Micky Vainilla y un fenómeno barroso

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Micky Vainilla y un fenómeno barroso

«Las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo del tiempo se produce el efecto tóxico».

Victor Klemperer, LTI. La lengua del Tercer Reich.

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«El lenguaje es más que sangre».

Franz Rosenzweig (epígrafe con el que abre Klemperer su LTI).

«La locura absoluta no podrá sostenerse cuando acabe la borrachera del pueblo y empiece la resaca».

Victor Klemperer, LTI. La lengua del Tercer Reich.

1. Spoiler: en unos meses veremos a un Javier Milei más tranquilo, diciendo que le recomendaron no pelearse con la gente y responder con calma. Esto sucederá después de rozar una crisis política y turbulencias cambiarias preelectorales. Un sector de la política le dará sus votos y se adjudicará esas concesiones a una tendencia que llamarán “rumbismo”. Aun así, el resultado habrá sido un corrimiento más de los límites democráticos en la Argentina, un cambio político que muchos especialistas atribuyen a un cambio de subjetividad en gran parte de la sociedad. Pero eso no alcanza como excusa: conviene estar atentos al procedimiento. A los procedimientos.

2. El gobierno de Milei es tan ideológico como caótico. Lo libertario aplica en ambos sentidos: son ideas que lo ubican del lado iliberal del esquema político, un iliberalismo que avanza lentamente –o tanto como se lo permita el conjunto de la sociedad– hacia formas autocráticas con el consenso de un sector social especialmente poderoso. Elon Musk y Peter Thiel sintetizan ese esquema: la idea de que, para hacer ciertos negocios –o para que la humanidad avance hacia un poshumanismo con mucho de racialidad–, deben desaparecer los límites y las regulaciones necesita de un elemento que integra la superestructura: la batalla cultural es el termómetro que permite detectar los síntomas. ¿Está la sociedad preparada para aceptar que las mujeres deben quedarse en casa, limitadas a las tareas domésticas y la reproducción? ¿Para pensar que existe un gran reemplazo que cambiaría la composición racial de una sociedad? Si esas ideas se vuelven aceptables, se puede aspirar al poder.

3. Milei no leyó a Gramsci, tampoco a Maquiavelo, y seguramente tampoco lo hicieron Santiago Caputo o Agustín Laje. Es bastante probable, en cambio, que sí lo haya hecho Peter Thiel. Lo que sí es probable es que los primeros hayan visto al personaje de Diego Capusotto, Micky Vainilla: el que decía las cosas más terribles para después aclarar que solo “hace pop para divertirse”.

4. El historiador Steven Forti viene analizando la relación entre lenguaje y extremismo político, y la describe así: “Ideas que antes se consideraban inaceptables se describen ahora como parte del sentido común, hasta el punto de que, en ocasiones, llegan a incorporarse al ordenamiento jurídico de los Estados (…) Donde Thiel ve una liberación de la libertad de expresión, yo veo un proceso de normalización casi completado: una palabra se considera primero transgresora, luego se banaliza y, por último, se codifica en la ley”.

5. La ventana de Overton, esa por la que se cuela una nueva dinámica política, pudo verse en acción esta semana.

Mientras el Gobierno hablaba de una campaña anti-Argentina financiada con miles de millones de dólares por Lula, en uno de los canales protoficialistas el abogado libertario Alejandro Sarubbi Benítez, conductor de La Trinchera en el streaming Carajo, afirmó que la provincia de Buenos Aires –y en particular, el Conurbano– “ya no tiene salvación”, por lo que llamó un problema cultural asociado a “las cabecitas”, y desgranó, entre risas de sus compañeros de mesa, una escalada de “propuestas”: la esterilización de la población como la opción “más tibia”, un muro perimetral de 15 metros con francotiradores que filtrarían el paso por “portación de cara”, la secesión de la Provincia como país aparte y, finalmente, bombardeos diarios con napalm, con aviso previo a quienes “hay que salvar”.

6. Todo es parte de un dispositivo conjunto y habitual: un procedimiento de la ultraderecha en el mundo que combina tácticas y necesita de otros elementos, como la parálisis de quienes se oponen.

7. El libro LTI. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo, de Victor Klemperer, es clave en este sentido. La pregunta por el extremismo de los Thiel y de los políticos que llevan adelante sus ideas –entre ellos, J.D. Vance, vicepresidente de Estados Unidos, y el propio Milei– es lícita: aceptan las elecciones y respetan libertades propias del liberalismo, pero también hay que estar atentos a los avances autocráticos y a argumentos que ya existieron en otros momentos de la historia. Hablar de “parásitos mentales”, como hace Axel Kaiser, vicepresidente de la Fundación Faro –y que reproducen los conductores de Carajo o la diputada Lilia Lemoine–, ya sucedió antes: precisamente en tiempos de Klemperer, el filólogo que llevó un diario durante el nazismo.

8. En 1935, con las Leyes de Núremberg, Klemperer fue expulsado de su cátedra por ser judío, y su vida se convirtió en una sucesión de despojos: le confiscaron el auto, la máquina de escribir, la radio, la biblioteca, el teléfono; perdió el derecho a usar el transporte público, a comprar ciertos alimentos, a tener mascotas –tuvo que sacrificar a su gato–; fue obligado a mudarse a una “casa de judíos” y a llevar la estrella amarilla. Sobrevivió gracias a su matrimonio con una mujer aria y al caos del bombardeo aliado de Dresde, en febrero de 1945, que le permitió huir antes de una deportación ya programada.

9. A lo largo de todo ese proceso escribió un diario, y detectó que el nazismo era, antes que nada, un idioma: lo que sucedió entre la República de Weimar y el fin de la guerra fue la profundización de ese lenguaje. Lo que en principio eran palabras se volvieron realidades políticas. Vale la pena volver a leerlo.

10. Juan José Becerra escribió Milei, fenómeno verbal, en diálogo con el “fenómeno barrial” de López Murphy, para describir el idioma del Presidente: un libro indispensable para entender el mecanismo. Esta semana vimos el aspecto más barroso de ese procedimiento ideológico: correr el límite, decir lo indecible.

11. También es cierto que esta semana sucedió algo nuevo: gran parte de la sociedad se opuso y puso un límite, al punto de que el Gobierno debió retirar varios capítulos de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Spoiler: a esa parte de la sociedad que pone límites todavía le queda mucho por hacer.

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