Sofía Balbuena presentó ‘Personaje secundario’, el libro que ganó el Premio Ribera del Duero

10 Min Read
Sofía Balbuena presentó ‘Personaje secundario’, el libro que ganó el Premio Ribera del Duero

El patio de la librería Eterna Cadencia estaba lleno; había gente parada y otra sentada en la escalera que va a la terraza. Bajo una luz cálida, Magalí Etchebarne presentaba Personaje secundario (Páginas de Espuma), el nuevo libro de la escritora argentina que hace años vive en Madrid, Sofía Balbuena.

Sofía Balbuena presentó su libro en Eterna Cadencia con la editora Magalí Etchebarne. Foto: Emmanuel Fernández.

“Los personajes de Sofía no siempre pueden romper con todo y esa imposibilidad los vuelve hiperreales. Quizás por eso el título es tan bueno, porque este libro mueve el foco, jerarquiza lo desplazado, mira a mujeres que parecen estar al costado de algo, de una pareja, de una familia, de una ciudad, de una clase, de una historia de amor, de la vida de los demás, y muestra que ahí, precisamente ahí, está la novela secreta”, dijo Etchebarne.

“Creo también –leyó Magalí– que Sofía escribió un libro sobre la tensión, sobre cómo sobrevivir en tensión. Una lee estos cuentos, una madre llena de preguntas que parece que podría llegar a perder a su hija en la plaza por estar tan en sus cosas, de mujeres que primero se acercan mucho y después se alejan tanto que parece que el elástico se va a soltar, esos primos que parece que sí, que podrían ser algo más, pero quién sabe, y ve cómo Sofía hace de la tensión un resorte y una pista, como si dijera: ‘Voy a sostener esta tensión hasta que empiece a decir la verdad’. Creo que Personaje secundario es un libro preciso, incómodo, gracioso y muy inteligente y, por todo eso, muy vivo. Unos cuentos que miran la vida común como si fuera una zona de peligro”.

Bastante autobiográficos

Etchebarne contó que Balbuena viene de escribir dos libros “bastante autobiográficos, si es que existieran niveles de autobiografía. Y con éste has pasado a la ficción: ¿cómo fue esa experimentación que te permitió esto nuevo?”, preguntó.

Sofía Balbuena presentó su libro en Eterna Cadencia con la editora Magalí Etchebarne. Foto: Emmanuel Fernández.

Sofía tomó el micrófono y, antes de responder, dijo que la Argentina la ponía nerviosa y que Buenos Aires, por su literatura, le merecía un respeto “casi total”.

“Cuando empecé a escribir, tenía como una escenita que se me vino a la cabeza primero, que era este hombre que la llama a la novia en el medio de un día de movilizaciones y le pide que cambie dólares, y ella piensa que es un inútil. Empecé a escribir en primera persona, pero después lo pasé a tercera. Quise dominar la tercera persona sin perder eso que la primera tiene un poco, esa capacidad de rumiar sin parar, como de estar contando todo el tiempo el tren del pensamiento. Fue un desafío más bien técnico y así escribí los primeros dos cuentos y se armó como un pequeño sistema”.

Personaje secundario ganó este año el Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve en España.

Sus cuentos recorren la vida de una mujer joven que se pregunta si hubiera sido mejor no ser madre, de dos profesoras universitarias que compiten a la vez que se acompañan en los sinuosos caminos de la academia, de dos adolescentes que buscan la manera de sobrevivir en un pueblo y de un grupo de amigas argentinas en Madrid tratando de hacer sus vidas lejos de donde nacieron.

“¿Qué es lo que detectaste que había en el ADN de estos dos cuentos que escribiste primero para que después pudieras armar esta constelación?”, preguntó Etchebarne. “Creo que en realidad todos los cuentos hablan más o menos de lo mismo. Lo que más me asustaba en la vida era que se dieran cuenta de que, en realidad, todos los cuentos son el mismo cuento”, dijo Sofía entre risas.

