Para el peronismo, como en general los movimientos populares, el eje en su política económica es el crecimiento económico. Su compromiso con la democracia, los derechos constitucionales, progreso económico y la equidad condicionan al crecimiento como un camino excluyente. De este último surge el aumento del empleo y de este a su vez el aumento de los salarios. Al final del camino el mayor consumo se traduce en incrementos de las ganancias de las empresas que producen bienes salario.
En general, este círculo virtuoso no está libre de posibles restricciones. En el caso de Argentina la limitación al crecimiento ha sido fundamentalmente el sector energético y externo. La falta de dinamismo de las exportaciones y de la producción de energía han sido barreras con las que el crecimiento se ha chocado recurrentemente.
En el contexto de gobiernos populares, cuando existe holgura en la balanza de pagos y en la oferta energética, el crecimiento sostenido se da con equilibrio macroeconómico como se verificó entre 2003 y 2011. También pueden darse innumerables ejemplos de gobernadores e intendentes que han gestionado con soberanía fiscal.
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La falla en esos momentos fue que la estrategia exportadora y energética no fue suficiente para evitar que se presentaran nuevamente como una restricción al desarrollo. Los cuellos de botellas aparecieron claramente en forma conjunta a comienzos de la década pasada cuando se vuelve negativa la balanza energética y a su vez caen las exportaciones desde los 83 millones de dólares a 70 mil millones y en condiciones de sequía al orden de 60 mil millones.
¿Por qué el peronismo no respondió a esas circunstancias con un programa de ajuste? La perseverancia con el crecimiento económico tiene sentido en una sociedad con fuerte presencia relativa de pobreza y desigualdad. Llevar adelante ajustes macroeconómicos en el contexto social descripto tiene consecuencias graves para los sectores más pobres y también consecuencias políticas y de seguridad peligrosas.
Pero sostener la demanda cuando se presentan restricciones estructurales también tiene consecuencias macroeconómicas que erosionan el consenso político especialmente a través de la inflación.
El propósito de este artículo no es discutir el pasado ni evaluar si las estrategias que se aplicaron fueron en su respectivo momento las más convenientes pese a su costo político, sino ver si una estrategia popular puede ser llevada adelante en el actual contexto estructural.
Sin embargo, cabe mencionar el debate económico que se dio en Alemania luego de la Primera Guerra Mundial y cómo se saldó décadas más tarde. La discusión fue similar a la que de alguna manera se ha dado en la Argentina. Esta se centraba en si la situación crítica de la economía alemana se debía al déficit fiscal o a la debilidad externa, con opiniones divididas. Después de la Segunda Guerra el acuerdo fue cuidar las dos brechas la fiscal y la externa. Nadie cambió de opinión, fue un acuerdo. Argentina en un contexto donde los limites estructurales al crecimiento se debilitan puede llegarse a un acuerdo de ese tipo. Hay que destacar que lograr un contexto de justicia fiscal con equilibrio es complejo, pero también lo es desarrollar una estrategia exportadora, ya que requiere acciones públicas y privadas coherentes y persistentes como las que se han llevado adelante en Chile, China o Corea del Sur durante mucho tiempo.
Pero evaluemos qué va a suceder con la restricción externa en los próximos años. En el Gobierno anterior Argentina comenzó una estrategia exportadora uno de cuyos aspectos principales era la mejora inmediata de su balanza comercial basada en los recursos naturales y el desarrollo de infraestructura. La maduración local de las tecnologías correspondientes, ha puesto en valor la extracción de gas y petróleo no convencional en Neuquén en el yacimiento de Vaca Muerta. Para su comercialización, tanto para el ahorro de importaciones como para su exportación, era necesario el desarrollo de infraestructura (oleoductos y gasoductos) para los cuales hubo proyectos públicos y privados que ya están dando sus frutos o están en ejecución (puesta en marcha Oleoducto Trasandino, gasoducto Néstor Kirchner, estaciones presurizadoras, ductos a Punta Colorada, etc.).
Del mismo modo, el cambio tecnológico que se está dando a escala global ha puesto en valor la extracción de minerales en la cordillera principalmente cobre y litio (no debe perderse de vista la producción de oro y plata en la Patagonia).
Gracias al desarrollo de estos sectores, las estimaciones de exportación que se hicieron en el Banco Central en el año 2022 daban que para el año 2030 estas alcanzarían los 143 mil millones de dólares, con excedente sobre importaciones de 41 mil millones de dólares. Actualizaciones recientes de esas proyecciones hechas por el Grupo MDE ajustan la proyección de ventas al exterior a entre 120 y 134 mil millones si no se llevan a delante políticas de fomento del comercio exterior. La consultora EcoGo ha extendido la estimación de exportaciones hasta el año 2036, las cuales llegarían en ese año a 175 mil millones, ratificando una proyección del orden de 140 mil millones para 2030.
Pero es necesario que no nos quedemos solo con esas proyecciones, como se dijo, la acción pública y privada puede correr aún más la frontera exportadora. El peronismo debe consensuar un programa en ese sentido. Chile aumentó entre 2018 y 2025 un 47% sus exportaciones. Obviamente, este valor esta influenciado por el aumento del precio de los metales. Pero no fue solo eso. Las exportaciones de fruta crecieron en volumen en el período 60%. El valor de exportación de productos químicos creció 62% y los industriales 18%. Estos logros no son casualidad, el Estado chileno trabaja juntamente con el sector privado y sus cámaras empresariales promoviendo las exportaciones. También hay que prestarle atención a su mirada amplia en términos comerciales a todo el mundo y en especial hacia el continente asiático.
Argentina tiene ventajas adicionales para incrementar sus exportaciones industriales dada la escala y tradición industrial del país. Ejemplo de ello es la producción y exportación de vehículos de transporte, pero no es la única. Una escala apropiada de demanda interna ha demostrado que genera competitividad global para exportar. En nuestro país el sector manufacturero de consumo masivo, procesamiento de productos primarios, agroquímicos, etc. presenta ventajas que deben ser potenciadas.
Argentina también ha generado un importante mercado de exportación de servicios superando los 12.000 millones de dólares, creciendo en los últimos 10 años un 30%. Solo en Servicios profesionales, información e informática Argentina está exportando 7.000 millones anuales. Numerosas empresas globales están desarrollando sus centros de back office en Argentina reconociendo la calidad de los profesionales formados en las universidades nacionales.
¿Cuál será el efecto de esta dinámica exportadora en los próximos años? Los flujos de pagos de deuda externa totales del Tesoro de los próximos 5 años suman alrededor de 110 mil millones de dólares, el superávit comercial de bienes estimado para ese período es de 147 mil millones. A partir del año 2031, tendiendo en cuenta un crecimiento del PBI del 5%, el superávit comercial se ubicaría en el orden de los 30.000 millones anuales.
Ese contexto permitiría que, con un apropiado programa financiero del Gobierno y del sector privado, se acumularan reservas alcanzando potencialmente el 15% del PBI como muchos de los países de la región, apuntalando la estabilidad financiera y macroeconómica. Este logro exige acciones adicionales: es indispensable la ampliación del mercado de capitales y financiero para que el ahorro interno se transforme en inversión y no en formación de activos externos.
Sin dudas hay cuestiones de impulso al comercio exterior, gestión financiera y desarrollo del mercado de capitales sobre las cuales hay que actuar. Pero, como se dijo al principio, el peronismo ha demostrado que en estos contextos puede desempeñar políticas económicas exitosas con crecimiento, estabilidad macroeconómica, equidad y justicia fiscal.
* Expresidente del Banco Central.