Para Horacio Zabala, los títulos de las obras son muy importantes: “como decía Marcel Duchamp que el título es una tonalidad de la obra”. Por lo tanto, las piezas de este artista conceptual argentino están terminadas, cuando les encuentra esa palabra o frase que las deja como son, de una vez y para siempre, ni mejor ni peor, siendo esas obras completas.
Hablando de libros y de títulos, en 2001 presentó Ficciones, una obra compuesta por latas de aceite de oliva marca Borges que, apoyadas sobre un estante formaban una hilera que parecían de lejos, libros. En este ejercicio tan en la estela de Duchamp, Zabala puede decir muchas cosas: “Que fue una de las personas más importantes del siglo XX no es novedad, lo que me interesa, sobre todo, es que, ante la crisis de tantos años que lleva el arte, que nada nuevo se ha encontrado hasta ahora, lo único que podemos hacer es ajustar y desajustar las tuercas. No puedo pretender más que eso”. Por eso, el ready made, aclara el autor del libro interactivo El arte o el mundo por segunda vez (1998), “no es una obra de arte en sí misma, si conectás el mingitorio, la obra Fountain (1917), funciona. El chiste “serio” de Duchamp fue sacarlo de lugar y transformarlo en arte”.
Por un lado, Zabala toma objetos que “funcionan” y los vuelve arte, al tiempo que titula y firma. Sin embargo, prefiere que sus obras se las arreglen solas: “el hecho de firmar mis propias obras no me otorga ningún privilegio interpretativo sobre las mismas” porque el arte tiene, para él, una manera de enseñar muy diferente a otras disciplinas y lo interesante es ver qué provoca una reacción.
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Disfrutar de las conexiones que hacen los que ven sus obras, “cuando presenté en Ficciones, alguien se acercó y me dijo que le había gustado por el conocimiento íntimo sobre la vida de Borges que la obra expresaba. No entendí bien y le pregunté cómo era eso. Claro, me dice el hombre, en la lata dice “virgen” y Borges lo era.”