Lo que vi en esos dos primeros cuentos era el tema de la intimidad como algo atormentado, con cómo estás negociando todos los días con tu vida para soportarla. A menudo, el vínculo más cercano que tenés, el vínculo constructivo sobre el que armás tu núcleo familiar, te devuelve una imagen de vos misma que no es agradable. En esos dos primeros cuentos estaba eso, estas mujeres al borde de odiarse o al borde de odiar lo que tienen sabiendo que no pueden salir de ahí del todo”, explicó la escritora.

A menudo, el vínculo más cercano que tenés te devuelve una imagen de vos misma que no es agradable.

Al costado de su vida

Cuando escribió “Tsunami”, el cuento que habla sobre las dos profesoras universitarias que compiten mientras se acompañan, contó Balbuena, entendió que estas mujeres están posicionadas al costado de su propia vida: “A veces por astucia, a veces porque les conviene, a veces porque no pueden hacer más con esa lateralidad y a veces porque no quieren ocuparse de ciertas cosas y ponen el valor en los ojos que las están mirando”.

Sofía Balbuena presentó su libro en Eterna Cadencia con la editora Magalí Etchebarne. Foto: Emmanuel Fernández.

“¿Qué zonas de la experiencia creés que iluminaste?”, le preguntó Etchebarne.

Creo que hay algo de lo que pasa en la cabeza de los personajes, por ejemplo, en “Avenida Rivadavia”, en donde todo pasa en su cabeza, porque es un cuento que casi no tiene acción, salvo que la protagonista va a trabajar y sale a caminar, que tiene que ver con este rumiar intenso, casi extorsivo, que te vuelve un poco loca y que los personajes hacen fuerza todo el tiempo para que eso no salga, para que no se note, para que no se muestre, y cómo eso también va moldeando la conducta. Esa fuerza que uno tiene que hacer todo el día para no ser declaradamente una loca en las interacciones sociales, porque la cantidad de cosas que haría si se lo permitiera rompería un poco la paz social. Hay algo de eso que me interesaba, el límite entre lo que te pasa y lo que terminás haciendo y esos mecanismos de control, de autocontrol constantes que tenemos quienes hemos sido socializadas sobre todo como mujeres”.

Pero también está lo material, además de lo simbólico: “La guita, el trabajo, la responsabilidad, el sexo, el sentido del deber, el orgullo, la vergüenza”, agregó la escritora.

Entre el público estaba la escritora Clara Obligado, que también vive en Madrid desde su exilio durante la última dictadura cívico-militar. “¿Cómo decidiste que entrara la migración en los cuentos? Hay un trabajo muy inteligente y sutil, sobre todo en el último, Felicidades, sobre la lengua. ¿Qué se gana y qué se pierde escribiendo lejos?”, consultó Etchebarne, citando además el libro de Obligado, Una casa lejos de casa.

Múltiples personalidades

“¿Qué es la casa cuando una siempre se está yendo?”, reflexionó Balbuena. “Mis múltiples personalidades y yo hemos llegado a la conclusión de que la casa es un concepto que todo el tiempo hay que volver a pensarlo. Es como que miro un poco la vida de afuera. Creo que también eso hace las cosas un poco menos dramáticas en el proceso migratorio”.

Sofía Balbuena presentó su libro en Eterna Cadencia con la editora Magalí Etchebarne. Foto: Emmanuel Fernández.

Cuando se le preguntó por el origen de sus cuentos, Sofía contó que “hay como pequeñas cositas que yo agarro, que logro aislar, que son como sentencias que para mí están diciendo mucho más de lo que dicen, como el novio que le pide a la chica que cambie dólares justo el día de una gran movilización”.

Y, en relación con los finales, compartió que “en muchos casos, por ahí había imaginado un final distinto y el cuento pedía otra cosa y eso es magia, no sé ni cómo se explica. Tiene que ver con lo que no controlás. Me gusta que, como lectora, como lector, te quedes un poco en tensión con los personajes y quizás en el frame que viene, en el cuadro que viene, ella se divorcia, no sé. Una vez, en Gijón, una chica me dijo: ‘¿Pero por qué no se separa ella?’, y yo le dije: ‘Para no darte el gusto’. Siento que hay algo de eso, de no caer en el gesto que estuviste esperando todo el cuento”.

Share This Article