De tumbo en tumbo, la industria ha acumulado 20 caídas desde enero de 2024, o sea, desde que asumió Javier Milei: ahí entran, completos, los 12 meses del primer año de gobierno libertario, más 6 de 2025 y 3 de enero-febrero de 2026. Según el Indec, recién en marzo se recuperó un 5% en el caso de la industria y un 12,7% en la construcción respecto al mismo mes del año pasado.
Todo en cifras del índice de producción industrial del INDEC, el saldo de enero 24 contra enero 25 canta crecimiento fabril cero; esto es, un empate que visto el conjunto y la importancia productiva del actor suena a dura derrota de local.
Los indicadores de fuentes oficiales y privadas especializadas dicen, justamente, que la actividad industrial representa el 20% del empleo directo del país y que agrega 2 indirectos en otras actividades. Según estudios de la UIA, los salarios que se pagan en el sector superan en 32% a los del resto.
Pero si el foco se pone en el trabajo, nadie le gana al comercio. Las estadísticas hablan de 4 millones de ocupados, casi el 18% del total, con un volumen que supera tanto al de la industria como al de la propia administración pública.
Inevitablemente números, la serie sigue con otros que son una medida del poder de compra de los salarios y de hasta dónde dan los sueldos.
Siempre INDEC, las ventas en supermercados calculadas en precios constantes, descontada la inflación, arrojan un rojo del 3,1% entre febrero 2025 y febrero 2026: crecen menos que la nada misma. Y definitivamente un menos redondo anotan las ventas en centros de compras: rojo del 2,1% según el INDEC.
A velocidad crucero, en cambio, el aumento de la recaudación impositiva, una medida del apriete fiscal y del modo como el Gobierno banca el gasto público, ya ha entrado en zona del 60%: un 65% reportan los ingresos por el IVA entre abril del 2025 y abril del 2026. Dicen, luego, casi el doble del 32,6% que arrojó el índice de precios del mismo período: fiscalismo libertario, que le dicen.
Y aun cuando aburran o fastidien, los números tienen la costumbre de contar las cosas mejor que unas cuantas palabras, mejor, incluso, que el discurso oficial. Para el caso, la caída interanual del 2,1 al 2,6% en el estimador económico del INDEC, un anticipo del PBI, y sobre todo el desplome del 8,7% de la actividad industrial.
Obviamente queda lejos eso de “los mejores 18 meses de las últimas décadas” que pronosticó el ministro Luis Caputo, en el supuesto muy supuesto de que pudiese ser cierto. Igual a afirmar que pronto la inflación “va a tener certificado de defunción”.
Debiera saberse que no siempre a las palabras se las lleva el viento ni que sale gratis jugar con las expectativas de la gente. Al final, todo se sabe.