Malmö es una ciudad del sur de Suecia, unida por un puente con Copenhague, en Dinamarca. Tiene una iglesia del siglo XIV, un castillo del siglo XV, una escultura en bronce de un revólver con un nudo en el caño, un museo de arte moderno con obras de Picasso, Dalí y Matisse, y un rascacielos de 190 metros de altura. El Barrio San José, en tanto, pertenece a los partidos de Almirante Brown y Lomas de Zamora, en el sur pero del conurbano bonaerense.

Fundado el 12 de diciembre de 1948 en una zona que había alojado quintas y hornos de ladrillo, su nervio principal es la Avenida Eva Perón. Poco parecen tener en común esos dos puntos del planeta. Pero una historia los une: la de María Esther Ramírez, quien, luego de que su madre fuese asesinada el 15 de marzo de 1977 en ese rincón de la provincia de Buenos Aires y de pasar seis años infernales en el Hogar Casa de Belén de Banfield, se radicó en aquella ciudad sueca. Malmö. Una historia argentina (Sudamericana), de la investigadora del Conicet y docente de la Unsam Mónica Szurmuk, cuenta esa historia transoceánica.
Vicenta Orrego Mesa era paraguaya y militaba en Montoneros; había llegado al país junto a su pareja Julio Ramírez a principios de los 70, escapándose de la dictadura de Alfredo Stroessner. Primero se radicaron en Bernal, él con trabajos de albañil y ella en la atención de un almacén familiar.
El hombre llegó a ser vicepresidente de la Sociedad de Fomento, mientras que la mujer organizaba actividades culturales para los chicos del barrio, junto a sacerdotes tercermundistas. Tuvieron tres hijos: Carlos, que nació en 1971, María Esther, la protagonista de esta historia, en 1972 y Mariano en 1974.
Ese último año la familia comenzó a desintegrarse cuando la policía detuvo a Julio. Su mujer tuvo que dejar la casa de Bernal, vivió un tiempo en una casilla en Villa Itatí, al lado de una parroquia, y a comienzos de 1977 recaló en el Barrio San José, para vivir los últimos meses de su vida con sus tres hijos.
Esa madrugada de barro y neblina de marzo de 1977, un grupo de policías bonaerenses y de militares rodeó la casa en la que vivían Vicenta y sus hijos y en donde también se alojaban otros dos militantes, Jose Luis Alvarenga y Florencia Ruival. Después de un violento y largo tiroteo, ella pidió una tregua para que pudieran salir los chicos. Los policías aceptaron.
Rematada en el suelo
Salió primero María Esther y después Carlos, que sangraba porque lo había rozado una bala. Luego Vicenta dejó la vivienda con el menor, Mariano, en brazos. A los pocos instantes, un policía le pegó un tiro a ella y después la remató en el suelo con una ráfaga de ametralladora. Al nene lo apartó del cuerpo de la madre de una patada. Después siguió el enfrentamiento a balazos y murieron Ruival y Alvarenga.
Carlos, María Esther y Mariano fueron alojados en el Hogar Casa de Belén, con nombres fraguados. Malmö recorre esa etapa de la historia de los chicos, las violencias, los abusos sexuales, la indiferencia o complicidad de muchos actores. Y el rol clave y perverso de algunos personajes de la Justicia, como la jueza Martha Delia Pons, que decía que los nenes eran “hijos del diablo”.
Después de seis años en el hogar, María Esther y sus hermanos lograron irse a vivir a Suecia, adonde se había podido radicar su padre, luego de años en prisión.
El libro puede leerse como una historia de vida fragmentada, pero también, a través de capítulos hiperbreves, como una especie de bitácora del recorrido que lleva a la propia Szurmuk a reconstruir el derrotero de esa familia castigada por la represión.
En particular, aborda un tema poco explorado: las situaciones de violencia a las que fueron sometidos los hijos e hijas de víctimas de grupos de tareas, que fueron institucionalizados con identidades falsas.
Malmö, al mismo tiempo y sin edulcorar, permite ver la reconstrucción de una vida, muy lejos de la sangre del Barrio San José y de los tormentos en el internado. Sin caer en las remanidas y esquemáticas historias de superación o de resiliencia, puede asimilarse este relato verídico a un cierto renacer, pese a todo.
Ese renacimiento, como la vida misma, está salpicado de claroscuros: ya en Suecia María atraviesa su adolescencia, mientras duerme con un cuchillo bajo la almohada como herencia de los terrores del pasado, aprende sueco y lee la Odisea y la Divina Comedia en la escuela de Växjö, el pueblo donde vivía su padre, con su mujer Kerstin y sus hijos Viktor y Anahí.
El libro también reconstruye sus comienzos en la pintura, una temporada en Oslo donde atraviesa otra situación espantosa, la formación de su propia familia, su estudio como licenciada en Enfermería, su práctica de triatlón.
Trazos del juicio
Además aparecen trazos del juicio del caso Hogar Casa de Belén, que, después de larguísimas idas y vueltas, finalizó en mayo de 2023.

La sentencia condenó a perpetua por homicidio calificado a seis policías bonaerenses y a un exministro del gobierno provincial durante la dictadura, por encontrárselos responsables, entre otras muertes, de las de Vicenta, Ruival y Alvarenga.
Una pena menor recibió una exfuncionaria judicial por las irregularidades cometidas contra los hermanos Ramírez con sus identidades.
En el fallo se explicitó que en aquel hogar de Banfield los chicos fueron “sometidos a condiciones de vida inhumanas, padecieron de manera sistemática y progresiva maltratos físicos, morales, psicológicos y abusos sexuales”.
Malmö, en suma, funciona como un viaje que se sumerge en un infierno del Gran Buenos Aires, tiene una larga escala en Suecia y regresa a una Argentina contemporánea, tan distinta y tan parecida a aquella de 1977.
Malmö. Una historia argentina, de Mónica Szurmuk (Sudamericana).