Tecnología Conveniente
La movida iniciada hace casi una década atrás a partir del concepto formulado por el Ing. Galli ha logrado institucionalizarse. A partir de una iniciativa originada en 2024 e impulsada por una centena de personalidades de distintos ámbitos nacionales e internacionales que declararon “creer en la tecnología conveniente”, se crea un movimiento denominado Misión Tecnología Conveniente, que explica así las razones que impulsaron esa creación: “Hace diez mil años, nuestros antepasados cazadores-recolectores dejaron atrás el nomadismo y se transformaron en agricultores. Mucho más acá, la revolución industrial parió fábricas que los transformaron en obreros o en patrones y que determinó una organización social que llega hasta nuestros días.
“Ambos procesos tuvieron un mismo elemento fundante: el conocimiento y el desarrollo de las tecnologías que posibilitaron los cambios que modificaron profundamente el destino de la especie. La Humanidad transita hoy por un nuevo proceso revolucionario de consecuencias imprevisibles.
“Las ideas vigentes no alcanzan para interpretar una realidad que se complejiza, acelera exponencialmente sus procesos de cambio y pone en riesgo la continuidad misma de la especie y de la vida en nuestro planeta. ¿Cómo ayudar a instalar la importancia que tiene el desarrollo tecnológico para nuestra vida, la de nuestros seres queridos, nuestra sociedad y la humanidad toda? ¿De qué manera es posible contribuir a corregir el camino al futuro distópico al que nos llevan los falsos dioses de la tecnocracia?”.
En estos dos años de vida, la Misión ha contribuido a consolidar el reconocimiento y la valoración del concepto Tecnología Conveniente en diversos ámbitos y medios de difusión. Quienes participan afirman que trabajan como el hornero, “con la alegría como hábito y la esperanza como virtud”.
Tecnología conveniente es trabajo para todos
Existen procesos de desarrollo que sólo pueden producir un único resultado. El desarrollo de una semilla de naranjo sólo nos puede dar naranjas. Esto no sucede con la tecnología. Su desarrollo es el resultado de decisiones que determinan que el sentido sea ése y no otro. Esas decisiones se toman desde el poder. Es un proceso político, que debe resolverse políticamente.
“Hay que reconocer que los objetos producto de la técnica no son neutros, porque crean un entramado que termina condicionando los estilos de vida y orientan las posibilidades sociales en la línea de los intereses de determinados grupos de poder”, (Papa Francisco – LaudatoSI #107).
Muchos años antes de que las innovaciones se hagan visibles para modificar los sistemas de producción y las condiciones laborales, se decide cuál va a ser el sentido del desarrollo tecnológico y sus consecuencias sociales. Es allí donde se resuelve que va a pasar con la producción y el trabajo muchos años después. Es allí donde debe primar una ética del desarrollo tecnológico para impedir que la lógica capitalista de maximizar ganancias sea el único interés considerado para ese desarrollo. Es allí donde los trabajadores deben hacer oír su voz.
El concepto de “tecnología de avanzada o de punta” nos incorpora a una carrera eterna tras una zanahoria inalcanzable. Una carrera que se renueva constantemente, gracias a los recursos con los que los consumidores de dependencia tecnológica -disfrazada de progreso- financiamos el desarrollo de la zanahoria siguiente. Rechazamos también el concepto de “tecnología adecuada”.
Adecuarse es acomodarse a las propuestas de otros. Es más de lo mismo.
Por eso afirmamos: ni de avanzada, ni de punta ni adecuadas: tecnologías convenientes.
La Tecnología Conveniente no implica rechazar toda tecnología que no provenga de nuestra propia creación. Significa recuperar la capacidad de elegir soberanamente aquellos aportes que contribuyan a sostener nuestra soberanía política, el respeto por la naturaleza y la justicia social que hoy se traduce en una sola frase: crear trabajo digno para todos los argentinos y argentinas.